Describir es
explicar, de manera detallada y ordenada, cómo son las personas, los lugares,
los objetos y sentimientos. La descripción sirve sobre todo para ambientar la
acción y crear una atmósfera que haga más creíbles los hechos que se narran.
Muchas veces, las descripciones contribuyen a detener la acción y preparar el
escenario de los hechos que siguen.
Según
el punto de vista o la actitud ante el objeto puede haber:
Descripción denotativa u objetiva: El
emisor informa sobre las características de lo descrito, intentando ajustarse a
la realidad, de forma imparcial, precisa,
y sin realizar valoraciones personales. Es propia de los textos
científicos y técnicos. Tiene una finalidad informativa: pretende mostrar la
realidad tal como es, puesto que es
imprescindible la precisión. Se encuentra en enciclopedias, diccionarios,
manuales, prospectos….
Descripción connotativa o subjetiva: El
emisor da su visión particular sobre lo que describe, escogiendo los rasgos que
más le interesan, dejándose llevar por los sentimientos y añadiendo las
impresiones o emociones que esos rasgos
le producen. Pretende crear belleza por medio de las palabras. Suele utilizar
un lenguaje poético, con abundancia de figuras retóricas (en especial símil y
metáfora).
Según el objeto suele hablarse de:
Topografía: Es
una descripción realizada de un punto fijo, sin que el descriptor este en
movimiento al momento de realizar la descripción. Incluye la descripción de los
paisajes.
Zoografía: Es la
descripción de todo tipo de animales.
Cronografía: Es la
descripción de la época en la que se realiza un hecho o sucede una acción. Hay alusiones
a personajes, hechos, costumbres, vestidos, herramientas...
Descripción de personas (caracterización)
Prosopografía:
describe los rasgos y características físicas de una persona, la cara, la
complexión, la ropa, los gestos, la voz...
Etopeya: Es la que describe los
rasgos morales y psicológicos de una persona, la forma de ser, el carácter,
cualidades, defectos, costumbres.
Retrato: Es cuando se combinan
la prosopografía y la etopeya.
Autorretrato: Es
cuando la misma persona realiza su retrato (se describe a sí misma).
Caricatura: Es
cuando se exageran los rasgos más llamativos o se acentúan los rasgos físicos o
morales de una persona con intención satírica o burlesca.
Sugerencias para hacer descripciones físicas:
CARA: ancha, rolliza, amplia, afligida, cuadrada,
desconfiada, chupada, dulce, dura, castigada, confiada, endurecida, curtida,
triste, expresiva, fina, franca, fresca, jovial, larga, serena, llena, delgada,
redonda, salvaje, seca, simpática, tranquila...
FRENTE: amplia, arrugada, baja, estrecha, inteligente,
lisa, abombada...
OJOS: ausentes, bajos,
azulados, concentrados, despiertos, duros, movedizos, fugitivos, impenetrables,
inexpresivos, intensos, lagrimosos, maliciosos, muertos, negrísimos, soñadores,
turbios, tristes, vivos...
NARIZ: aguileña, chata, amplia, redonda, fina, larga,
puntiaguda, recta, torcida...
BOCA: fina, fresca, grande, dura, firme, pequeña, redonda,
besucona, torcida...
CUELLO: corto, fino, grueso, largo, elegante,
estilizado...
DIENTES: alineados, blancos, amarillentos, torcidos,
desiguales...
LABIOS: blanquecinos, estrechos, finos, grandes,
herméticos, delgados, voluptuosos, sensuales...
MEJILLAS: rollizas, caídas, deshinchadas, hinchadas,
redondas, duras, chupada...
CEJAS: arqueadas, espesas, gruesas, juntas, delgadas,
separadas...
OREJAS: grandes, largas, redondas, pequeñas...
MANOS: ágiles, blancas, cálidas, rugosas, delicadas,
finas, torpes, firmes, sensibles...
PIERNAS: delgadas, gruesas, enclenques, flacas,
rechonchas, robustas...
COLOR: pálido, rosado,
albino, moreno, pelirrojo, ceniza, amarillento, blanquecino, aceitoso, bronceado,
tostado, aceitunado, oscuro...
CABELLOS: brillantes, sucios, castaños, rubios, rizados,
lacios, finos, sedosos, grasos, ondulados, desordenados, ásperos,..
ASPECTO GENERAL: alto, atlético, bajo,
robusto, corpulento, ligero, esbelto, delgaducho, nervioso, débil, deportivo,
joven, canijo, torpe, maduro, meticuloso, barrigudo, flaco, delgado, viejo,
sano, macizo,..
INDUMENTARIA: chillona,
abandonada, discreta, elegante, fea, sofisticada...
Sugerencias para etopeya:
Trabajador, amable, simpático, inteligente, lista, despierto,
sincero, respetuosa, altruista, desprendido, locuaz, valiente, despierto,
noble, capaz, tranquilo, perspicaz, afable, risueño,
divertido, sencillo, bueno, sabio, elocuente, ordenado, magnífico,
apasionado, fantástica, ecuánime, justa, decidida, obediente, vivo,
aventurero, fuerte, fiel, meticuloso, colaborador, puntual, creativo, cortés,
respetuoso, atento, desinteresada, generoso, cordial, feliz, legal,
ejemplar, compasiva, humilde, tierno, coherente, imaginativo, considerada,
especial, deportivo, consecuente, participativa, luchadora, franco,
abierta, cordial, inquieta, astuta, desenvuelto,
comunicativa, formal, comprensiva, comprometido, ordenada,
madura, cauto, madura, sentimental, indulgente, solidaria,
desenfadada, franca, activa, afortunada, extraordinaria, honesta,
transparente, vivaz, cariñoso, cautivador, franco, serio,
callada, justo, correcta, discreto, exigente, sensato, sereno,
responsable, entusiasta, efusiva, serena, audaz, espiritual, atractiva, apacible, cálida,
solícita, cuidadosa,
eficiente, directa...
Propuestas a modo de ejemplos
1)
El desván era
grande y oscuro. Olía a polvo y naftalina. No se oía ningún ruido, salvo el
suave tamborileo de la lluvia sobre las planchas de cobre del gigantesco tejado.
Fuertes vigas, ennegrecidas por el tiempo, salían a intervalos regulares del
entarimado, uniéndose arriba a otras vigas del armazón del tejado y
perdiéndose en algún lado de la oscuridad. Aquí y allá colgaban telas de araña,
grandes como hamacas, que se columpiaban suave y fantasmalmente en el aire. De
lo alto, donde había un tragaluz, bajaba un resplandor lechoso.
La única cosa
viva en aquel entorno, en donde el tiempo parecía detenerse, era un ratoncito
que saltaba sobre el entarimado, dejando en el polvo huellas diminutas. Allí
donde la colita le arrastraba, quedaba entre las impresiones de sus patas una
raya delgada. De pronto se enderezó y escuchó. Y luego —¡hush!— desapareció en
un agujero de las tablas.
Se oyó el ruido
de una llave en la gran cerradura. La puerta del desván se abrió despacio y
rechinando y, por un instante, una larga franja de luz atravesó el cuarto.
Bastián se metió dentro y cerró luego empujando la puerta, que rechinó otra
vez. Metió una gran llave en la cerradura y la hizo girar. Luego echó además el
cerrojo y dio un suspiro de alivio. Ahora sí que no podrían encontrarlo.
Nadie lo buscaría allí. Sólo muy raras veces venía alguien -¡de eso estaba seguro!-
e, incluso, si la casualidad quería que precisamente hoy o mañana alguien tuviera
que hacer algo allí, quien fuera se encontraría con la puerta cerrada. Y la
llave no estaría. En el caso de que, a pesar de todo, abrieran la puerta,
Bastián tendría tiempo suficiente para esconderse entre los cachivaches.
Poco a poco,
sus ojos se iban acostumbrando a la penumbra. Conocía el lugar.
Seis meses antes, el portero del
colegio le había pedido que lo ayudase a transportar un gran cesto de ropa
lleno de viejos formularios y papeles que había que dejar en el desván.
Entonces Bastián había visto dónde guardaban la llave de la puerta: en un
armario que había en la pared, junto al tramo superior de la escalera. Desde
entonces no había vuelto a pensar en ello. Pero ahora se había acordado otra
vez.
Bastián comenzó
a tiritar, porque tenía el abrigo empapado y allí arriba hacía mucho frío. Por
de pronto, tenía que buscar un lugar en donde ponerse un poco más cómodo. Al
fin y al cabo, tendría que estar allí mucho tiempo. Cuánto... En eso no quería
pensar de momento, ni tampoco en que pronto tendría hambre y sed.
Anduvo
un poco por allí.
Había toda clase de trastos, tumbados o
de pie; estantes llenos de archivadores y de legajos no utilizados hacía
tiempo, pupitres manchados de tinta y amontonados, un bastidor del que colgaba
una docena de mapas antiguos, varias pizarras con la capa negra desconchada,
estufas de hierro oxidadas, aparatos gimnásticos inservibles, balones
medicinales pinchados y un montón de colchonetas de gimnasia viejas y manchadas,
amén de algunos animales disecados, medio comidos por la polilla, entre ellos
una gran lechuza, un águila real y un zorro, toda clase de retortas y probetas
rajadas, una máquina electrostática, un esqueleto humano que colgaba de una
especie de armario de ropa, y muchas cajas y cajones llenos de viejos cuadernos
y libros escolares. Bastián se decidió finalmente a hacer habitable el montón
de colchonetas viejas. Cuando uno se echaba encima, se sentía casi como en un
sofá. Las arrastró hasta debajo del tragaluz, donde la claridad era mayor.
Cerca había, apiladas, unas mantas militares de color gris, desde luego muy
polvorientas y rotas, pero plenamente aprovechables. Bastián las cogió. Se
quitó el abrigo mojado y lo colgó junto al esqueleto en el ropero. El esqueleto
se columpió un poco, pero a Bastián no le daba miedo. Quizá porque estaba acostumbrado
a ver en su casa cosas parecidas. Se quitó también las botas empapadas. En
calcetines, se sentó al estilo árabe sobre las colchonetas y, como un indio, se
echó las mantas grises por los hombros. Junto a él tenía su cartera... y el
libro de color cobre.
Pensó que los
otros, en la clase de abajo, debían de estar dando precisamente Lengua. Quizá
tuvieran que escribir una redacción sobre algún tema aburridísimo.
Bastián miró el
libro.
«Me gustaría
saber», se dijo, «qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado.
Naturalmente,
dentro hay sólo letras impresas sobre el papel, pero sin embargo... Algo debe
de pasar, porque cuando lo abro aparece de pronto una historia entera. Dentro
hay personas que no conozco todavía, y todas las aventuras, hazañas y peleas
posibles... y a veces se producen tormentas en el mar o se llega a países o
ciudades exóticos. Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que
leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué
modo».
Y de pronto sintió
que el momento era casi solemne. Se sentó derecho, cogió el libro, lo abrió por
la primera página y comenzó a leer...
2)
Su piel
amarillenta apenas cubría la red de músculos y vasos sanguíneos. Su cabello era
largo y sedoso, sus dientes muy blancos, pero todo ello no lograba más que
realzar el horror de los ojos vidriosos, cuyo color podía confundirse con el de
las pálidas órbitas en las que estaban profundamente hundidos, lo que
contrastaba con la arrugada piel del rostro y la rectilínea boca de negruzcos
labios.
3)
Hay una
mujer gordísima en el centro de este cuadro que está bailando. Tiene el pelo
largo, oscuro y liso. La proporción de esta mujer es muy rara porque tiene una
cabeza gorda, una forma gordísima, los muslos gordos pero sus pies son
pequeños. La mujer está llevando una camiseta blanca, los pantalones ajustados
y blancos, los zapatos pequeños y violetas. En su oreja, tiene un arete violeta
y en su pelo, hay una rosa violeta también. Ella pone su mano derecho encima de
su pelo y levanta su pierna derecha arriba casi cerca de su cabeza. Pone su
mano izquierda en el poste detrás de su cuerpo para soporte. Detrás de esta
mujer, hay un espejo que reflecta la espalda y la forma de su postura. Detrás
de la mujer y a la izquierda, hay una puerta con una cortina violeta. Es
posible que esté en estudio de danza porque la pintura parece el ambiente de la
paz para bailar.
4)
El halcón Altura: 40-50 centímetros. Peso: 600-1000 gramos. Ala: 30-37 centímetros.
Envergadura: 800-110 centímetros. Pico: 18-22 milímetros. Cola: 12-16
centímetros. Alimentación: palomas (40%), estorninos, alondras y pájaros
esteparios (30%), córvidos (8%), perdices y tórtolas (10%) y otras aves (12%).
Puesta Número de huevos: entre dos y seis. Tamaño: 53 x 41 milímetros.
Incubación: 29 días Permanencia en el nido: 40 días. Otras características:
cuando caza, puede alcanzar velocidades de más de 300 km/h.
5)
Esta
prenda ha sido diseñada y confeccionada para darle completa satisfacción. Tiene
dos piezas: una camiseta de manga corta, con cuello tunecino (abertura frontal
con tres botones), estampado a rayas blancas y marrones; y pantalón corto
marrón. Composición 47% poliéster, 53% algodón. Recomendaciones: Es conveniente
lavarlo con agua tibia que no supere los 30º de temperatura y jabón neutro.
Debe aclararse seguidamente y escurrirse. Un cuidado adecuado prolongará la
vida de la prenda.
6)
Un airbag
es una bolsa de aire que se infla automáticamente en milésimas de segundo en
caso de accidente. Para que el airbag resulte efectivo, lo primero que hay que
hacer es llevar el cinturón de seguridad correctamente puesto, lo que permite
retener el cuerpo el tiempo suficiente para que se despliegue la bolsa y
acortar el desplazamiento del cuerpo, complementando la acción del cinturón.
Los airbags frontales quedan ocultos en el volante, frente al conductor, y en
el salpicadero, frente al acompañante. Protegen la cabeza y el tórax en caso de
choque de frente. Los airbags laterales, situados en el lateral de los asientos
o en el guarnecido de las puertas, protegen sobre todo el tórax en caso de
golpe lateral y algunos la cabeza. Si el vehículo lleva incorporado airbag para
el asiento del acompañante, ningún niño debe ocupar nunca dicha plaza, porque
la bolsa de aire podría causarle lesiones de importancia. Esto es especialmente
importante en el caso de bebés que viajan en sillas orientadas en sentido
contrario de la marcha.
7)
Otli
tenía el pelo corto y erizado, rojo como una zanahoria, y las orejas gachas de
soplillo. Era delgado y alto con la piel llena de pecas. Pero éstas no eran los
graciosos puntitos que con frecuencia caen tan bien en las narices respingonas
de las chicas. Otli tenía todo el cuero blanco y marrón como un perro
foxterrier; como si se hubiese puesto cerca de un pintor que pulverizase de
marrón una pared blanca. Dos de sus manchas causaban verdadero asombro. Una en
el carrillo izquierdo, que parecía África, hasta con El Cairo y el cabo de
Buena Esperanza. Otra junto al ombligo, a la derecha, del tamaño de la uña del
pulgar, en forma de corazón y con un pequeño tallo arriba, en el centro. Igual
que el as de picas de la baraja francesa.
8)
El señor
Wonka abrió la puerta. Cinco niños y nueve adultos se apresuraron a entrar y,
¡qué espectáculo más asombroso se presentó ante sus ojos! Lo que veían desde
allí arriba era un magnífico valle. Había verdes colinas a ambos lados del
valle, y en el fondo del mismo fluía un ancho río de color marrón. Es más,
había una enorme cascada en el río, un escarpado acantilado sobre el que el
agua rodaba y ondulaba en una sólida capa, y luego se estrellaba en un
hirviente, espumoso remolino de salpicaduras. Debajo de la cascada (y éste era
el espectáculo más maravilloso de todos) una masa de enormes tubos de vidrio
colgaba sobre el río desde algún sitio del techo, a gran altura. Eran realmente
enormes estos tubos. Debía haber al menos una docena, y lo que hacían era
succionar el agua oscura y barrosa del río para llevársela a Dios sabe dónde. Y
como estaban hechos de vidrio, podía verse fluir el líquido a borbotones en su
interior, y por encima del ruido de la cascada podía oírse el interminable
sonido de succión de los tubos a medida que hacían su trabajo.
9)
Ante mí
se hallaba un caballero anciano, recién afeitado, excepto un bigote
blanquecino, ataviado de negro de pies a cabeza, sin la menor sombra de color
en parte alguna… Sus orejas eran pálidas, terminando en punta por arriba… Las
espesas cejas se juntaban casi encima de la nariz, y sus pelos daban la
impresión de enmarcarla, tan largos y espesos eran… La boca tenía una expresión
cruel y los dientes eran extraordinariamente puntiagudos, avanzado de manera
muy prominente sobre los labios… Sus manos eran muy groseras, anchas, con dedos
cortos y gruesos. Y por muy extraño que parezca, el centro de las palmas estaba
cubierto de vello… Su semblante producía la sensación de un palidez
sorprendente.
10)
LA
PONCIA.- (A voces) ¡Ya viene! (A la criada.) Limpia bien todo. Si Bernarda no
ve relucientes las cosas, me arrancará los pocos pelos que me quedan. CRIADA.-
¡Qué mujer! LA PONCIA.- Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse
encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre
esa sonrisa fría que lleva en su maldita cara. ¡Limpia, limpia ese vidriado!
CRIADA.- Sangre en las manos tengo de fregarlo todo. LA PONCIA.- Ella, la más
aseada; ella, la más decente; ella, la más alta. Buen descanso ganó su pobre
marido. Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba LA PONCIA.- (A voces)
¡Ya viene! (A la criada.) Limpia bien todo. Si Bernarda no ve relucientes las
cosas, me arrancará los pocos pelos que me quedan. CRIADA.- ¡Qué mujer! LA
PONCIA.- Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse encima de tu
corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esa sonrisa
fría que lleva en su maldita cara. ¡Limpia, limpia ese vidriado! CRIADA.-
Sangre en las manos tengo de fregarlo todo. LA PONCIA.- Ella, la más aseada;
ella, la más decente; ella, la más alta. Buen descanso ganó su pobre marido.
11)
Alto,
enjuto, barbudo y noblemente mutilado como un héroe antiguo; arcaico en la
figura y en el indumento, con sus grandes y redondas lentes quevedescas, su
gran chambergo y sus largas melenas entre apicaradas y místicas; fanfarrón y
sencillo, pagano por el apetito, cristiano por la belleza y el hastío; como un
gallego, astuto; donairoso y ceceante, como un andaluz; mezcla, en la traza
física, de peregrino penitente y de soldado trashumante aún no incorporado a su
tercio; altivo como un mayorazgo y humilde a veces como un monje de órdenes
menores; maldiciente y mordaz como un contertulio de los antiguos mentideros;
con un inevitable recuerdo de Quevedo por la cortante lengua, y de Cervantes por
el común defecto, origen en ambos de más noble apostura.
12)
Las
ciudades importantes como Madrid o Sevilla hormigueaban de buscavidas y ociosos
con sonante en la faltriquera dispuestos a reunirse en torno a la
desencuadernada, que eran como llamaban al mazo de naipes, o a Juan Tarafe, mal
nombre que bautizaba los dados. Jugaba todo el mundo, vulgo y nobleza, señores
y pícaros, y hasta las damas, que aunque en casas como en Juan Vicuña no eran
admitidas, resultaban también asiduas de los garitos, tan versadas en bastos,
malillas y puntos como el que más. Y cual es de imaginar en gente violenta,
orgullosa y de acero fácil como éramos, y somos, excuso añadir que, muy a
menudo, los lances de juego terminaban con un voto a Dios y una buena sarta de
cuchilladas.