sábado, 28 de marzo de 2020

Escultura griega arcaica






ESCULTURA ARCAICA (siglos VII-V a. de C.)

En la escultura griega arcaica se observa la influencia egipcia: mantiene aún los rasgos hieráticos y rígidos con composiciones estáticas y cerradas respetando la ley de frontalidad (simetría bilateral según un eje vertical).

Se creó un convencionalismo formal de la figura, que tiende a ser geométrica, con los brazos rectos y pegados al cuerpo (a excepción de las mujeres con brazos en posición oferente), la anatomía muscular marcada de forma esquemática y un pelo largo, rizado y recto con corte rectangular que enmarca unos ojos almendrados.

Los hombres están desnudos, como atletas victoriosos, con el pie izquierdo adelantado, y las mujeres vestidas con ropajes largos y con restos de policromía (vestiduras típicas griegas, el quitón, el himatión, el peplo) bajo los que asoman los pies juntos.

Ejemplo de este tipo de escultura del período preclásico griego es el Kouros del Asclepeion de Paros, con la típica sonrisa arcaica o eginética; Cleobis y Bitón; El Jinete o Caballero Rampin; el Moscóforo (portador de un ternero) Otras muestra de este periodo son las conocidas como Dama de Auxerre y la Kore del peplo.

















 















Véase este breve video:

https://www.youtube.com/watch?v=iebNVS00z1k

 

Escultura Griega del Periodo Severo

Es un periodo muy breve, de transición, que se desarrolla entre el 480 y el 450 a.C. Se conservan esculturas de frontones y metopas pero también exentas, muy relevantes y famosas:

Los Tiranicidas
Es el primer monumento público griego, fue colocado en el ágora de Atenas. El original está perdido, sólo queda una copia romana ya que se la llevaron los persas. Representa a Harmodios, el joven imberbe, y a Aristogiton, el barbado, que dieron muerte a un tirano (obra de Kritios y Nesiotes). Las figuras tienen actitud triunfal y mantienen posturas distintas y complementarias, sin tener los pies fijos en el suelo.


El Auriga de Delfos
Es la única escultura original conservada en bronce hueco. Es lo que queda de un monumento también público mandado por un hombre que ganó una carrera de caballos (falta el carro y los caballos). Los brazos están hacia delante, en actitud de sujetar las riendas. La cabeza se mantiene muy serena. Se conserva el relleno de los ojos y la plata de la boca. El pelo tiene rizos suaves y una diadema muy bien anudada.


 

El Poseidón de Artemisión
Es así llamado por el lugar donde se encontró. Se realizó hacia el 460 a.C., en bronce hueco. Es una obra llena de dinamismo. Se conserva muy bien. La figura está en el momento de lanzar el tridente. La cabeza está girando, mirando en dirección contraria a la del resto del cuerpo. El rostro está tranquilo, sereno y concentrado, y tiene barba.



Frontón del templo de Zeus en Olimpia
El frontón occidental trata el tema de la Centauromaquia, muy representado, sobre la lucha entre centauros y lapitas (en la boda de la lapita Deidamía los centauros, que estaban invitados, borrachos, intentaron raptar a las mujeres lapitas).

 

Tucídides y la peste de Atenas



Tucídides y la peste de Atenas (430 a.C.)

 

http://alvaroherasgroh.com/wp-content/uploads/2013/03/tucidides-historia-de-la-guerra-del-peloponeso-tomo3_MLA-O-3072904926_082012.jpg

«Así se celebraron los funerales en este invierno, transcurrido el cual terminó el primer año de esta guerra. Ya tan pronto como comenzó el verano, los peloponesios y sus aliados, con dos tercios de sus fuerzas, invadieron, como la primera vez, el Ática; los mandaba Arquidamo, hijo de Zeuxidamo, rey de los lacedemonios. Y después de tomar posiciones procedieron a devastar el territorio. No hacía aún muchos días que estaban en el Ática cuando comenzó a declararse por primera vez entre los atenienses la epidemia, que, según se dice, ya había hecho su aparición anteriormente en muchos sitios, concretamente en la parte de Lemnos y en otros lugares, aunque no se recordaba que se hubiese producido en ningún sitio una peste tan terrible y una tal pérdida de vidas humanas. Los médicos nada podían hacer, pues desconocían la naturaleza de la enfermedad y además fueron los primeros en tener contacto con los enfermos y, por tanto, en morir. La ciencia humana se mostró incapaz; en vano se elevaban oraciones en los templos y se dirigía ruegos a los oráculos. Finalmente, todo fue olvidado ante la fuerza de la epidemia.

Apareció por primera vez, según se dice, en Etiopía, la región situada más allá de Egipto, y luego descendió hacia Egipto y Libia y a la mayor parte del territorio del rey. En la ciudad de Atenas se presentó de repente y atacó primeramente a la población del Pireo, por lo que circuló el rumor entre sus habitantes de que los peloponesios habían echado veneno en los pozos, dado que todavía no había fuentes en la localidad. Luego llegó a la ciudad alta, y entonces la mortandad ya fue mucho mayor. Sobre esta epidemia, cada persona, tanto si es médico como si es profano, podrá exponer, sin duda, cuál fue, en su opinión, su origen probable así como las causas de tan gran cambio que a su entender, tuvieron fuerza suficiente para provocar todo el proceso. Yo, por mi parte, describiré cómo se presentaba; y los síntomas con cuya observación, en el caso de que un día sobreviniera de nuevo, se estaría en las mejores condiciones para no errar en el diagnóstico, al saber algo de antemano, también voy a mostrarlos, porque yo mismo padecí la enfermedad y vi personalmente a otros que la sufrían.

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«Plague in Athens» (Stanley Meltzoff)

Aquel año, como todo el mundo reconocía, se había visto particularmente libre de de enfermedades en lo que a otras dolencias se refiere; pero si alguien había contraído ya alguna, en todos los casos fue a parar a ésta. En los demás casos, sin embargo, sin ningún motivo que lo explicase, en plena salud y de repente, se iniciaba con una intensa sensación de calor en la cabeza y con un enrojecimiento e inflamación en los ojos; por dentro, la faringe y la lengua quedaban en seguida inyectadas, y la respiración se volvía irregular y despedía un aliento fétido. Después de estos síntomas, sobrevenían estornudos y ronquera, y en poco tiempo el mal bajaba al pecho acompañado de una tos violenta; y cuando se fijaba en el estómago, lo revolvía y venían vómitos con todas las secreciones de bilis que han sido detalladas por los médicos, y venían con un malestar terrible. A la mayor parte de los enfermos les vinieron también arcadas sin vómito que les provocaban violentos espasmos, en unos casos luego que remitían los síntomas precedentes y, en otros, mucho después. Por fuera el cuerpo no resultaba excesivamente caliente al tacto, ni tampoco estaba amarillento, sino rojizo, cárdeno y con un exantema de pequeñas ampollas y de úlceras; pero por dentro quemaba de tal modo que los enfermos no podían soportar el tacto de vestidos y lienzos muy ligeros ni estar de otra manera que desnudos, y se habrían lanzado al agua fría con el mayor placer. Y esto fue lo que en realidad hicieron, arrojándose a los pozos, muchos de los enfermos que estaban sin vigilancia, presos de una sed insaciable; pero beber más o menos daba lo mismo. Por otra parte, la imposibilidad de descansar y el insomnio los agobiaban continuamente. El cuerpo, durante todo el tiempo en que la enfermedad estaba en plena actividad, no quedaba agotado, sino que resistía inesperadamente el sufrimiento; así, o perecían, como era el caso de la mayoría, a los nueve o a los siete días, consumidos por el calor interior, quedándoles todavía algo de fuerzas, o, si conseguían superar esta crisis, la enfermedad seguía su descenso hasta el vientre, donde se producía una fuerte ulceración, a la vez que sobrevenía una diarrea si mezclar, y, por lo común, se perecía a continuación a causa de la debilidad que aquélla provocaba. El mal, después de haberse instalado primero en la cabeza, comenzando por arriba recorría todo el cuerpo, y si uno sobrevivía a sus acometidas más duras, el ataque a las extremidades era la señal que dejaba: afectaba, en efecto, a los órganos genitales y a los extremos de las manos y los pies; y muchos se salvaban con la pérdida de estas partes,y algunos incluso perdiendo los ojos. Otros, en fin, en el momento de restablecerse, fueron víctimas de una amnesia total y no sabían quiénes eran ellos mismos ni reconocían a sus allegados.

peste_greciaLa naturaleza de esta enfermedad fue tal que escapa sin duda a cualquier descripción; atacó a cada persona con más virulencia de la que puede soportar la naturaleza humana, pero sobre todo demostró que era un mal diferente a las afecciones ordinarias en el siguiente detalle: las aves y los cuadrúpedos que comen carne humana, a pesar de haber muchos cadáveres insepultos, o no se acercaban, o si los probaban perecían. Y he aquí la prueba: la desaparición de este tipo de ave fue notoria, y nos se las veía ni junto a ningún cadáver ni en ningún otro sitio; los perros, en cambio, por el hecho de vivir con el hombre, hacían más fácil la observación de los efectos.

Tal era, pues, en general el carácter de la enfermedad, dejando a un lado otros muchos aspectos extraordinarios, dado que cada caso presentaba alguna particularidad, que lo diferenciaba de otros. Y durante aquel tiempo ninguna de las enfermedades corrientes hacía sentir sus efectos, y si sobrevenía alguna, acababa en aquélla. Unos morían por falta de cuidados y otros a pesar de estar perfectamente atendidos. No se halló ni un solo remedio, por decirlo así, que se pudiera aplicar con seguridad de eficacia; pues lo que iba bien a uno a otro le resultaba perjudicial. Ninguna constitución, fuera fuerte o débil, se mostró con bastante fuerza frente al mal; éste se llevaba a todos, incluso a los que eran tratados con todo tipo de dietas. Pero lo más terrible de toda la enfermedad era el desánimo que se apoderaba de uno cuando se daba cuenta de que había contraído el mal (porque entregando al punto su espíritu a la desesperación, se abandonaban por completo sin intentar resistir), y también el hecho de que morían como ovejas al contagiarse debido a los cuidados de los unos hacia los otros: esto era sin duda lo que provocaba mayor mortandad. Porque si, por miedo, no querían visitarse los unos a los otros, morían abandonados, y muchas casas quedaban vacías por falta de alguien dispuesto a prestar sus cuidados; pero si se visitaban, perecían, sobre todo quienes de algún modo hacían gala de generosidad, pues, movidos por su sentido del honor, no tenían ningún cuidado de sí mismos entrando en casa de sus amigos cuando, al final, a los mismos familiares, vencidos por la magnitud del mal, ya no les quedaban fuerzas ni para llorar a lo que se iban. No obstante, eran los que ya habían salidos de la enfermedad quienes más se compadecían de los moribundos y de los que luchaban con el mal por conocerlo por propia experiencia y hallarse ya ellos en seguridad; la enfermedad, en efecto, no atacaba por segunda vez a la misma persona, al menos hasta el punto de resultar mortal. Así, recibían el parabién de los demás, y ellos mismos, debido a la extraordinaria alegría del momento abrigaban para el futuro la vana esperanza de que ya ninguna enfermedad podría acabar con ellos.

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«The Plague At Ashdod» (Nicolas Poussin, 1631)

En medio de sus penalidades les supuso un mayor agobio la aglomeración ocasionada por el traslado a la ciudad de las gentes del campo, y quienes más lo padecieron fueron los refugiados. En efecto, como no había casas disponibles y habitaban en barracas sofocantes debido a la época del año, la mortandad se producía en una situación de completo desorden; cuerpos de moribundos yacían unos sobre otros, y personas medio muertas se arrastraban por las calles y alrededor de todas las fuentes movidos por el deseo de agua. Los santuarios en los que se habían instalado estaban llenos de cadáveres, pues morían allí mismo; y es que ante la extrema violencia del mal, los hombres, sin saber lo que sería de ellos, se dieron al menosprecio tanto de lo divino como de lo humano. Todas las costumbres que antes observaban en los entierros fueron trastornadas y cada uno enterraba como podía. Muchos recurrieron a sepelios indecorosos debido a la falta de medios, por haber tenido ya muchas muertes en su familia; en piras ajenas, anticipándose a los que habían apilado, había quienes ponían su muerto y prendían fuego; otros, mientras otro cadáver ya estaba ardiendo, echaban encima el que ellos llevaban y se iban. También en otros aspectos la epidemia acarreó a la ciudad una mayor inmoralidad. La gente se atrevía más fácilmente a acciones con las que antes se complacían ocultamente, puesto que veían el rápido giro de los cambios de fortuna de quienes eran ricos y morían súbitamente, y de quienes antes no poseían nada y de repente se hacían con los bienes de aquellos. Así aspiraban al provecho pronto y placentero, pensando que sus vidas y sus riquezas eran igualmente efímeras. Y nadie estaba dispuesto a sufrir penalidades por un fin considerado noble, puesto que no tenía la seguridad de no perecer antes de alcanzarlo. Lo que resultaba agradable de inmediato y lo que de cualquier modo contribuía a ello, esto fue lo que lo que pasó a ser noble y útil. Ningún temor de los dioses ni de la ley humana los detenía; de una parte juzgaban que daba lo mismo honrar o no honrar a los dioses, dado que veían que todo el mundo moría igualmente, y, en cuanto a sus culpas, nadie esperaba vivir hasta el momento de celebrarse el juicio y recibir su merecido; pendía sobre sus cabezas una condena mucho más grave que ya había sido pronunciada, y antes de que les cayera encima era natural que disfrutaran un poco de la vida.

Tal era el agobio de la desgracia en que se veían sumidos los atenienses; la población moría dentro de las murallas y el país era devastado fuera. Y en medio de su infortunio, como era natural, se acordaron particularmente de este verso, que los más viejos afirmaban haber oído recitar hacía tiempo:

‘Vendrá una guerra doria y con ella una peste’

Por cierto que surgió una discusión entre la gente respecto a que la palabra usada por los antiguos en el verso no era ‘peste’, si no ‘hambre’, pero en aquellas circunstancias venció, naturalmente, la opinión de que se había dicho ‘peste’; la gente, en efecto, acomodaba su memoria al azote que padecía. Y sospecho que si después de esta un día estalla otra guerra doria y sobreviene el hambre, recitarán el verso con toda probabilidad en este sentido. También acudió a la memoria de quienes lo conocían el oráculo dado a los lacedemonios cuando habían preguntado al dios si debían emprender la guerra y éste les había respondido que, si hacían la guerra con todas sus fuerzas, la victoria sería suya, y les había prometido que él mismo les prestaría su ayuda. Suponían, pues, que los hechos se desarrollaban conforme al oráculo: la epidemia, en efecto, se había declarado así que los peloponesios habían efectuado la invasión; y no se extendió al Peloponeso, al menos de forma que valga la pena mencionar, sino que se fue cebando sobre todos en Atenas y luego en las localidades más pobladas de otras regiones. Éstos son los hechos relativos a la epidemia».

Extracto de la obra «Historia De La Guerra Del Peloponeso» (Tucídides)

 

La Peste Antonina

La peste Antonina: una peste global en el siglo II d.C
The Antonine plague: A global pestilence in the II century d.C
 
Andrés Sáez
Universidad de La Frontera, Temuco, Chile. Departamento de Ciencias Sociales.
 
Introducción
 
De acuerdo a los historiadores, el Imperio Romano experimentaba en el siglo II d.C su época de oro, con un gobierno benigno y una unidad cultural que abarcaba toda la cuenca del Mediterráneo1. No obstante aquello, entre 165 al 180 d.C estalló una peste que afectó a todo el Imperio Romano cuyas proporciones geográficas y humanas nunca antes habían sido vistas en la historia de la humanidad2. La llamada peste Antonina constituye una de las coyunturas médicas más relevantes para el devenir del mundo clásico y occidental, quizá al mismo nivel de la peste negra en el siglo XIV o la gripe española en 1918.
 
El impacto de la crisis puede ser catalogado sin duda como global desde un punto de vista geográfico. En el siglo II d.C el Imperio Romano tenía como límites en el norte a Britania, el Rhin y el Danubio, al oriente el norte de Mesopotamia, mientras que en África del norte, la cuarta catarata del Nilo en Egipto y el desierto del Sahara constituían las fronteras de un Imperio cuya población se estima cercana a los 50 millones de habitantes. El Imperio ocupaba gran parte de lo que actualmente es Inglaterra y Alemania, toda España y Portugal, Italia, Suiza, parte de Eslovaquia, República Checa, Croacia, Serbia, Montenegro, Albania, Bulgaria, Rumania, Grecia, Turquía, Siria, Armenia, Israel, Palestina, Egipto, Libia, Marruecos y Argelia (Figura 1).
 
Figura 1. El Imperio Romano en el siglo II d.C.
Fuente:
http://coursesa.matrix.msu.edu/~fisher/hst372/readings/maps/RomanEmpire.JPG.
 
Dentro de aquellos límites, en el siglo II d.C., se había consolidado el proceso de romanización por el cual los pueblos conquistados en siglos anteriores habían adquirido los principales hábitos culturales de los conquistadores romanos3. La vida en ciudades, el uso del latín o griego como lenguas comunes y oficiales, una extensa red vial de comunicaciones entre las diferentes provincias, el uso de las mismas tecnologías (baños, acueductos, arquitectura, etc.) entre otros tantos factores, llevaron a que las personas que componían el imperio se sintieran parte en mayor o menor grado de una communis patria que vivía un período de paz, estabilidad y tranquilidad, lo que se ha denominado pax romane3.
 
Se configuró así en el siglo II la idea de que el orbis terrarum, es decir, el globo terrestre era lo mismo que el orbis romanus, vale decir que la tierra civilizada era el Imperio Romano y todo lo que se encontrara dentro de sus límites; conformando una especie de mundo propio que ocupaba sin duda la mejor parte del planeta. De esta forma, cuando en el título nos referimos a una crisis global es en clara referencia a que el mundo romano para el siglo II se encontraba unificado por diferentes factores, asemejándose en cierto sentido a la globalización actual como lo ha señalado acertadamente Alejandro Bancalari4.
 
Será en dicho contexto de unidad geográfica y cultural que estallará en el año 165 una pandemia de fuertes proporciones que habría de alterar el desarrollo histórico del Imperio Romano.
 
Orígenes, difusión y características de la peste Antonina
Las fuentes que nos informan sobre la plaga son bastante fragmentarias, sobre todo las relativas a la etiología y al diagnóstico de la peste. Sin duda la fuente más relevante la constituye Galeno, quien mejoró las bases de la medicina hipocrática y cuya influencia se extenderá por todo el mundo árabe y medieval. La importancia de Galeno está dada porque presenció la epidemia al trabajar directamente con el emperador Marco Aurelio y el ejército, en el momento en que la peste alcanzaba su punto álgido en las guerras marcománicas5 (Figura 2).
 
 
Siempre de acuerdo a las fuentes, disponemos de dos posibles lugares de origen de la plaga. La versión más difundida sitúa su origen en una de las expediciones de la campaña oriental del año 165 y específicamente en la ciudad de Seleucia (actual Irak), donde un soldado habría profanado el templo de Apolo de aquella urbe al abrir un cofre, del cual habría salido un vaho pestilente. Dicha versión ha sido difundida por la Historia Augusta6 y Amiano Marcelino, ambos del siglo IV. Otra versión, hallada en un fragmento de Calpurniano Crepereyo, cuya obra está casi del todo perdida, señala que la peste se originó en Egipto siendo propagada desde allí en la medida que el grano egipcio fue llegando a diferentes lugares del Imperio7. En Roma se contó la mayor morbilidad por la concentración de población existente, se cree cercana a un millón de habitantes8.
 
Más allá del lugar exacto del origen, es posible señalar que la peste se originó en oriente y desde allí se difundió ampliamente mediante los diferentes mecanismos de interconexión imperial, sea la gran red viaria terrestre o naval, o bien del comercio a gran escala a lo largo de todo el Imperio. Sin duda el gran movimiento demográfico, sobre todo de soldados que volvían de la campaña oriental, parece haber sido el principal factor propagador. De acuerdo a la Historia Augusta, el retorno de Vero y el ejército oriental "tuvo la fatalidad, según parece, de llevar consigo la peste a todas las provincias por donde pasó hasta que llegó a Roma" 6. Hablamos de un cuerpo militar compuesto como mínimo por unas cien mil personas, carentes de servicios higiénicos adecuados, por lo que los riesgos desde el punto de vista epidémico eran más que obvios.
 
De esta forma la plaga "llena de enfermedad y muerte a todo el territorio situado entre la tierra de los persas, el Rhin y las Galias"6 o sea todo el Imperio, rememoraba Amiano Marcelino (23.6.24). La lógica de unificación del territorio romano contribuyó a una rápida difusión de la enfermedad, tal cual como pasaría hoy en día con una crisis similar a gran escala.
Los síntomas de la enfermedad fueron descritos por Galeno y han generado un debate interesante en cuanto a la determinación con exactitud de qué tipo de padecimiento se trataría. Los síntomas de la enfermedad según Galeno9 eran los siguientes: "exantemas de color negro o violáceo oscuro que después de un par de días se secan y desprenden del cuerpo, pústulas ulcerosas en todo el cuerpo, diarrea, fiebre y sentimiento de calentamiento interno por parte de los afectados, en algunos casos se presenta sangre en las deposiciones del infectado, pérdida de la voz y tos con sangre debido a llagas que aparecen en la cara y sectores cercanos, entre el noveno día de la aparición de los exantemas y el décimo segundo, la enfermedad se manifiesta con mayor violencia y es donde se produce la mayor tasa de mortalidad".
Los investigadores han descartado la peste bubónica y la fiebre tifoidea ya que en las fuentes no se aprecia la existencia de bubones en las axilas y ganglios, a su vez el sarpullido, según Galeno, se presenta siempre en la etapa de las pústulas, cuestión presente en la viruela y no en otras enfermedades; dicho síntoma unido a los otros descritos permitieron afirmar a Littman y Cunha que se trataría de una viruela de tipo hemorrágica10,11. Su difusión sin duda se debió al hecho de que se trataba de un gran conjunto humano desplazándose en sentido oriente-occidente que explicaría el alto grado de contagio y propagación geográfica de la enfermedad.
 
Los efectos de la peste en la sociedad romana del siglo II d.C.
 
Se ha estimado que en promedio la peste Antonina debió tener una mortalidad de 7 a 10% de la población imperial, es decir, habrían muerto en el Imperio Romano entre unos tres millones y medio a cinco millones de personas producto de la epidemia. Las cifras para el caso del ejército y las ciudades se estiman ligeramente superiores en torno a 13-15% de mortalidad debido a los grados de concentración y la falta de sistemas higiénicos como los actuales que hubieran ayudado a prevenir la difusión y a controlar la plaga11.
De esta forma el impacto mental, social, económico y militar de la crisis fueron importantes en el devenir del Imperio Romano sobre todo pensando que no se contaban con los medios ni el conocimiento tecnológico como los actuales como para superarla y explicarla a cabalidad. De inmediato los cadáveres fueron vistos como agentes de transmisión y no faltó quienes vieran la pandemia como un castigo de los dioses por alejarse de sus designios.
La imagen más terrible de la peste la ofrece la vida de Marco Aurelio inserta en la Historia Augusta, la que señala que en plena campaña contra los marcomanos en el Danubio "surgió una epidemia tan grande que los cadáveres se transportaron en distintos vehículos y carruajes. Los Antoninos promulgaron entonces leyes severísimas respecto a la inhumación y a las sepulturas, pues prohibieron que nadie las construyera a su gusto, reglamentación que se observa todavía hoy. Por cierto, dicha epidemia acabó con muchas miles de personas, muchas de ellas de entre los primeros ciudadanos"6. Las leyes aún se conservan en el Digesto y tratan específicamente sobre las penas para las personas que ocupaban nichos vacíos para enterrar sus deudos y los lugares donde hacerlo, pero las que más impacto tuvieron son las referentes a que el traslado de cadáveres debía hacerse con permiso de la autoridad local competente y nunca pasando por en medio de las ciudades para evitar todo posible contagio12.
 
No hubo clase social que se librara, lo que demuestra la virulencia de la pandemia, sobre todo considerando que las clases altas tenían mejores condiciones sanitarias y alimentarias. La plaga afectó a todos por igual, incluso el mismísimo emperador Marco Aurelio falleció a causa de la viruela en 180, no sin antes expresar en sus últimas palabras su preocupación por los pobres afectados por la pestilencia. Roma, la ciudad eterna, sufrió el embate con mayor dureza por la cantidad de población aglomerada y hacinada. Muchas actividades económicas tuvieron que paralizarse al nivel que se fijaron las paces con los enemigos de Roma, en las cuales se estipulaba su ingreso para establecerse como colonos para trabajar la tierra y ser soldados. En otros casos como en Hispania, Morris Silver sostiene que la plaga terminó con la labor minera ya que subió el valor de los esclavos y la mano de obra haciendo las ganancias menos rentables que antaño13 (Figura 3).
 
Figura 3. El emperador Marco Aurelio. Estatua en el Museo Capitolino.
Fotografía del autor.
 
El ejército también se resintió bastante, el reclutamiento se hizo forzoso ingresando esclavos, delincuentes, forajidos y gladiadores al ejército. Se llegó a tal punto que Roma tuvo que contratar mercenarios e inclusive utilizar fuerzas de los bárbaros aliados. Marco Aurelio "ordenó preparar para la milicia a esclavos a los que como a los «volones» dio el nombre de «voluntarios». Equipó con armas también a los gladiadores a los que llamó «complacientes». Enroló como soldados a ladrones de la Dalmacia y de la Dardania. Armó también a los «diogmitas» y compró tropas auxiliares a los germanos6. La situación debió haber sido extremadamente crítica, lo que claramente generó un clima de inestabilidad social.
 
La reacción inmediata de los romanos fue la de invocar a los dioses para superar la peste, recurriendo a ritos tradicionales inclusive caídos en desuso. Marco Aurelio, dado que entonces arreciaba aún la epidemia, restableció con gran escrupulosidad el culto a los dioses15. La culpa de la peste fue echada inclusive a los cristianos quienes aumentaban cada en día en número y eran vistos como traidores al estado romano, y con ello al culto imperial, siendo atacados y perseguidos por ello. La peste generó un contexto en el que surgían charlatanes e impostores vendiendo amuletos y otros animando a la plebe a rebelarse contra el poder establecido7.
 
El charlatán más famoso fue un falso profeta oriental llamado Alejandro que se hizo millonario vendiendo unos oráculos que protegían supuestamente a los moradores de las casas contra la pestilencia, pero como dice Luciano de Samosata, "el verso era el siguiente: Febo, el de incortable cabellera, aleja una nube de peste. Y en todas partes se podía ver el verso grabado en los portales como fármaco para rechazar la epidemia. Pero para la mayoría de las casas, las cosas salían al revés. Con la suerte de espaldas, se quedaban vacías las casas en cuyo portal estaba grabado el verso"14. La superstición era la única manera que tenían los romanos de enfrentarse -sin éxito por lo demás- a la peste, al parecer.
 
Conclusión
El impacto de la peste fue importante para la población del Imperio Romano, se perdieron vidas humanas de manera trágica, pero sobre todo puso en jaque la llamada época de oro puesto que mientras la peste cobraba su punto álgido, el Imperio enfrentaba guerras en diferentes frentes. Claramente la peste terminó por alterar la pax romana asestando un crudo golpe a la paz y estabilidad lograda.
Nos referimos a esta como una peste de carácter global en dos sentidos. Un sentido geográfico ya que la desenvoltura de movimientos y los contactos de los diferentes grupos culturales facilitó la rápida difusión de la peste a lo largo y ancho del Imperio Romano. En segundo lugar porque los impactos de la pandemia fueron globales afectando la sociedad, el sistema de creencias religiosas, el ejército y la economía del Imperio Romano.
No hubo parte del Imperio Romano que de alguna manera no se viera afectada por la epidemia, las clases dirigentes se vieron trastocadas, los pobres morían, la mano de obra y los soldados escaseaban. La coyuntura fue crítica, no para una parte del mundo solamente, sino que para esa que se sentía dentro de una sociedad y territorio común.
En el siglo II no se disponía de la misma tecnología y avances médicos actuales, lo que explica claramente los efectos de la pandemia en todo el orbis romanus. Resulta, por lo tanto, lícito reflexionar qué posible reacción podría tener nuestra sociedad, que vive en una aldea global interconectada, frente a una coyuntura similar y el impacto que esto podría tener en la economía, política y sociedad mundial actual.
 
Agradecimientos: Agradezco al profesor Joel Parra Díaz de la Universidad de La Frontera, por la revisión y conversación respecto de esta nota histórica. Este artículo ha sido escrito en el marco del Proyecto de Iniciación de la Investigación: "La Pax Antonina: Estrategia, Geografía y Pensamiento Militar durante los Flavios y Antoninos. (70-192 AD)" DIUFRO DI15-0001, de la Universidad de La Frontera, del cual el autor es responsable y agradece la posibilidad de desarrollarlo.
 
Referencias bibliográficas
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2.- Birley A. Marco Aurelio: Una biografía. Editorial Gredos, 1a edición, Madrid, 2009.         [ Links ]
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4.- Bancalari A. Orden Romano e Imperio Global, la romanización de Augusto a Caracalla. Editorial Universitaria, 1era Edición, Santiago de Chile, 2007.         [ Links ]
5.- Roberts J. Oxford dictionary of the classical World. Oxford University Press, Oxford 2007.         [ Links ]
6.- Cascón A, Picón V. Historia Augusta. Akal, 1era Edición, Madrid 1989.         [ Links ]
7.- Fraschetti A. Marco Aurelio: La miseria de la filosofía. Marcial Pons Editores, 1era edición, Madrid 2014.         [ Links ]
8.- Carcopino J. La vida cotidiana en Roma en el auge del Imperio. Ediciones Temas de Hoy, 1era Edición, Madrid 2001.         [ Links ]
9.- Marcelino A. Historias. Akal, 1era Edición, Madrid 2002.         [ Links ]
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13.- Silver M. Antonine plague and deactivation of spanish mines. Arctos, Acta Philologica Fennica 2011; 45: 133-142.         [ Links ]
14.- De Samosata L. Alejandro o el falso profeta. Gredos, 1era Edición, Madrid 1988.         [ Links ]

jueves, 12 de marzo de 2020

EJERCICIOS DE CUARENTENA EXCEPCIONAL


Ave,carissimi alumni!

Aquí os dejo las actividades que tendréis que hacer en estos días, el equivalente a los seis u ocho días lectivos (según los grupos y horas semanales) que, en principio, estaremos en esta situación. Son obligatorios y, según nos advierten, estamos obligados a revisarlos a la vuelta de esta cuarentena; deben estar, por tanto, en el cuaderno o en hojas aparte pero listas para su supervisión y nota.
Para cualquier duda, tenéis mi correo a vuestra disposición.
También,  raulcb990@gmail.com
por si la plataforma de Educamadrid se colapsa
Buenas tardes y buena suerte
¡Salud!


4º C  VESPERTINO


Nos centramos en un tema de formación de palabras, algunas lecturas y páginas de historia.

HISTORIA: resumen de las páginas 100/101 y ejercicios 1,2,3,4 de la página 102.

LECTURAS: resumen (diez líneas cada tema) de páginas

47/48/49 (Educación)

73/74/75 (Alimentación)

129/130 (Gladiadores)

FORMACIÓN DE PALABRAS: copia el esquema prefijo/significado de la página 42 y haz los ejercicios 25,26,29 y 31 de la página 43


1º BACHILLERATO A/B DIURNO /// 1º BLOQUE NOCTURNO


Ya quedamos en clase en que terminaríais la hoja de grados del adjetivo (superlativo): previa lectura de la teoría de la hoja que os adjunté, terminamos la página correspondiente de oraciones.

En este blog tecleamos en el buscador Dinastía Julio-Claudia, leemos el contenido de los 4 emperadores y realizamos en Educaplay las dos actividades que llevan ese título.

Vais preparando, además, los temas que cada uno deberá exponer desde la primera semana de incorporación.



1º BACHILLERATO D/D  GRIEGO


Ya lo dijimos en clase pero lo repito, porque hubo algunas ausencias:


Las dos VERSIONES y el TEMA de la página 32

Las  oraciones  de la VERSIÓN de la página 35

Análisis (sin traducción) de la RECAPITULACIÓN de la página 35

Por otra parte, como dijimos, tendréis tiempo de leer Ilíada/Odisea y presentar el trabajo sobre el libro respondiendo a las preguntas de las dos primeras secciones.


2º BACHILLERATO


En hojas o cuaderno copiamos los textos de EVAU  XI, X, IX, VIII y VII.

Están inmediata, y sucesivamente, en la entrada inferior a esta. Deben estar  realizados honestamente,  sin autoengaño (yo comprobaré que está hecho el análisis y la traducción: si queréis comprobar las soluciones están, ya sabéis, tras la pestaña Leer más…y podéis incorporarla en rojo, corrigiendo vuestra versión inicial, pero sin eliminarla)





domingo, 16 de junio de 2019

EVAU XI



OPCIÓN A


Tras la derrota de los belgas, César dirige sus legiones al territorio de los suesiones, pueblo galo limítrofe de los remos.



Postridie Caesar, priusquam se hostes ex terrore ac fugā reciperent, in fines Suessionum1, qui proximi Remis erant, exercitum duxit et ad oppidum Noviodunum2 contendit. Interim omnis Suessionum multitudo in oppidum proximā nocte convenit. Celeritate Romanorum permoti3, legatos ad Caesarem mittunt.

César, Gall. 2, 12, 1-4

NOTAS: 1. Suessiones, -num: los "suesiones" (uno de los pueblos de la Galia). 2.Noviodunum, -i (n.): "Novioduno" (ciudad de los suesiones). 3. permoti:participio concertado con el sujeto (implícito) de mittunt (los suesiones).



PREGUNTAS:
1) Traduzca el texto.
2) Analice morfológicamente las formas reciperent, Remis y omnis, indicandoexclusivamente en qué forma aparecen en este texto.

3)a) Indique la función sintáctica de in fines Suessionum.

b)Analice sintácticamente la oración priusquam se hostes ex terrore ac


fuga reciperent.

c)Indique la función sintáctica de celeritate.

4)a) Escriba una palabra española relacionada etimológicamente porderivación o composición (excluidos los étimos directos) con el verboconvenio, -is, -ire, -veni, -ventum, y otra con el sustantivo finis, -is. Explique sus significados.

b)Indique y describa dos cambios fonéticos experimentados por lapalabra latina exercitum en su evolución al castellano. Señale elresultado final de dicha evolución.



5)Señale dos poetas épicos y el título de una obra de cada uno de ellos