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viernes, 1 de mayo de 2020

Los emperadores Antoninos


LOS EMPERADORES ANTONINOS

Después de la dinastía Flavia, se inició una nueva era con la llegada de los emperadores Antoninos. Los cuatro primeros no tuvieron sucesión masculina y se tuvo que buscar a un sucesor, por el procedimiento de la adopción, asegurándose de que sería un emperador competente.
NERVA (96-98 d. de C.)
Es el primero de los llamados “cinco emperadores buenos”. Inauguró la dinastía Antonina tras ser designado por el Senado. Se caracterizó por ayudar a las capas menos favorecidas de la población; dividió las grandes explotaciones agrícolas en pequeñas parcelas que distribuyó entre los más pobres. Creó un fondo para pagar los funerales de los más necesitados, y una institución alimentaria para que los hijos de los indigentes fueran alimentados a cargo del Estado.
Devolvió al Senado el papel que había tenido antes de Domiciano. Consciente de que era demasiado viejo para gobernar (tenía 70 años cuando fue propuesto para el cargo), adoptó a Trajano, general prestigioso que mandaba los ejércitos del Rin.
TRAJANO (98-117 d. de C.)
Oriundo de Hispania (Italica, actual Santiponce, Sevilla) general de gran renombre, fue el último de los emperadores conquistadores. Conquistó la Dacia, tras vencer a Decébalo en dos ocasiones: en la batalla de Tapae (101 d. de C.) y en las guerras del 105-106 d. de C. Así Dacia, actual Rumanía, se convirtió en provincia romana. Llevó a cabo también campañas contra los armenios y partos, con las que el Imperio alcanzó su máxima extensión.
Como administrador civil, Trajano es conocido sobre todo por su amplio programa de construcción de edificios públicos que reformaron la ciudad de Roma y dejó numerosos monumentos perdurables como el foro de Trajano, el mercado de Trajano y la Columna Trajana.

Trajano - Wikipedia, la enciclopedia libre
Columna trajana/ Busto de Trajano. Gliptoteca de Munich
Trajano aligeró los impuestos y acuñó monedas gracias a la anexión de Dacia, rica en minas de oro. Creó una ayuda financiera para las familias pobres e incitó a los veteranos a fundar colonias, favoreciendo de esta manera la romanización del lmperio. Murió en una expedición a Cilicia, actual Turquía. Fue divinizado por el Senado.
ADRIANO (117-138 d. de C.)
Hijo adoptivo de Trajano, hizo que sus veintiún años de mandato fuese un período de paz y prosperidad. A partir de Adriano, Roma no hizo ninguna conquista. Incluso abandonó las provincias de Armenia y Mesopotamia conquistadas por Trajano en el año 116 d. de C. Asimismo, fue el primero en consolidar el limes, asegurando la integridad de las fronteras del Imperio. Hizo construir paredes de contención a lo largo del Rin, fortalezas y trincheras a lo largo del Danubio, y el llamado muro de Adriano en Britannia.
Adriano era un hombre de letras, culto, viajero, filohelénico (pasaba largas temporadas en Atenas). Dedicó prácticamente todo su tiempo a las provincias. Exceptuando los últimos años, pasó todo su reinado viajando por el Imperio, estudiando las necesidades de las regiones y de las ciudades. Hizo construir muchos monumentos y al volver a Italia ordenó que le construyeran la fastuosa Villa Adriana en Tibur, actualmente Tivoli.
Canopus vanaf serapium.jpg
Villa Adriana, Tivoli
Castillo Sant'Angelo, antes Mausoleo de Adriano.
Es famosa la relación entre Adriano y Antinoo, al que conoció en el año 120 d. de C. durante un viaje a la provincia de Asia. Antinoo murió ahogado en el Nilo y, a raíz de este suceso, el emperador erigió estatuas por todo el Imperio.

ANTONINO PÍO (138-161 d. de C)

Sucedió a Adriano, también por adopción. Fue un emperador muy popular y querido a causa de su bondad e inteligencia. Proscribió a los delatores y condenó a los funcionarios provinciales sospechosos de malversación. Suprimió muchos impuestos inútiles y redujo el ritmo de vida en la corte. Con el dinero ahorrado, mandó construir muchos edificios y reparar otros, como el faro de Alejandría.
Continuó la obra legislativa de su padre adoptivo: el Digesto, una compilación de leyes promulgadas por los mejores jurisconsultos. Promulgó también normas protectoras de los esclavos, de las mujeres y de los niños. A pesar de su política pacifista, tuvo que hacer frente a las revueltas de los judíos. Murió en el año 161 d. de C. cuando estaba en una campaña militar. Tanto él como su mujer, Faustina, fueron divinizados a su muerte.

FOTOS DE TEMPLO DE ANTONINO Y FAUSTINA. FORO ROMANO. ROMA, ITALIA ...


Templo de Antonino y Faustina. Foro Romano.

Le sucedió su yerno, Marco Aurelio, quien compartió el Imperio con su hermano adoptivo, Lucio Vero.
MARCO AURELIO (161-180 d. de C.)
El reinado de Marco Aurelio estuvo marcado por la defensa de las fronteras que empezaban a mostrar signos de debilidad: luchó contra los partos, que habían invadido la provincia romana de Siria, y contra los pueblos germánicos del Danubio (los marcomanos, una confederación de tribus), cuyas incursiones agitaron con frecuencia su reinado.
La guerra contra los partos finalizó con éxito pero la vuelta del ejército de Vero trajo consigo una plaga, conocida como la Plaga Antonina o la Plaga de Galeno (filósofo, cirujano y médico personal de Marco Aurelio), que se extendió por el Imperio romano entre 165 y 180. La enfermedad se tornó en una incontrolable pandemia, variedad de la viruela o el sarampión, en la que perecieron unos cinco millones de personas, un tercio de la población.

Marcus Aurelius Glyptothek Munich.jpg


Busto de Marco Aurelio. Gliptoteca de Munich
El emperador murió en Vindobona, la actual Viena, a donde se había desplazado para participar personalmente en la contienda germánica. Acontecimiento destacado de su reinado fue la persecución contra los cristianos, a los que consideraba una amenaza para el Imperio al poner a Jesucristo por encima del emperador (sin embargo, nunca participó personalmente pues detestaba la sangre, nunca asistía a los espectáculos del coliseo)
Estatua ecuestre de Marco Aurelio. Museos Capitolinos.

Marco Aurelio fue un emperador filósofo seguidor de las doctrinas estoicas. Escribió las Meditaciones, una especie de diario íntimo de su pensamiento con reflexiones de tipo filosófico y moral, una especie de guía para el perfeccionamiento espiritual y unas instrucciones para un gobernador al servicio del deber.
A diferencia de sus predecesores, tuvo trece hijos de su esposa Ania Galeria, conocida como Faustina la Menor. Deificado tras su muerte, sus cenizas depositadas en el Mausoleo de Adriano (actualmente Castillo de Sant´Angelo). Designó como sucesor a Cómodo, único que le quedaba vivo.
CÓMODO (180-193 d. de C.)
Hijo y sucesor de Marco Aurelio, tuvo ataques de locura y comportamientos propios de un tirano sanguinario. Estableció una serie de medidas puramente demagógicas (donaciones, distribuciones gratuitas de trigo, etc.). Es recordado, especialmente, por los juegos espectaculares que organizó. Las fuentes explican que los combates eran a veces tan numerosos que el Coliseo quedaba anegado de sangre.
Fascinado por el culto al cuerpo, bajaba en ocasiones a la arena y luchaba con animales salvajes o con gladiadores. Le gustaba representar grandes escenas de la mitología disfrazando a gente inválida de dragones o de gigantes, que mataba a la vista de todos. Tras los repetidos intentos de asesinarle, Cómodo decidió iniciar una serie de ejecuciones sistemáticas a lo largo de toda la ciudad con el objetivo de sembrar el temor entre el pueblo. Se hizo representar diversas veces vestido de Hércules, de quien se consideraba reencarnación.
Emperador megalómano, decidió designar las instituciones y los meses del calendario con su nombre. Decretó, además, que Roma pasase a llamarse Colonia Lucia Annia Cormmodiana.
Finalmente, en el año 192 Marcia, la concubina de confianza de Cómodo, instigada por conspiradores pretorianos, consiguió envenenarlo, pero lo vomitó; entonces, mientras se bañaba, enviaron al liberto Narciso, su entrenador personal, a estrangularlo. Los senadores decretaron la damnatio memoriae contra él (todas sus estatuas fueron derribadas y su nombre borrado de todos los registros públicos). Se acabó de este modo la dinastía de los Antoninos.
Como sabéis, en la película Gladiator está interpretado por Joaquin Phoenix (ahora más famoso por Joker)


Commodus Musei Capitolini MC1120.jpg


Busto de Cómodo vestido como Hércules

sábado, 28 de marzo de 2020

La Dinastía Flavia


La dinastía Flavia (69-96 d. C.)

 



Esta dinastía de emperadores sobresalió en los aspectos de la administración y la construcción. Mantuvieron protegidas las fronteras mediante campamentos militares y otorgaron derechos de ciudadanía romana a los habitantes de las provincias del imperio.


Vespasiano (69-79 d. C.)




 

Vespasiano descendía de una familia del orden ecuestre que había alcanzado el rango senatorial durante los reinados de los emperadores de la Dinastía Julio-Claudia. Designado cónsul en 51, ganó renombre como comandante militar y destacó en la invasión romana de Britania (43). Comandó junto con su hijo Tito las fuerzas romanas que hicieron frente a la revuelta de los judíos del año 66. Cuando se disponía a sitiar Jerusalén, la capital rebelde, el emperador Nerón se suicidó, sumiendo al Imperio en un año de guerras civiles conocido como el Año de los Cuatro Emperadores. Tras la rápida sucesión y muerte de Galba y Otón y el ascenso al poder de Vitelio, los ejércitos de las provincias de Egipto y Judea proclamaron emperador a Vespasiano el 1 de julio del 69. En su camino hacia el trono imperial, Vespasiano se alió con el gobernador de Siria, Cayo Licinio Muciano, quien condujo las tropas de Vespasiano contra Vitelio, mientras el propio Vespasiano tomaba el control sobre Egipto. Vitelio fue derrotado y al día siguiente Vespasiano fue proclamado emperador por el Senado.

Vespasiano y Muciano resucitaron viejos impuestos e instituyeron otros nuevos, aumentaron el tributo de las provincias y vigilaron constantemente a los funcionarios del tesoro. El siguiente proverbio latino se creó probablemente durante la introducción del impuesto por la recogida de orina: Pecunia non olet

Debido a la austeridad de la que Vespasiano hizo gala, cambió el comportamiento de la sociedad romana en diversos sentidos, aunque para algunos este aspecto se evaluaba como franca tacañería, ya que realizó pocos actos de generosidad

Poca información ha sobrevivido del reinado de Vespasiano después de sus diez años de gobierno. Destaca de su reinado el programa de reformas financieras que promovió, tan necesario tras la caída de la Dinastía Julio-Claudia, su exitosa campaña en Judea y sus ambiciosos proyectos de construcción como el Anfiteatro Flavio, conocido popularmente como el Coliseo Romano. Tras su muerte, fue sucedido en el trono por su hijo mayor, Tito.

 

Tito (79-81 d. C.)

 


 

Tito, antes de ser proclamado emperador, alcanzó prestigio como comandante militar al servir a las órdenes de su padre en Judea, durante el conflicto conocido como la Primera Guerra Judeo-Romana (67-70). Esta campaña sufrió una breve pausa después de la muerte del emperador Nerón , cuando su padre fue proclamado emperador por sus tropas. Recayó sobre Tito la responsabilidad de acabar con los judíos sediciosos, tarea que realizó de forma satisfactoria tras sitiar y destruir Jerusalén (70). Tras su llegada a la ciudad, desfiló a caballo por la ciudad, que le acogió de manera entusiasta, seguido  por sus tesoros y prisioneros de guerra. Flavio Josefo lo describe como una procesión con ingentes cantidades de oro y plata. La procesión incluía a los prisioneros de guerra y los tesoros del Templo de Jerusalén (Menorá y Pentateuco). El Arco del Triunfo de Tito, que está situado en la entrada del Foro, conmemora esta victoria.

Bajo el reinado de su padre, Tito fue mirado con recelo entre los ciudadanos de Roma debido a su servicio como prefecto del cuerpo de guardaespaldas del emperador, conocido como la Guardia Pretoriana, y también a causa de su intolerable relación con la reina Berenice de Cilicia. A pesar de estas faltas a la moral romana, Tito gobernó con gran popularidad después de la muerte de Vespasiano y es considerado como un buen emperador por Suetonio y otros historiadores contemporáneos.

Lo más importante de su reinado fue su programa de construcción de edificios públicos en Roma (Tito finalizó el anfiteatro Flavio, conocido comúnmente como el Coliseo). La enorme popularidad de Tito también se debió a su gran colaboración y generosidad con las víctimas de los desastres que sufrió el Imperio durante su breve reinado, la erupción del Vesubio en 79 d. C. (con la destrucción total de ciudades como Pompeya y Herculano) y el incendio de Roma el 80 d. C. Tras dos años en el cargo, Tito murió a causa de unas fiebres. La gran popularidad de Tito hizo que el Senado lo proclamara como dios. Tito fue sucedido por su hermano menor, Domiciano.

 

Domiciano (81-96 d.C.)







 

Su juventud y los inicios de su carrera transcurrieron a la sombra de su hermano Tito, que logró un considerable renombre militar durante las campañas de Germania y de Judea de los años 60. Al tiempo que su hermano gozó de poderes semejantes a los de su padre, él fue recompensado con honores nominales que no implicaban ninguna responsabilidad. A la muerte de su padre, Tito le sucedió pacíficamente, pero su corto reinado finalizó de forma abrupta e inesperada a su muerte por enfermedad. Al día siguiente Domiciano fue proclamado emperador por la Guardia Pretoriana, su reinado, que duraría quince años, sería el más largo desde Tiberio.
Se dirigió a la Dacia, donde el caudillo guerrero Decébalo estaba amenazando peligrosamente a Roma: no consiguió vencerlo (sí, años más tarde, Trajano) pero lo mantuvo controlado en calidad de reino cliente.
Fue asesinado en su palacio, víctima de un complot.

Desde Augusto, la mayor parte de los emperadores estimularon una falsa fachada de buenas relaciones con el Senado al tiempo que se aseguraban su reconocimiento real como monarcas. Sin embargo, Domiciano no fue muy diplomático y ya había dado muestras de su autocracia nada más ascender al trono; no gustaba de los aristócratas y no tenía miedo en manifestarlo. Su gobierno supone la total anulación del poder del Senado, pues sus decisiones se basan en los consejos de un pequeño grupo de asesores y caballeros a los que se otorgó el control de importantes magistraturas estatales. No es de extrañar que a la muerte de Domiciano los senadores de Roma se apresuraran a reunirse para aprobar una moción de damnatio memoriae (un decreto eliminaba imágenes, inscripciones, monumentos que recordasen el nombre del condenado)

Las fuentes clásicas lo describen como un tirano cruel y paranoico, entre los emperadores más odiados, al comparar su vileza con las de Calígula o Nerón. No obstante, la mayor parte de las afirmaciones sobre él tienen su origen en escritores que le fueron abiertamente hostiles: Tácito, Plinio el Joven y Suetonio. Estos hombres exageraron la crueldad del monarca al efectuar adversas comparaciones con los Cinco Buenos Emperadores que le sucedieron.

La Peste Antonina

La peste Antonina: una peste global en el siglo II d.C
The Antonine plague: A global pestilence in the II century d.C
 
Andrés Sáez
Universidad de La Frontera, Temuco, Chile. Departamento de Ciencias Sociales.
 
Introducción
 
De acuerdo a los historiadores, el Imperio Romano experimentaba en el siglo II d.C su época de oro, con un gobierno benigno y una unidad cultural que abarcaba toda la cuenca del Mediterráneo1. No obstante aquello, entre 165 al 180 d.C estalló una peste que afectó a todo el Imperio Romano cuyas proporciones geográficas y humanas nunca antes habían sido vistas en la historia de la humanidad2. La llamada peste Antonina constituye una de las coyunturas médicas más relevantes para el devenir del mundo clásico y occidental, quizá al mismo nivel de la peste negra en el siglo XIV o la gripe española en 1918.
 
El impacto de la crisis puede ser catalogado sin duda como global desde un punto de vista geográfico. En el siglo II d.C el Imperio Romano tenía como límites en el norte a Britania, el Rhin y el Danubio, al oriente el norte de Mesopotamia, mientras que en África del norte, la cuarta catarata del Nilo en Egipto y el desierto del Sahara constituían las fronteras de un Imperio cuya población se estima cercana a los 50 millones de habitantes. El Imperio ocupaba gran parte de lo que actualmente es Inglaterra y Alemania, toda España y Portugal, Italia, Suiza, parte de Eslovaquia, República Checa, Croacia, Serbia, Montenegro, Albania, Bulgaria, Rumania, Grecia, Turquía, Siria, Armenia, Israel, Palestina, Egipto, Libia, Marruecos y Argelia (Figura 1).
 
Figura 1. El Imperio Romano en el siglo II d.C.
Fuente:
http://coursesa.matrix.msu.edu/~fisher/hst372/readings/maps/RomanEmpire.JPG.
 
Dentro de aquellos límites, en el siglo II d.C., se había consolidado el proceso de romanización por el cual los pueblos conquistados en siglos anteriores habían adquirido los principales hábitos culturales de los conquistadores romanos3. La vida en ciudades, el uso del latín o griego como lenguas comunes y oficiales, una extensa red vial de comunicaciones entre las diferentes provincias, el uso de las mismas tecnologías (baños, acueductos, arquitectura, etc.) entre otros tantos factores, llevaron a que las personas que componían el imperio se sintieran parte en mayor o menor grado de una communis patria que vivía un período de paz, estabilidad y tranquilidad, lo que se ha denominado pax romane3.
 
Se configuró así en el siglo II la idea de que el orbis terrarum, es decir, el globo terrestre era lo mismo que el orbis romanus, vale decir que la tierra civilizada era el Imperio Romano y todo lo que se encontrara dentro de sus límites; conformando una especie de mundo propio que ocupaba sin duda la mejor parte del planeta. De esta forma, cuando en el título nos referimos a una crisis global es en clara referencia a que el mundo romano para el siglo II se encontraba unificado por diferentes factores, asemejándose en cierto sentido a la globalización actual como lo ha señalado acertadamente Alejandro Bancalari4.
 
Será en dicho contexto de unidad geográfica y cultural que estallará en el año 165 una pandemia de fuertes proporciones que habría de alterar el desarrollo histórico del Imperio Romano.
 
Orígenes, difusión y características de la peste Antonina
Las fuentes que nos informan sobre la plaga son bastante fragmentarias, sobre todo las relativas a la etiología y al diagnóstico de la peste. Sin duda la fuente más relevante la constituye Galeno, quien mejoró las bases de la medicina hipocrática y cuya influencia se extenderá por todo el mundo árabe y medieval. La importancia de Galeno está dada porque presenció la epidemia al trabajar directamente con el emperador Marco Aurelio y el ejército, en el momento en que la peste alcanzaba su punto álgido en las guerras marcománicas5 (Figura 2).
 
 
Siempre de acuerdo a las fuentes, disponemos de dos posibles lugares de origen de la plaga. La versión más difundida sitúa su origen en una de las expediciones de la campaña oriental del año 165 y específicamente en la ciudad de Seleucia (actual Irak), donde un soldado habría profanado el templo de Apolo de aquella urbe al abrir un cofre, del cual habría salido un vaho pestilente. Dicha versión ha sido difundida por la Historia Augusta6 y Amiano Marcelino, ambos del siglo IV. Otra versión, hallada en un fragmento de Calpurniano Crepereyo, cuya obra está casi del todo perdida, señala que la peste se originó en Egipto siendo propagada desde allí en la medida que el grano egipcio fue llegando a diferentes lugares del Imperio7. En Roma se contó la mayor morbilidad por la concentración de población existente, se cree cercana a un millón de habitantes8.
 
Más allá del lugar exacto del origen, es posible señalar que la peste se originó en oriente y desde allí se difundió ampliamente mediante los diferentes mecanismos de interconexión imperial, sea la gran red viaria terrestre o naval, o bien del comercio a gran escala a lo largo de todo el Imperio. Sin duda el gran movimiento demográfico, sobre todo de soldados que volvían de la campaña oriental, parece haber sido el principal factor propagador. De acuerdo a la Historia Augusta, el retorno de Vero y el ejército oriental "tuvo la fatalidad, según parece, de llevar consigo la peste a todas las provincias por donde pasó hasta que llegó a Roma" 6. Hablamos de un cuerpo militar compuesto como mínimo por unas cien mil personas, carentes de servicios higiénicos adecuados, por lo que los riesgos desde el punto de vista epidémico eran más que obvios.
 
De esta forma la plaga "llena de enfermedad y muerte a todo el territorio situado entre la tierra de los persas, el Rhin y las Galias"6 o sea todo el Imperio, rememoraba Amiano Marcelino (23.6.24). La lógica de unificación del territorio romano contribuyó a una rápida difusión de la enfermedad, tal cual como pasaría hoy en día con una crisis similar a gran escala.
Los síntomas de la enfermedad fueron descritos por Galeno y han generado un debate interesante en cuanto a la determinación con exactitud de qué tipo de padecimiento se trataría. Los síntomas de la enfermedad según Galeno9 eran los siguientes: "exantemas de color negro o violáceo oscuro que después de un par de días se secan y desprenden del cuerpo, pústulas ulcerosas en todo el cuerpo, diarrea, fiebre y sentimiento de calentamiento interno por parte de los afectados, en algunos casos se presenta sangre en las deposiciones del infectado, pérdida de la voz y tos con sangre debido a llagas que aparecen en la cara y sectores cercanos, entre el noveno día de la aparición de los exantemas y el décimo segundo, la enfermedad se manifiesta con mayor violencia y es donde se produce la mayor tasa de mortalidad".
Los investigadores han descartado la peste bubónica y la fiebre tifoidea ya que en las fuentes no se aprecia la existencia de bubones en las axilas y ganglios, a su vez el sarpullido, según Galeno, se presenta siempre en la etapa de las pústulas, cuestión presente en la viruela y no en otras enfermedades; dicho síntoma unido a los otros descritos permitieron afirmar a Littman y Cunha que se trataría de una viruela de tipo hemorrágica10,11. Su difusión sin duda se debió al hecho de que se trataba de un gran conjunto humano desplazándose en sentido oriente-occidente que explicaría el alto grado de contagio y propagación geográfica de la enfermedad.
 
Los efectos de la peste en la sociedad romana del siglo II d.C.
 
Se ha estimado que en promedio la peste Antonina debió tener una mortalidad de 7 a 10% de la población imperial, es decir, habrían muerto en el Imperio Romano entre unos tres millones y medio a cinco millones de personas producto de la epidemia. Las cifras para el caso del ejército y las ciudades se estiman ligeramente superiores en torno a 13-15% de mortalidad debido a los grados de concentración y la falta de sistemas higiénicos como los actuales que hubieran ayudado a prevenir la difusión y a controlar la plaga11.
De esta forma el impacto mental, social, económico y militar de la crisis fueron importantes en el devenir del Imperio Romano sobre todo pensando que no se contaban con los medios ni el conocimiento tecnológico como los actuales como para superarla y explicarla a cabalidad. De inmediato los cadáveres fueron vistos como agentes de transmisión y no faltó quienes vieran la pandemia como un castigo de los dioses por alejarse de sus designios.
La imagen más terrible de la peste la ofrece la vida de Marco Aurelio inserta en la Historia Augusta, la que señala que en plena campaña contra los marcomanos en el Danubio "surgió una epidemia tan grande que los cadáveres se transportaron en distintos vehículos y carruajes. Los Antoninos promulgaron entonces leyes severísimas respecto a la inhumación y a las sepulturas, pues prohibieron que nadie las construyera a su gusto, reglamentación que se observa todavía hoy. Por cierto, dicha epidemia acabó con muchas miles de personas, muchas de ellas de entre los primeros ciudadanos"6. Las leyes aún se conservan en el Digesto y tratan específicamente sobre las penas para las personas que ocupaban nichos vacíos para enterrar sus deudos y los lugares donde hacerlo, pero las que más impacto tuvieron son las referentes a que el traslado de cadáveres debía hacerse con permiso de la autoridad local competente y nunca pasando por en medio de las ciudades para evitar todo posible contagio12.
 
No hubo clase social que se librara, lo que demuestra la virulencia de la pandemia, sobre todo considerando que las clases altas tenían mejores condiciones sanitarias y alimentarias. La plaga afectó a todos por igual, incluso el mismísimo emperador Marco Aurelio falleció a causa de la viruela en 180, no sin antes expresar en sus últimas palabras su preocupación por los pobres afectados por la pestilencia. Roma, la ciudad eterna, sufrió el embate con mayor dureza por la cantidad de población aglomerada y hacinada. Muchas actividades económicas tuvieron que paralizarse al nivel que se fijaron las paces con los enemigos de Roma, en las cuales se estipulaba su ingreso para establecerse como colonos para trabajar la tierra y ser soldados. En otros casos como en Hispania, Morris Silver sostiene que la plaga terminó con la labor minera ya que subió el valor de los esclavos y la mano de obra haciendo las ganancias menos rentables que antaño13 (Figura 3).
 
Figura 3. El emperador Marco Aurelio. Estatua en el Museo Capitolino.
Fotografía del autor.
 
El ejército también se resintió bastante, el reclutamiento se hizo forzoso ingresando esclavos, delincuentes, forajidos y gladiadores al ejército. Se llegó a tal punto que Roma tuvo que contratar mercenarios e inclusive utilizar fuerzas de los bárbaros aliados. Marco Aurelio "ordenó preparar para la milicia a esclavos a los que como a los «volones» dio el nombre de «voluntarios». Equipó con armas también a los gladiadores a los que llamó «complacientes». Enroló como soldados a ladrones de la Dalmacia y de la Dardania. Armó también a los «diogmitas» y compró tropas auxiliares a los germanos6. La situación debió haber sido extremadamente crítica, lo que claramente generó un clima de inestabilidad social.
 
La reacción inmediata de los romanos fue la de invocar a los dioses para superar la peste, recurriendo a ritos tradicionales inclusive caídos en desuso. Marco Aurelio, dado que entonces arreciaba aún la epidemia, restableció con gran escrupulosidad el culto a los dioses15. La culpa de la peste fue echada inclusive a los cristianos quienes aumentaban cada en día en número y eran vistos como traidores al estado romano, y con ello al culto imperial, siendo atacados y perseguidos por ello. La peste generó un contexto en el que surgían charlatanes e impostores vendiendo amuletos y otros animando a la plebe a rebelarse contra el poder establecido7.
 
El charlatán más famoso fue un falso profeta oriental llamado Alejandro que se hizo millonario vendiendo unos oráculos que protegían supuestamente a los moradores de las casas contra la pestilencia, pero como dice Luciano de Samosata, "el verso era el siguiente: Febo, el de incortable cabellera, aleja una nube de peste. Y en todas partes se podía ver el verso grabado en los portales como fármaco para rechazar la epidemia. Pero para la mayoría de las casas, las cosas salían al revés. Con la suerte de espaldas, se quedaban vacías las casas en cuyo portal estaba grabado el verso"14. La superstición era la única manera que tenían los romanos de enfrentarse -sin éxito por lo demás- a la peste, al parecer.
 
Conclusión
El impacto de la peste fue importante para la población del Imperio Romano, se perdieron vidas humanas de manera trágica, pero sobre todo puso en jaque la llamada época de oro puesto que mientras la peste cobraba su punto álgido, el Imperio enfrentaba guerras en diferentes frentes. Claramente la peste terminó por alterar la pax romana asestando un crudo golpe a la paz y estabilidad lograda.
Nos referimos a esta como una peste de carácter global en dos sentidos. Un sentido geográfico ya que la desenvoltura de movimientos y los contactos de los diferentes grupos culturales facilitó la rápida difusión de la peste a lo largo y ancho del Imperio Romano. En segundo lugar porque los impactos de la pandemia fueron globales afectando la sociedad, el sistema de creencias religiosas, el ejército y la economía del Imperio Romano.
No hubo parte del Imperio Romano que de alguna manera no se viera afectada por la epidemia, las clases dirigentes se vieron trastocadas, los pobres morían, la mano de obra y los soldados escaseaban. La coyuntura fue crítica, no para una parte del mundo solamente, sino que para esa que se sentía dentro de una sociedad y territorio común.
En el siglo II no se disponía de la misma tecnología y avances médicos actuales, lo que explica claramente los efectos de la pandemia en todo el orbis romanus. Resulta, por lo tanto, lícito reflexionar qué posible reacción podría tener nuestra sociedad, que vive en una aldea global interconectada, frente a una coyuntura similar y el impacto que esto podría tener en la economía, política y sociedad mundial actual.
 
Agradecimientos: Agradezco al profesor Joel Parra Díaz de la Universidad de La Frontera, por la revisión y conversación respecto de esta nota histórica. Este artículo ha sido escrito en el marco del Proyecto de Iniciación de la Investigación: "La Pax Antonina: Estrategia, Geografía y Pensamiento Militar durante los Flavios y Antoninos. (70-192 AD)" DIUFRO DI15-0001, de la Universidad de La Frontera, del cual el autor es responsable y agradece la posibilidad de desarrollarlo.
 
Referencias bibliográficas
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sábado, 24 de marzo de 2018




Por PACO NADAL

Así hubieras visto el Partenón (y otros seis monumentos famosos) de haber hecho turismo hace 2.500 años

Conocer monumentos de la Antigüedad es una gran excusa viajera. Pero, ¿imaginas si pudieras verlos tal cual eran? Una recreación digital nos permite comparar ahora lo que vemos con lo que fue


Partenón
Vista de el Partenón, en Atenas, Grecia.

Las pirámides mayas, el Partenón, un foro romano... Conocer las grandes obras de la humanidad motiva a viajar cada año a millones de personas. El portal Expedia pidió a una empresa de animación que tratara de recrear cómo fueron esos monumentos cuando aún estaban en uso. Y el resultado es sorprendente. ¿Te los imaginabas así?
El Partenón de Atenas (Grecia)

Construido en época de Pericles para conmemorar la victoria sobre los persas, el Partenón dominaba la ciudad de Atenas desde la colina de la Acrópolis. Dentro se veneraba una colosal estatua de Atenea Partenos de 12 metros de altura. En 1687 los turcos los utilizaron como polvorín durante un asedio con tan mala fortuna que un cañonazo veneciano lo hizo saltar por los aires. Así lo verías si hubieras sido un turista de la época de Pericles (c. 495 a. C.-429 a. C.)
La pirámide de Nohuch Mul, Cobá (México)
 

 

Cobá fue una ciudad maya que floreció entre el 500 y 900 de nuestra era. Cuando llegaron los españoles Cobá estaba abandonada. No se supo de ella hasta que en el siglo XIX unos arqueólogos europeos dieron con sus ruinas comidas por la vegetación. Entre sus atractivos está la pirámide más alta del Yucatán: Nohuch Mul, 42 metros de altura a la que está permitido subir. Así era en tiempos de los mayas.
El templo de Júpiter (Italia)

Construido en honor a Júpiter, el dios del cielo y el trueno, este templo fue el principal centro religioso de Pompeya, una pequeña ciudad romana en la bahía de Nápoles. El sitio fue redescubierto en el siglo XVI, y muchos años de excavaciones han brindado a los millones de visitantes anuales una visión fascinante de la vida cotidiana de esta ciudad romana del siglo I.
Milecastle 39 sobre el Muro de Adriano (Reino Unido)

Los romanos llegaron muy lejos. Tanto como a las puertas de Escocia. Para defender las tierras del sur de lo que luego sería Reino Unido de los pictos y otros bárbaros del norte, el emperador Adriano mandó construir en el año 122 un muro de costa a costa que tenía cinco metros de alto, 80 fortines y 14 fuertes principales. Así sería uno de ellos a la vista de un legionario del siglo II.
El templo de Luxor (Egipto)

Uno de los lugares preferidos por los turistas en Egipto es este templo construido a partir del año 1500 antes de nuestra era. El gran templo de Luxor, que toma su nombre del término árabe, al-Uksur ("fortificación"), estaba dedicado al dios Amón y fue muy mejorado por las dinastías siguientes. Así era la gran puerta de entrada de pilón que daba acceso al complejo hace 35 siglos.
La pirámide del Sol de Teotihuacán (México)

Pese a su cercanía a la capital mexicana, Teotihuacán, una de las mayores ciudades prehispánicas, nada tiene que ver con los mexica porque es muy anterior. Cuando los aztecas florecieron y empezaron a moverse hacia el valle Central, Teotihuacán ya estaba en ruinas. Las mismas que –a unos 78 kilómetros al noroeste de CDMX– siguen siendo hoy destino clásico para los turistas, que llegan hasta allí para ver las grandes pirámides del Sol y la Luna y la ceremonial Calzada de los Muertos.
Area Sacra de Largo di Torre Argentina (Roma)

Largo di Torre Argentina es una plaza romana donde aparecieron restos de cuatro templos romanos de época republicana más el teatro de Pompeyo. Uno más de tantos lugares fascinantes de la capital italiana que nos transporta a tiempos pasados. Si te cuesta imaginar cómo fueron aquellos templos, aquí va la recreación del templo B, el más reciente de los cuatro.