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viernes, 1 de mayo de 2020

Alejandro Magno


Alejandro Magno Μέγας Αλέξανδρος

Alejandro III de Macedonia (Pella, Macedonia, 356 a.C. - Babilonia, 323 a.C.), hijo de Olimpia y Filipo. Rey de Macedonia cuyas conquistas y extraordinarias dotes militares le permitieron forjar, en menos de diez años, un imperio que se extendía desde Grecia y Egipto hasta la India. Su valoración, tanto en la cultura de Oriente como en la de Occidente, oscila entre su consideración como el conquistador más heroico o un tirano megalómano. Alejandro fue un gran amante de las artes. Era consciente del poder de propaganda que puede tener el arte y supo muy bien controlar la reproducción de su efigie, cuya realización solo autorizó a tres artistas: el célebre escultor Lisipo, un orfebre y un pintor, el jonio Apeles.

Alejandro Magno busto - Archivos de la Historia | Tu página de ...
Busto de Alejandro Magno
Su padre, el monarca Filipo II de Macedonia, había convertido esta región, escasamente helenizada, en un poderoso reino que ejercía una pujante hegemonía sobre las ciudades-estado griegas. Filipo II había preparado a su hijo para gobernar, proporcionándole una experiencia militar y encomendando su formación intelectual a Aristóteles (al que nunca dejó de enviar exóticas muestras botánicas y zoológicas desde sus expediciones), quien despertó en el joven Alejandro su admiración por la cultura griega y las antiguas epopeyas, particularmente por la Ilíada de Homero, que siempre tenía bajo su almohada, con una especial idolatría hacia Aquiles. Habiendo ya acreditado su valor y pericia en el campo de batalla (participó en la batalla de Queronea (Beocia), contra una alianza tebano-ateniense, dirigiendo la caballería, Alejandro sucedió con sólo veinte años a su padre, asesinado en el año 336 a.C.
Alejandro Magno dedicó los primeros años de su reinado a imponer su autoridad sobre los pueblos sometidos a Macedonia, que habían aprovechado la muerte de Filipo para rebelarse. Y enseguida (en el 334) cruzó el Helesponto (hizo una breve parada en Troya para honrar a Aquiles) y lanzó su ejército contra el poderoso y extenso Imperio Persa o Aqueménida, fundado dos siglos antes por Ciro el Grande (579-530 a.C.), continuando así la empresa que su padre había iniciado poco antes de morir: una guerra de venganza de los griegos (bajo el liderazgo de Macedonia) contra los persas.
Con un ejército pequeño (unos 30.000 infantes y 5.000 jinetes), Alejandro Magno se impuso invariablemente sobre sus enemigos, merced a su excelente organización y adiestramiento, así como al valor y al genio estratégico que demostró; las innovaciones militares introducidas por Filipo II (como la táctica de la línea oblicua) suministraban ventajas adicionales, haciendo de la falange macedónica, con su núcleo de infantería pesada provisto de la sarisa, lanza de más de siete metros de largo, una máquina prácticamente invencible.

Alejandro Magno en la batalla de Issos
(detalle de un mosaico hallado en Pompeya)
Alejandro recorrió victorioso el Asia Menor (batalla de Gránico, 334), Siria (Issos, 333, en la que capturó a la familia de Darío III y la trató con extrema cortesía _llegó a casarse con la princesa Estatira o Barsine), Fenicia (asedio de Tiro, 332), Egipto (famosa es su travesía del desierto hasta el oasis de Siwa para visitar el oráculo de Ammón) y Mesopotamia (Gaugamela, 331, a orillas del Tigris, cerca de Bagdad, batalla muy estudiada por expertos militares por su asombrosa estrategia), hasta tomar las capitales persas de Susa (331) y Persépolis (330). El último rey persa, Darío III, fue asesinado (Alejandro le rindió un homenaje regio) por uno de sus sátrapas o gobernadores provinciales, Bessos, para evitar que se rindiera. Bessos continuó la resistencia contra Alejandro en el Irán oriental.
Una vez conquistada la capital de los persas, Alejandro licenció a las tropas griegas que le habían acompañado durante la campaña y se hizo proclamar emperador, relevando a la dinastía aqueménida. Enseguida lanzó nuevas campañas de conquista hacia el este: derrotó y dio muerte a Bessos y sometió Partia, Aria, Drangiana, Aracosia, Bactriana y Sogdiana.
Biografia de Alejandro Magno

Las campañas de Alejandro Magno
En sus treinta y dos años de vida, su Imperio se extendió desde Grecia, hasta el valle del Indo por el Este, incluyendo Egipto donde fundó la ciudad de Alejandría. Fundador prolífico de ciudades, esta ciudad egipcia habría de ser con mucho la más famosa de todas las Alejandrías fundadas por el también faraón Alejandro. De las setenta ciudades que fundó, cincuenta de ellas llevaban su nombre.
Dueño del Asia central y del actual Afganistán, Alejandro Magno se lanzó a conquistar la India (327-325), albergando ya un proyecto de dominación mundial. Para ello atravesó la cordillera del Hindu-Kush pero, aunque incorporó la parte occidental de la India (tras la derrota del rey Poros a orillas del río Hidaspes; allí fundó Bucéfala, en honor a su caballo), hubo de renunciar a continuar avanzando hacia el este por el amotinamiento de sus tropas, agotadas por tan larga sucesión de conquistas y batallas.
Con la conquista del Imperio Persa, Alejandro descubrió el grado de civilización de los orientales, a los que antes había tenido por bárbaros. Concibió entonces la idea de unificar a los griegos con los persas en un único imperio en el que convivieran bajo una cultura de síntesis incluyendo la fusión étnica y la adopción de ceremonias orientales como la proskynesis, una genuflexión ritual de saludo al soberano (esto ocasionó una disputa con uno de sus generales, Clito, que se resolvió con la muerte de éste). Para ello integró un gran contingente de soldados persas en su ejército, organizó en Susa la «boda de Oriente con Occidente» (matrimonio simultáneo de miles de macedonios con mujeres persas) y él mismo se casó una princesa de Sogdiana, Roxana.
La reorganización de aquel gran Imperio se inició con la unificación monetaria, que abrió las puertas a la creación de un mercado inmenso; se impulsó el desarrollo comercial con expediciones geográficas como la mandada por Nearcos, cuya flota descendió por el Indo y remontó la costa persa del Índico y del golfo Pérsico hasta la desembocadura del Tigris y el Éufrates. También se construyeron carreteras y canales de riego. La fusión cultural se hizo en torno a la imposición del griego como lengua común (koiné), idioma internacional. Al amparo de la actividad comercial de las grandes urbes cosmopolitas del período helenístico (Alejandría, Pérgamo, Antioquía…) progresan la ciencia, la filosofía, las artes. En Alejandría, por ejemplo, desarrollan su labor el matemático Euclides, el astrónomo Aristarco, el geógrafo Eratóstenes, los poetas Teócrito y Calímaco, el pintor Apeles.
Alejandro Magno y bucefalo | Alejandro magno, Historia griega ...
Alejandro sobre Bucéfalo alzando a Niké. Pella. Macedonia.
La temprana muerte de Alejandro a los 33 años, víctima del paludismo (pero en circunstancias oscuras pues hay evidencias de un lento envenenamiento), le impidió consolidar el imperio que había creado y relanzar sus conquistas; de hecho, el imperio de Alejandro Magno apenas sobrevivió a la muerte de su creador. Se desencadenaron luchas sucesorias en las que murieron las esposas e hijos de Alejandro, hasta que el imperio quedó repartido entre sus generales (los diádocos): Seleuco, Ptolomeo, Antígono, Lisímaco y Casandro. Ptolomeo inició en Egipto una dinastía destinada a prolongarse hasta los tiempos de la célebre Cleopatra. Los Estados resultantes fueron los llamados reinos helenísticos, que mantuvieron durante los siglos siguientes el ideal de Alejandro de trasladar la cultura griega a Oriente, al tiempo que insensiblemente dejaban penetrar las culturas orientales en el Mediterráneo.


sábado, 28 de marzo de 2020

Repaso 1ª, 2ª, 3ª declinación griegas


Declina los siguientes sintagmas (artículo, adjetivo, sustantivo)

 

ἡ μαρμαρεία κλίμαξ, -κος

τὸ ἐρυθρὸν αἷμα, -ατος

τὸ λευκὸν γάλα, γάλακτος

ὁ νοσερὸς γέρων, -οντος

ἡ μαλακὴ χιών

ὁ ἐρυθρὸς οἶνος 

τὸ ὠχρὸν πρόσωπον

ὁ σχολαῖος μαθητής

ἡ γλαυκὴ θάλασσα 

ὁ ἔρημος τόπος

 

 

Analiza (y traduce, pero no es obligatorio)

 

1. Ἡ τῆς γεωργίας ἐπιμέλεια ἡδυπάθειά ἐστιν.

 

 

 

2. Ἡ τῶν κοινῶν ἐπιμέλεια οὐκ ἐμπορία, ἀλλὰ

 

λειτουργὶα ἐστίν.

 

 

3. Αἱ τῶν πολιτειῶν ἰδέαι τρεῖς εἰσί· ὀλιγαρχία, δημοκρατία,

 

μοναρχία.

 

 

4. Ἐν τῇ τῆς θεᾶς βοηθείᾳ ἡ τῆς στρατιᾶς σωτηρία

 

ἐστίν.

 

 

5. Ἐν τῇ ἐρημίᾳ πολλάκις τὴν ἀσφάλειαν εὑρισκομεν

 

 

6. Τῆς ψυχῆς δέσποιναι αἱ ἡδοναί εἰσιν.

 

 

7. Τὴν κεφαλὴν δάφναις στεφανοῦσι.

 

 

8. Ἐν τῇ ὕλη βαθεῖα ἦν ἡ σιγή.

 

 

9. Τὴν ψυχὴν σωφροσύνη καὶ δικαιοσύνη καὶ ἀνδρία

 

καὶ ἐλευθερία καὶ ἀλήθεια κοσμοῦσι.

 

 

10. Μαραίνει ὁ χρόνος τὴν χάριν

 

11. ἐν τῆ σκοτεινῆ νυκτί τοῦ στρατοπέδου πυρὰ  ἔλαμπον.

 

 

12. Θηρεύουσι τοῖς μὲν κυσὶ τοὺς λαγὼς οἱ κυνηγέται, τοὶς δ᾿

 

ἐπαίνοις τοὺς ἀνοήτους οἱ κόλακες.

Tucídides y la peste de Atenas



Tucídides y la peste de Atenas (430 a.C.)

 

http://alvaroherasgroh.com/wp-content/uploads/2013/03/tucidides-historia-de-la-guerra-del-peloponeso-tomo3_MLA-O-3072904926_082012.jpg

«Así se celebraron los funerales en este invierno, transcurrido el cual terminó el primer año de esta guerra. Ya tan pronto como comenzó el verano, los peloponesios y sus aliados, con dos tercios de sus fuerzas, invadieron, como la primera vez, el Ática; los mandaba Arquidamo, hijo de Zeuxidamo, rey de los lacedemonios. Y después de tomar posiciones procedieron a devastar el territorio. No hacía aún muchos días que estaban en el Ática cuando comenzó a declararse por primera vez entre los atenienses la epidemia, que, según se dice, ya había hecho su aparición anteriormente en muchos sitios, concretamente en la parte de Lemnos y en otros lugares, aunque no se recordaba que se hubiese producido en ningún sitio una peste tan terrible y una tal pérdida de vidas humanas. Los médicos nada podían hacer, pues desconocían la naturaleza de la enfermedad y además fueron los primeros en tener contacto con los enfermos y, por tanto, en morir. La ciencia humana se mostró incapaz; en vano se elevaban oraciones en los templos y se dirigía ruegos a los oráculos. Finalmente, todo fue olvidado ante la fuerza de la epidemia.

Apareció por primera vez, según se dice, en Etiopía, la región situada más allá de Egipto, y luego descendió hacia Egipto y Libia y a la mayor parte del territorio del rey. En la ciudad de Atenas se presentó de repente y atacó primeramente a la población del Pireo, por lo que circuló el rumor entre sus habitantes de que los peloponesios habían echado veneno en los pozos, dado que todavía no había fuentes en la localidad. Luego llegó a la ciudad alta, y entonces la mortandad ya fue mucho mayor. Sobre esta epidemia, cada persona, tanto si es médico como si es profano, podrá exponer, sin duda, cuál fue, en su opinión, su origen probable así como las causas de tan gran cambio que a su entender, tuvieron fuerza suficiente para provocar todo el proceso. Yo, por mi parte, describiré cómo se presentaba; y los síntomas con cuya observación, en el caso de que un día sobreviniera de nuevo, se estaría en las mejores condiciones para no errar en el diagnóstico, al saber algo de antemano, también voy a mostrarlos, porque yo mismo padecí la enfermedad y vi personalmente a otros que la sufrían.

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«Plague in Athens» (Stanley Meltzoff)

Aquel año, como todo el mundo reconocía, se había visto particularmente libre de de enfermedades en lo que a otras dolencias se refiere; pero si alguien había contraído ya alguna, en todos los casos fue a parar a ésta. En los demás casos, sin embargo, sin ningún motivo que lo explicase, en plena salud y de repente, se iniciaba con una intensa sensación de calor en la cabeza y con un enrojecimiento e inflamación en los ojos; por dentro, la faringe y la lengua quedaban en seguida inyectadas, y la respiración se volvía irregular y despedía un aliento fétido. Después de estos síntomas, sobrevenían estornudos y ronquera, y en poco tiempo el mal bajaba al pecho acompañado de una tos violenta; y cuando se fijaba en el estómago, lo revolvía y venían vómitos con todas las secreciones de bilis que han sido detalladas por los médicos, y venían con un malestar terrible. A la mayor parte de los enfermos les vinieron también arcadas sin vómito que les provocaban violentos espasmos, en unos casos luego que remitían los síntomas precedentes y, en otros, mucho después. Por fuera el cuerpo no resultaba excesivamente caliente al tacto, ni tampoco estaba amarillento, sino rojizo, cárdeno y con un exantema de pequeñas ampollas y de úlceras; pero por dentro quemaba de tal modo que los enfermos no podían soportar el tacto de vestidos y lienzos muy ligeros ni estar de otra manera que desnudos, y se habrían lanzado al agua fría con el mayor placer. Y esto fue lo que en realidad hicieron, arrojándose a los pozos, muchos de los enfermos que estaban sin vigilancia, presos de una sed insaciable; pero beber más o menos daba lo mismo. Por otra parte, la imposibilidad de descansar y el insomnio los agobiaban continuamente. El cuerpo, durante todo el tiempo en que la enfermedad estaba en plena actividad, no quedaba agotado, sino que resistía inesperadamente el sufrimiento; así, o perecían, como era el caso de la mayoría, a los nueve o a los siete días, consumidos por el calor interior, quedándoles todavía algo de fuerzas, o, si conseguían superar esta crisis, la enfermedad seguía su descenso hasta el vientre, donde se producía una fuerte ulceración, a la vez que sobrevenía una diarrea si mezclar, y, por lo común, se perecía a continuación a causa de la debilidad que aquélla provocaba. El mal, después de haberse instalado primero en la cabeza, comenzando por arriba recorría todo el cuerpo, y si uno sobrevivía a sus acometidas más duras, el ataque a las extremidades era la señal que dejaba: afectaba, en efecto, a los órganos genitales y a los extremos de las manos y los pies; y muchos se salvaban con la pérdida de estas partes,y algunos incluso perdiendo los ojos. Otros, en fin, en el momento de restablecerse, fueron víctimas de una amnesia total y no sabían quiénes eran ellos mismos ni reconocían a sus allegados.

peste_greciaLa naturaleza de esta enfermedad fue tal que escapa sin duda a cualquier descripción; atacó a cada persona con más virulencia de la que puede soportar la naturaleza humana, pero sobre todo demostró que era un mal diferente a las afecciones ordinarias en el siguiente detalle: las aves y los cuadrúpedos que comen carne humana, a pesar de haber muchos cadáveres insepultos, o no se acercaban, o si los probaban perecían. Y he aquí la prueba: la desaparición de este tipo de ave fue notoria, y nos se las veía ni junto a ningún cadáver ni en ningún otro sitio; los perros, en cambio, por el hecho de vivir con el hombre, hacían más fácil la observación de los efectos.

Tal era, pues, en general el carácter de la enfermedad, dejando a un lado otros muchos aspectos extraordinarios, dado que cada caso presentaba alguna particularidad, que lo diferenciaba de otros. Y durante aquel tiempo ninguna de las enfermedades corrientes hacía sentir sus efectos, y si sobrevenía alguna, acababa en aquélla. Unos morían por falta de cuidados y otros a pesar de estar perfectamente atendidos. No se halló ni un solo remedio, por decirlo así, que se pudiera aplicar con seguridad de eficacia; pues lo que iba bien a uno a otro le resultaba perjudicial. Ninguna constitución, fuera fuerte o débil, se mostró con bastante fuerza frente al mal; éste se llevaba a todos, incluso a los que eran tratados con todo tipo de dietas. Pero lo más terrible de toda la enfermedad era el desánimo que se apoderaba de uno cuando se daba cuenta de que había contraído el mal (porque entregando al punto su espíritu a la desesperación, se abandonaban por completo sin intentar resistir), y también el hecho de que morían como ovejas al contagiarse debido a los cuidados de los unos hacia los otros: esto era sin duda lo que provocaba mayor mortandad. Porque si, por miedo, no querían visitarse los unos a los otros, morían abandonados, y muchas casas quedaban vacías por falta de alguien dispuesto a prestar sus cuidados; pero si se visitaban, perecían, sobre todo quienes de algún modo hacían gala de generosidad, pues, movidos por su sentido del honor, no tenían ningún cuidado de sí mismos entrando en casa de sus amigos cuando, al final, a los mismos familiares, vencidos por la magnitud del mal, ya no les quedaban fuerzas ni para llorar a lo que se iban. No obstante, eran los que ya habían salidos de la enfermedad quienes más se compadecían de los moribundos y de los que luchaban con el mal por conocerlo por propia experiencia y hallarse ya ellos en seguridad; la enfermedad, en efecto, no atacaba por segunda vez a la misma persona, al menos hasta el punto de resultar mortal. Así, recibían el parabién de los demás, y ellos mismos, debido a la extraordinaria alegría del momento abrigaban para el futuro la vana esperanza de que ya ninguna enfermedad podría acabar con ellos.

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«The Plague At Ashdod» (Nicolas Poussin, 1631)

En medio de sus penalidades les supuso un mayor agobio la aglomeración ocasionada por el traslado a la ciudad de las gentes del campo, y quienes más lo padecieron fueron los refugiados. En efecto, como no había casas disponibles y habitaban en barracas sofocantes debido a la época del año, la mortandad se producía en una situación de completo desorden; cuerpos de moribundos yacían unos sobre otros, y personas medio muertas se arrastraban por las calles y alrededor de todas las fuentes movidos por el deseo de agua. Los santuarios en los que se habían instalado estaban llenos de cadáveres, pues morían allí mismo; y es que ante la extrema violencia del mal, los hombres, sin saber lo que sería de ellos, se dieron al menosprecio tanto de lo divino como de lo humano. Todas las costumbres que antes observaban en los entierros fueron trastornadas y cada uno enterraba como podía. Muchos recurrieron a sepelios indecorosos debido a la falta de medios, por haber tenido ya muchas muertes en su familia; en piras ajenas, anticipándose a los que habían apilado, había quienes ponían su muerto y prendían fuego; otros, mientras otro cadáver ya estaba ardiendo, echaban encima el que ellos llevaban y se iban. También en otros aspectos la epidemia acarreó a la ciudad una mayor inmoralidad. La gente se atrevía más fácilmente a acciones con las que antes se complacían ocultamente, puesto que veían el rápido giro de los cambios de fortuna de quienes eran ricos y morían súbitamente, y de quienes antes no poseían nada y de repente se hacían con los bienes de aquellos. Así aspiraban al provecho pronto y placentero, pensando que sus vidas y sus riquezas eran igualmente efímeras. Y nadie estaba dispuesto a sufrir penalidades por un fin considerado noble, puesto que no tenía la seguridad de no perecer antes de alcanzarlo. Lo que resultaba agradable de inmediato y lo que de cualquier modo contribuía a ello, esto fue lo que lo que pasó a ser noble y útil. Ningún temor de los dioses ni de la ley humana los detenía; de una parte juzgaban que daba lo mismo honrar o no honrar a los dioses, dado que veían que todo el mundo moría igualmente, y, en cuanto a sus culpas, nadie esperaba vivir hasta el momento de celebrarse el juicio y recibir su merecido; pendía sobre sus cabezas una condena mucho más grave que ya había sido pronunciada, y antes de que les cayera encima era natural que disfrutaran un poco de la vida.

Tal era el agobio de la desgracia en que se veían sumidos los atenienses; la población moría dentro de las murallas y el país era devastado fuera. Y en medio de su infortunio, como era natural, se acordaron particularmente de este verso, que los más viejos afirmaban haber oído recitar hacía tiempo:

‘Vendrá una guerra doria y con ella una peste’

Por cierto que surgió una discusión entre la gente respecto a que la palabra usada por los antiguos en el verso no era ‘peste’, si no ‘hambre’, pero en aquellas circunstancias venció, naturalmente, la opinión de que se había dicho ‘peste’; la gente, en efecto, acomodaba su memoria al azote que padecía. Y sospecho que si después de esta un día estalla otra guerra doria y sobreviene el hambre, recitarán el verso con toda probabilidad en este sentido. También acudió a la memoria de quienes lo conocían el oráculo dado a los lacedemonios cuando habían preguntado al dios si debían emprender la guerra y éste les había respondido que, si hacían la guerra con todas sus fuerzas, la victoria sería suya, y les había prometido que él mismo les prestaría su ayuda. Suponían, pues, que los hechos se desarrollaban conforme al oráculo: la epidemia, en efecto, se había declarado así que los peloponesios habían efectuado la invasión; y no se extendió al Peloponeso, al menos de forma que valga la pena mencionar, sino que se fue cebando sobre todos en Atenas y luego en las localidades más pobladas de otras regiones. Éstos son los hechos relativos a la epidemia».

Extracto de la obra «Historia De La Guerra Del Peloponeso» (Tucídides)

 

sábado, 24 de marzo de 2018




Por PACO NADAL

Así hubieras visto el Partenón (y otros seis monumentos famosos) de haber hecho turismo hace 2.500 años

Conocer monumentos de la Antigüedad es una gran excusa viajera. Pero, ¿imaginas si pudieras verlos tal cual eran? Una recreación digital nos permite comparar ahora lo que vemos con lo que fue


Partenón
Vista de el Partenón, en Atenas, Grecia.

Las pirámides mayas, el Partenón, un foro romano... Conocer las grandes obras de la humanidad motiva a viajar cada año a millones de personas. El portal Expedia pidió a una empresa de animación que tratara de recrear cómo fueron esos monumentos cuando aún estaban en uso. Y el resultado es sorprendente. ¿Te los imaginabas así?
El Partenón de Atenas (Grecia)

Construido en época de Pericles para conmemorar la victoria sobre los persas, el Partenón dominaba la ciudad de Atenas desde la colina de la Acrópolis. Dentro se veneraba una colosal estatua de Atenea Partenos de 12 metros de altura. En 1687 los turcos los utilizaron como polvorín durante un asedio con tan mala fortuna que un cañonazo veneciano lo hizo saltar por los aires. Así lo verías si hubieras sido un turista de la época de Pericles (c. 495 a. C.-429 a. C.)
La pirámide de Nohuch Mul, Cobá (México)
 

 

Cobá fue una ciudad maya que floreció entre el 500 y 900 de nuestra era. Cuando llegaron los españoles Cobá estaba abandonada. No se supo de ella hasta que en el siglo XIX unos arqueólogos europeos dieron con sus ruinas comidas por la vegetación. Entre sus atractivos está la pirámide más alta del Yucatán: Nohuch Mul, 42 metros de altura a la que está permitido subir. Así era en tiempos de los mayas.
El templo de Júpiter (Italia)

Construido en honor a Júpiter, el dios del cielo y el trueno, este templo fue el principal centro religioso de Pompeya, una pequeña ciudad romana en la bahía de Nápoles. El sitio fue redescubierto en el siglo XVI, y muchos años de excavaciones han brindado a los millones de visitantes anuales una visión fascinante de la vida cotidiana de esta ciudad romana del siglo I.
Milecastle 39 sobre el Muro de Adriano (Reino Unido)

Los romanos llegaron muy lejos. Tanto como a las puertas de Escocia. Para defender las tierras del sur de lo que luego sería Reino Unido de los pictos y otros bárbaros del norte, el emperador Adriano mandó construir en el año 122 un muro de costa a costa que tenía cinco metros de alto, 80 fortines y 14 fuertes principales. Así sería uno de ellos a la vista de un legionario del siglo II.
El templo de Luxor (Egipto)

Uno de los lugares preferidos por los turistas en Egipto es este templo construido a partir del año 1500 antes de nuestra era. El gran templo de Luxor, que toma su nombre del término árabe, al-Uksur ("fortificación"), estaba dedicado al dios Amón y fue muy mejorado por las dinastías siguientes. Así era la gran puerta de entrada de pilón que daba acceso al complejo hace 35 siglos.
La pirámide del Sol de Teotihuacán (México)

Pese a su cercanía a la capital mexicana, Teotihuacán, una de las mayores ciudades prehispánicas, nada tiene que ver con los mexica porque es muy anterior. Cuando los aztecas florecieron y empezaron a moverse hacia el valle Central, Teotihuacán ya estaba en ruinas. Las mismas que –a unos 78 kilómetros al noroeste de CDMX– siguen siendo hoy destino clásico para los turistas, que llegan hasta allí para ver las grandes pirámides del Sol y la Luna y la ceremonial Calzada de los Muertos.
Area Sacra de Largo di Torre Argentina (Roma)

Largo di Torre Argentina es una plaza romana donde aparecieron restos de cuatro templos romanos de época republicana más el teatro de Pompeyo. Uno más de tantos lugares fascinantes de la capital italiana que nos transporta a tiempos pasados. Si te cuesta imaginar cómo fueron aquellos templos, aquí va la recreación del templo B, el más reciente de los cuatro.
 



sábado, 28 de octubre de 2017

Heródoto

 
Homero, el autor de la Ilíada y la Odisea, comienza sus poemas invocando a la "Musa divina" como inspiradora de su obra; Heródoto, en cambio, pone su nombre propio en la primera línea de su relato, escrito no en verso, sino en prosa. Esa firma personal sirve como garantía de la veracidad de su testimonio y de su narración, como harán otros dos cronistas, Tucídides y Jenofonte.
En ese inicio encontramos también la palabra que denominará para siempre a este nuevo género de escritura: historia. El relato que presenta Heródoto es el resultado de su investigación personal (apodexis historíes). Enseguida nos advierte de que no pretende contar mitos de los dioses y héroes antiguos, sino "los hechos de los hombres". Pero hay algo en su gran proyecto narrativo en lo que coincide con los poetas épicos: escribe para salvar del olvido el recuerdo de gestas admirables. Conviene fijarse bien en las líneas iniciales de ese relato histórico pionero, tan extenso y de largo aliento, que esboza su programa de clara novedad: "Ésta es la exposición de la investigación de Heródoto de Halicarnaso, a fin de evitar que, con el tiempo, caigan en el olvido los hechos de los hombres y que las gestas importantes y admirables realizadas tanto por griegos como por bárbaros, y de manera particular el motivo por el que lucharon unos contra otros, queden sin gloria".
Heródoto quería explicar las causas de la gran confrontación que conocemos con el nombre de guerras médicas
En este prólogo, escrito sin duda al concluir su extensa obra, subraya un doble objetivo: referir las grandes gestas tanto de griegos como de no griegos –bárbaros– y, en segundo lugar, explicar las causas de la tremenda guerra entre unos y otros, la gran confrontación que conocemos con el nombre de guerras médicas (492-478 a.C.). En el texto de Heródoto, la palabra bárbaros no tiene ningún matiz despectivo, como sí tendrá posteriormente en Tucídides y otros autores clásicos. Heródoto admira el mundo abigarrado de "los bárbaros", sus hazañas y los grandiosos monumentos que erigieron.

Un hombre cosmopolita



Heródoto vivió aproximadamente entre los años 485 y 425 a.C. Es, por tanto, coetáneo del sofista Protágoras y del poeta trágico Sófocles. Consiguió gran renombre durante su visita a Atenas  hacia 441 a.C. Allí fue invitado a leer con gran éxito algunos capítulos de su obra y recibió un premio importante por ello, un pago a sus elogios de la heroica lucha de los griegos, sobre todo de los atenienses, en defensa de la libertad.
Nacido en la ciudad jonia de Halicarnaso, de donde fue desterrado, pasó largo tiempo en la isla de Samos y luego se dedicó a viajar. Fue en Jonia donde surgieron los primeros filósofos, en ciudades como Mileto o Éfeso, urbes comerciales y abiertas al mar, siempre bajo la amenaza del vecino Imperio persa. Allí forjó Heródoto su carácter y su ánimo intrépido de amante de los viajes, curioso y tolerante, y tomó nota de las noticias frescas de lo que veía y lo que le contaban, como un buen reportero avant la lettre; no en vano, Ryszard Kapuscinski, uno de los mejores periodistas del siglo XX, lo vio como un guía ejemplar para viajeros a tierras lejanas en su libro Viajes con Heródoto.

La actual división de su larga obra Historia en nueve libros procede, seguramente, de los filólogos alejandrinos. Heródoto habla de lógoi, algo así como "tratados", cada uno con temática propia, reunidos en ese conjunto final. En el libro primero de su Historia, Heródoto trata del reino de Lidia, del fastuoso rey Creso y sus enormes riquezas, y de la conquista de este territorio por el rey persa Ciro. En el segundo libro nos habla de Egipto y sus maravillas. El tercero comienza con la conquista del país del Nilo por el persa Cambises y vuelve a las historias de Persia. El cuarto libro abarca dos lógoi: uno sobre Escitia (región situada en Asia Central) y otro sobre Libia.
Los libros siguientes relatan el conflicto bélico entre griegos y persas, episodio tras episodio. En el quinto enfoca las intrigas de los persas en Macedonia y los conflictos de las ciudades griegas, con noticias sobre las políticas de Esparta y Atenas. Los siguientes libros cuentan las dos guerras médicas: en el sexto, la expedición de Darío, que concluye con la victoria griega en Maratón; el séptimo evoca con intenso dramatismo las batallas decisivas, las de Termópilas y Maratón; en el libro octavo, la de Salamina, y en el noveno narra la de Platea. Todas ellas sellan la merecida victoria final de los griegos.

El primer reportero

Heródoto reúne noticias muy variadas de sus viajes y experiencias. No se basa para ello en textos escritos, no usa viejos archivos, sino que cuenta lo que ha visto y oído en sus largos viajes y, ya en la segunda parte, nos describe y comenta, como nadie antes, la guerra que decidió la libertad de Grecia, con especial referencia a la democrática Atenas. No sólo es el "padre de la historia", como lo definió Cicerón, sino también de la geografía e incluso de la antropología cultural. Nos ofrece una visión personal de su mundo, que exploró con enorme agudeza escuchando a informadores de distintos países a lo largo de sus itinerarios. Sus instrumentos fueron la mirada curiosa (ópsis), el escuchar a fondo (akoé) y la reflexión crítica sobre los datos recogidos (gnóme).
No sólo es el "padre de la historia", como lo definió Cicerón, sino también de la geografía e incluso de la antropología cultural
Los primeros libros de su Historia atestiguan esa faceta de viajero excepcional. Visitó Egipto, recorriendo el valle de Nilo hasta la primera catarata en Elefantina (Asuán), donde acababa el Egipto antiguo, a unos mil kilómetros del mar. También visitó Mesopotamia y nos ha dejado una descripción de la famosa Babilonia y las comarcas cercanas; tal vez llegara hasta Susa. Hacia el norte, visitó las colonias griegas a orillas del mar Negro, y más allá se internó en las praderas pobladas por los errabundos escitas, en la estepa ucraniana, hasta llegar cerca de la actual Kíev. Recorrió también el norte de África, pasando por la Cirenaica y la costa de la actual Libia. Recaló un tiempo en las ciudades griegas del sur de Italia y colaboró en la fundación de la colonia de Turios. Podemos suponer que deambuló por toda Grecia y visitó muchas islas del Egeo.
Nos habría gustado saber más de las andanzas del intrépido viajero. ¿Cómo viajaba? ¿En solitario y con mínima impedimenta? ¿A caballo? ¿Cómo pagaba sus gastos y dónde se albergaba? ¿Registraba sus encuentros e impresiones en apuntes en rollos de papiro? Algunas regiones que Heródoto recorrió estaban colonizadas por griegos –como la costa del mar Negro o el sur de Italia–. También en la costa norte de Egipto había comerciantes griegos, y en Persia, tal vez algunos mercenarios. Pero ¿y en la estepa escita, cuando remontó el río Dniéper viajando entre tribus bárbaras, o en el Alto Egipto? Por otra parte, parece que sólo conocía el griego (como era natural en los viajeros griegos de la época), así que en Egipto tuvo que recurrir a sacerdotes locales bilingües para que le interpretaran las inscripciones más o menos sagradas de los templos.
Heródoto era, indudablemente, un tipo excepcional en su curiosidad por lo exótico y en su admiración de lo extraordinario. Al recordar al sabio Solón cuenta que, tras su etapa como legislador en Atenas, partió de viaje "por afán de ver mundo" (theoríes héneken). Ese mismo "afán téorico" movía sin tregua a Heródoto, pero en él va unido a las ganas de narrar las cosas asombrosas que ha visto o que le contaron, y lo hace en un estilo muy claro, con descripciones y anécdotas de vivo colorido en escenarios muy variados.

Pionero de la antropología

Heródoto es también aquí el gran precursor de la pasión por las maravillas del milenario y enigmático Egipto, conocida luego como "egiptomanía"
Comparado con historiadores como Tucídides o Jenofonte, Heródoto se revela –sobre todo en los primeros libros– como un narrador divertido y fabuloso; después, cuando describe la guerra y sus contextos políticos, resulta más austero. Pero si nos detenemos en la lectura de la mitad inicial de su gran obra podemos admirar toda la variedad de sus observaciones. Es, con razón, muy conocido el libro segundo, dedicado a Egipto –que, desde tiempos de Homero, fue un país que siempre fascinó a los griegos y adonde viajaron famosos sabios como Tales, Pitágoras y más tarde Platón–. Fue Heródoto quien lo llamó "un don del Nilo".
Y, en efecto, comienza hablando del caudaloso río y de las teorías sobre sus lejanas fuentes en el centro de África, para describir luego las extrañas costumbres de sus gentes, así como algunos animales del variopinto bestiario egipcio, como el cocodrilo, el ibis y los gatos (por entonces, unos animales poco conocidos por los griegos). Asimismo trata de las colosales pirámides y de los dioses, sus templos, sus arcanos ritos y las historias asociadas a ellos; incluso narra cuentos curiosos, como el del ladrón de tesoros de pirámides, Rampsinito. Heródoto es también aquí el gran precursor de la pasión por las maravillas del milenario y enigmático Egipto, conocida luego como "egiptomanía".
Heródoto es así, en cierto modo, el primer antropólogo que explora mundos ajenos a su cultura. Abre ojos y oídos a las tradiciones de otros pueblos y elabora una pintoresca narración, una "historia" de horizontes lejanos, monumental y novelesca a ratos; se nos aparece como un viajero ilustrado fascinado por Oriente y Egipto, un pensador de extraordinaria amplitud de miras, tolerante y ameno.
Como otros historiadores griegos, Heródoto vivió desde joven en el exilio y compuso su magna obra desde él. Al igual que Tucídides, Jenofonte y Polibio, la experiencia del destierro le incitó a tender una mirada aguzada e imparcial sobre otras culturas, sin censuras morales ni partidismos patrióticos. Lo hizo con el hondo orgullo de ser un hombre libre y haber conocido la democracia, y de manejar la flexible lengua griega y afianzar, escribiendo en la joven prosa jonia, la tradición helénica del gusto por el diálogo en libertad y el examen crítico ante los hechos y las personas. Por eso, en los últimos libros de su Historia, exaltó la lucha heroica de los griegos por su independencia contra el gran ejército de los persas, llevados de continuo al desastre por reyes despóticos.

Desafiar al olvido

"Todo es azaroso en la vida humana", apunta en una sentencia; "La divinidad es envidiosa y perturbadora", dice en otra
Coetáneo y amigo de Sófocles, Heródoto mantiene una visión humanista y trágica de la historia universal, con esa mentalidad arcaica que veía a los humanos como seres "efímeros" de azaroso destino. Incluso el poderío y la ambición de los más grandes puede derrumbarse. "Todo es azaroso en la vida humana", apunta en una sentencia; "La divinidad es envidiosa y perturbadora", dice en otra. "No llames a nadie feliz hasta contemplar su último día", alecciona el ateniense Solón al riquísimo rey Creso, que recordará la frase al caer derrotado por el persa Ciro.
La divinidad abate a los orgullosos y premia a los justos, y castiga el exceso de soberbia, como hizo con Jerjes, al que ya Esquilo en su tragedia Los persas presentó como ejemplo de hybris (el arrebato pasional que lleva a los hombres a desafiar los límites impuestos por los dioses). Para Heródoto, el mundo se mueve bajo la mirada de los dioses, pero la providencia divina nos es extraña e imprevisible. El destino resulta trágico, y por ello vale la pena celebrar las gestas heroicas y las maravillas, e inventar, para siempre, la historia, es decir, un testimonio acreditado a favor de las glorias humanas desafiando las sombras del olvido.


National Geographic
Carlos García Gual
25 de septiembre de 2017
 

sábado, 9 de mayo de 2015

Sabiduría gnómica

ΠΡΙΝ διαβάσετε το άρθρο!!

Τα Δελφικά ΠαραγγέλματαΤα Δελφικά Παραγγέλματα είναι οι εντολές που άφησαν στους Έλληνες οι σοφοί της Αρχαίας Ελλάδας.
Μια πολύτιμη κληρονομιά γνώσης και σοφίας για τις επερχόμενες γενεές.
Οι αρχαίοι Έλληνες ιερείς δεν έδιναν συμβουλές ούτε άκουγαν τις εξομολογήσεις των πιστών, αλλά ασχολούνταν μόνο με την τέλεση των θυσιών και των άλλων ιεροτελεστιών.
Η ηθική εκπαίδευση και καθοδήγηση των πολιτών ξεκινούσε μεν από τους παιδαγωγούς και παιδοτρίβες της νεαρής ηλικίας, αλλά συνεχιζόταν αργότερα στα μαντεία, τα οποία, εκτός από τις χρησμοδοτήσεις τους για τα μελλούμενα και τις θελήσεις των θεών, έδιναν και ένα πλήθος ηθικών παραγγελμάτων και προτροπών συμβουλευτικού χαρακτήρα για τα προβλήματα της καθημερινής ζωής.
Περίoπτη θέση βέβαια, κατείχε σε όλα αυτά, το διάσημο σε όλο τον κόσμο Μαντείο των Δελφών, του οποίου τα ομώνυμα ηθικά παραγγέλματα είχαν καταγραφεί στους τοίχους του Προνάου του Ναού του Απόλλωνος, στο υπέρθυρο ή ακόμα και σε διάφορες στήλες που είχαν τοποθετηθεί περιμετρικά στις πλευρές του ναού.
Τα 147 Δελφικά Παραγγέλματα ή Πυθίας Γράμματα, ήταν λιτά αποφθέγματα ελαχίστων λέξεων και ανήκαν στους 7 σοφούς της αρχαιότητας:
Τον Θαλή τον Μιλήσιο, τον Πιττακό τον Μυτιληναίο, τον Βία τον Πρηνεύ, τον Σόλωνα τον Αθηναίο, τον Κλεόβουλο τον Ρόδιο, τον Περίανδρο τον Κορίνθιο και τον Χίλωνα τον Λακεδαιμόνιο.
Στο αέτωμα του ναού δέσποζαν τα τρία σπουδαιότερα Δελφικά Παραγγέλματα, τα οποία εύκολα μπορούσε να διακρίνει ο πλησιάζων επισκέπτης:
  • Κάτω αριστερά το ΓΝΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ (να γνωρίσεις τον εαυτό σου).
  • Κάτω δεξιά το ΜΗΔΕΝ ΑΓΑΝ (να κάνεις τα πάντα με μέτρο, αποφεύγοντας την υπερβολή).
  • Ανάμεσά τους, στη κορυφή, το περίφημο «ΕΝ ΔΕΛΦΟΙΣ Ε» (ή ΕΙ), για το οποίο ο ιερέας των Δελφών Πλούταρχος έγραψε ολόκληρη πραγματεία («Περί τού έν Δελφοίς Ε»), προσπαθώντας να ερμηνεύσει την απωλεσθείσα σημασία του.
Ο θαυμασμός των αρχαίων Ελλήνων για τα ανηρτημένα αυτά αποφθέγματα στο Μαντείο των Δελφών ήταν τόσο μεγάλος, ώστε ο λυρικός ποιητής Πίνδαρος (522 π.Χ.) θεωρούσε τους επτά σοφούς, γιους του Ήλιου, που με την ακτινοβολία τους φώτιζαν και καθοδηγούσαν τον άνθρωπο στην οδό της αρετής. Αυτά τα σοφά παραγγέλματα χρησιμοποιήθηκαν στην συνέχεια και απο άλλους λαούς, που τα παρουσίασαν σαν "θρησκευτικές εντολές".
"Εν δέ τώ προνάω τά έν Δελφοίς γεγραμμένα, έστιν ώφελήματα άνθρώποις"
Παυσανίας

·  Έπου θεώ. Ακολούθα τον θεό.

·  Νόμω πείθου. Να πειθαρχείς στο Νόμο.

·  Θεούς σέβου. Να σέβεσαι τους θεούς.

·  Γονείς αίδου. Να σέβεσαι τους γονείς σου.

·  Ηττώ υπέρ δικαίου. Να καταβάλεσαι για το δίκαιο.

·  Γνώθι μαθών. Γνώρισε αφού μάθεις.

·  Ακούσας νόει. Κατανόησε αφού ακούσεις.

·  Σαυτόν ίσθι. Γνώρισε τον εαυτό σου.

·  Εστίαν τίμα. Να τιμάς την εστία σου.

·  Άρχε σεαυτού. Να κυριαρχείς τον εαυτό σου.

·  Φίλους βοήθει. Να βοηθάς τους φίλους.

·  Θυμού κράτε. Να συγκρατείς το θυμό σου.

·  Όρκω μη χρω. Να μην ορκίζεσαι.

·  Φιλίαν αγάπα. Να αγαπάς τη φιλία.

·  Παιδείας αντέχου. Να προσηλώνεσαι στην εκπαίδευσή σου.

·  Σοφίαν ζήτει. Να αναζητάς τη σοφία.

·  Ψέγε μηδένα. Να μην κατηγορείς κανένα.

·  Επαίνει αρετήν. Να επαινείς την αρετή.

·  Πράττε δίκαια. Να πράττεις δίκαια.

·  Φίλοις ευνόει. Να ευνοείς τους φίλους.

·  Εχθρούς αμύνου. Να προφυλάσσεσαι από τους εχθρούς.

·  Ευγένειαν άσκει. Να είσαι ευγενής.

·  Κακίας απέχου. Να απέχεις από την κακία.

·  Εύφημος ίσθι. Να έχεις καλή φήμη.

·  Άκουε πάντα. Να ακούς τα πάντα.

·  Μηδέν άγαν. Να μην υπερβάλλεις.

·  Χρόνου φείδου. Να μη σπαταλάς το χρόνο.

·  Ύβριν μίσει. Να μισείς την ύβρη.

·  Ικέτας αίδου. Να σέβεσαι τους ικέτες.

·  Υιούς παίδευε. Να εκπαιδεύεις τους γιους σου.

·  Έχων χαρίζου. Όταν έχεις, να χαρίζεις.

·  Δόλον φοβού. Να φοβάσαι το δόλο.

·  Ευλόγει πάντας. Να λες καλά λόγια για όλους.

·  Φιλόσοφος γίνου. Να γίνεις φιλόσοφος.

·  Όσια κρίνε. Να κρίνεις τα όσια.

·  Γνους πράττε. Να πράττεις με επίγνωση.

·  Φόνου απέχου. Να μη φονεύεις.

·  Σοφοίς χρω. Να συναναστρέφεσαι με σοφούς.

·  Ήθος δοκίμαζε. Να επιδοκιμάζεις το ήθος.

·  Υφορώ μηδένα. Να μην είσαι καχύποπτος.

·  Τέχνη χρω. Να ασκείς την Τέχνη.

·  Ευεργεσίας τίμα. Να τιμάς τις ευεργεσίες.

·  Φθόνει μηδενί. Να μη φθονείς κανένα.

·  Ελπίδα αίνει. Να δοξάζεις την ελπίδα.

·  Διαβολήν μίσει. Να μισείς τη διαβολή.

·  Δικαίως κτω. Να αποκτάς δίκαια.

·  Αγαθούς τίμα. Να τιμάς τους αγαθούς.

·  Αισχύνην σέβου. Να σέβεσαι την εντροπή.

·  Ευτυχίαν εύχου. Να εύχεσαι ευτυχία.

·  Εργάσου κτητά. Να κοπιάζεις για πράγματα άξια κτήσης.

·  Έριν μίσει. Να μισείς την έριδα.

·  Όνειδος έχθαιρε. Να εχθρεύεσαι τον χλευασμό.

·  Γλώσσαν ίσχε. Να συγκρατείς τη γλώσσα σου.

·  Ύβριν αμύνου. Να προφυλάσσεσαι από την ύβρη.

·  Κρίνε δίκαια. Να κρίνεις δίκαια.

·  Λέγε ειδώς. Να λες γνωρίζοντας.

·  Βίας μη έχου. Να μην έχεις βία.

·  Ομίλει πράως. Να ομιλείς με πραότητα.

·  Φιλοφρόνει πάσιν. Να είσαι φιλικός με όλους.

·  Γλώττης άρχε. Να κυριαρχείς τη γλώσσα σου.

·  Σεαυτόν ευ ποίει. Να ευεργετείς τον εαυτό σου.

·  Ευπροσήγορος γίνου. Να είσαι ευπροσήγορος.

·  Αποκρίνου εν καιρώ. Να αποκρίνεσαι στον κατάλληλο καιρό.

·  Πόνει μετά δικαίου. Να κοπιάζεις δίκαια.

·  Πράττε αμετανοήτως. Να πράττεις με σιγουριά.

·  Αμαρτάνων μετανόει. Όταν σφάλλεις, να μετανοείς.

·  Οφθαλμού κράτει. Να κυριαρχείς των οφθαλμών σου.

·  Βουλεύου χρήσιμα. Να σκέπτεσαι τα χρήσιμα.

·  Φιλίαν φύλασσε. Να φυλάττεις τη φιλία.

·  Ευγνώμων γίνου. Να είσαι ευγνώμων.

·  Ομόνοιαν δίωκε. Να επιδιώκεις την ομόνοια.

·  Άρρητα μη λέγε. Να μην λες τα άρρητα.

·  Έχθρας διάλυε. Να διαλύεις τις έχθρες.

·  Γήρας προσδέχου. Να αποδέχεσαι το γήρας.

·  Επί ρώμη μη καυχώ. Να μην καυχιέσαι για τη δύναμή σου.

·  Ευφημίαν άσκει. Να επιδιώκεις καλή φήμη.

·  Απέχθειαν φεύγε. Να αποφεύγεις την απέχθεια.

·  Πλούτει δικαίως. Να πλουτίζεις δίκαια.

·  Κακίαν μίσει. Να μισείς την κακία.

·  Μανθάνων μη κάμνε. Να μην κουράζεσαι να μαθαίνεις.

·  Ους τρέφεις αγάπα. Να αγαπάς αυτούς που τρέφεις.

·  Απόντι μη μάχου. Να μην μάχεσαι αυτόν που είναι απών.

·  Πρεσβύτερον αιδού. Να σέβεσαι τους μεγαλύτερους.

·  Νεώτερον δίδασκε. Να διδάσκεις τους νεότερους.

·  Πλούτω απόστει. Να αποστασιοποιείσαι από τον πλούτο.

·  Σεαυτόν αιδού. Να σέβεσαι τον εαυτό σου.

·  Μη άρχε υβρίζων. Να μην κυριαρχείς με αλαζονεία.

·  Προγόνους στεφάνου. Να στεφανώνεις τους προγόνους σου.

·  Θνήσκε υπέρ πατρίδος. Να πεθάνεις για την πατρίδα σου.

·  Επί νεκρώ μη γέλα. Να μην περιγελάς τους νεκρούς.

·  Ατυχούντι συνάχθου. Να συμπάσχεις με το δυστυχή.

·  Τύχη μη πίστευε. Να μην πιστεύεις την τύχη.

·  Τελεύτα άλυπος. Να πεθαίνεις χωρίς λύπη.



Los preceptos de Delfos constituyen el valioso legado de conocimiento que los Sabios de la antigua Grecia dejaron a las generaciones futuras.
Los antiguos sacerdotes griegos no daban consejos ni oían las confesiones de los fieles; su labor consistía principalmente en la realización de sacrificios y otros ritos.
La educación moral de los jóvenes era llevada a cabo primero por los paidagogoi y los paidotribes  y continuaba más tarde con los oráculos, que, además de manifestar el porvenir y la voluntad de los dioses, establecían un orden moral y asesoraban en los problemas de la vida cotidiana por los que se les consultaba.
De todos los oráculos, el más famoso en el mundo antiguo fue el Oráculo de Delfos. En el pronaos del templo de Apolo en Delfos estaban recogidos los principales preceptos morales por los que se debían regir los griegos, bien en los muros, el dintel e incluso en algunas columnas de alrededor del templo.
Los 147 Preceptos Délficos o Máximas Pitias eran frases sencillas atribuidas a los Siete Sabios de la antigüedad: Tales de Mileto, Pítaco de Mitilene, Solón de Atenas, Bías de Priene, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto y Quilón de Esparta.
En el frontón del templo destacaban los tres preceptos de Delfos más importantes, fácilmente visibles para los visitantes que se acercaban:
  • Debajo, a la izquierda, ΓΝΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ (Conócete a ti mismo).
  • A la derecha, ΜΗΔΕΝ ΑΓΑΝ (Nada en exceso).
  • Entre ellos, en la parte superior, el famoso ΕΝ ΔΕΛΦΟΙΣ Ε (o ΕΙ), sobre el que el sacerdote de Delfos Plutarco escribió todo un ensayo (“Sobre la E de Delfos“) tratando de interpretar su significado.
La admiración de los antiguos griegos por estas máximas del Oráculo de Delfos era tan grande que el poeta lírico Píndaro (522 a. C.) considera a los Siete Sabios los hijos del Sol, la luz que ilumina y guía al hombre en su camino hacia la virtud. Estos preceptos fueron seguidos después por otras culturas y presentadas en ocasiones como principios religiosos.
Εν δέ τώ προνάω τά έν Δελφοίς γεγραμμένα, έστιν ώφελήματα άνθρώποις. “Las palabras escritas en el pórtico de Delfos son de utilidad para los hombres”. Pausanias 
·  Έπου θεῴ. Obedece al dios.
·  Νόμοις πείθου. Obedece a las leyes.
·  Θεούς σέβου. Respeta a a los dioses.
·  Γονείς αίδου. Respeta a tus padres.
·  Ηττώ υπέρ δικαίου. Sométete a la justicia.
·  Γνῶθι μαθών. Aprende a aprender.
·  Ακούσας νόει. Reflexiona sobre lo que hayas escuchado.
· Γνῶθι σαυτόν. Conócete a ti mismo.
·  Εστίαν τίμα. Honra tu casa.
·  Άρχε σεαυτού. Manda de ti mismo.
· Φίλους βοήθει. Ayuda a tus amigos.
·  Θυμοῦ κράτει. Domina tu carácter.
·  Όρκῶ μη χρω. No te sirvas de los juramentos.
·  Φιλίαν αγάπα. Ama la amistad.
·  Παιδείας αντέχου. Persevera en tu educación.
·   Σοφίαν ζήτει. Busca la sabiduría.
·   Ψέγε μηδένα. No censures.
·  Επαίνει αρετήν. Ensalza la virtud.
·  Πράττε δίκαια. Actúa de modo justo.
·  Φίλοις ευνόει. Sé benévolo con tus amigos.
·  Εχθρούς αμύνου. Aparta a tus enemigos.
·  Ευγένειαν άσκει. Ejercita la nobleza.
·   Κακίας απέχου. Aléjate del mal.
·  Εύφημος ίσθι. Aprende a ser bienhablado.
·   Άκουε πάντα. Escúchalo todo.
·   Μηδέν άγαν. Nada en demasía.
·   Χρόνου φείδου. No pierdas el tiempo.
·  Ύβριν μίσει. Aborrece la arrogancia.
·  Ικέτας αίδου. Respeta a los suplicantes.
·   Υιούς παίδευε. Educa a tus hijos.
·   Έχων χαρίζου. Sé generoso cuando tengas.
·   Δόλον φοβού. Cuídate del engaño.
· Ευλόγει πάντας. Háblale bien a todos.
·  Φιλόσοφος γίνου. Hazte amante del saber.
·   Όσια κρίνε. Estima lo sagrado.
·  Γνους πράττε. Obra de acuerdo con tu conciencia.
·   Φόνου απέχου. No mates.
·  Σοφοίς χρω. Ten trato con los sabios.
·  Ήθος δοκίμαζε. Examina tu carácter.
·  Υφορώ μηδένα. No mires a nadie con desconfianza.
·   Τέχνῃ χρω. Haz uso del arte.
·  Ευεργεσίας τίμα. Honra la buena conducta.
·   Φθόνει μηδενί. No envidies a nadie.
·  Ελπίδα αίνει. Alaba la esperanza.
·  Διαβολήν μίσει. Aborrece la calumnia.
·  Δικαίως κτω. Obtén las cosas justamente.
·  Αγαθούς τίμα. Honra a los buenos.
·  Αισχύνην σέβου. Ten sentimientos de pudor.
·  Ευτυχίαν εύχου. Desea la felicidad.
·  Εργάσου κτητά. Trabaja por lo que es digno de ser adquirido.
·  Έριν μίσει. Odia la discordia.
·  Όνειδος έχθαιρε. Aborrece la injuria.
·  Λέγε ειδώς. Habla cuando sepas.
·  Βίας μη έχου. Renuncia a la violencia.
·  Φιλοφρόνει πάσιν. Muestra benevolencia con todo el mundo.
·   Γλώττης άρχε. Domina tu lengua.
·  Σεαυτόν ευ ποίει. Hazte el bien a ti mismo.
·  Ευπροσήγορος γίνου. Sé amable con todos.
·  Αποκρίνου εν καιρῴ. Responde en el momento oportuno.
·  Πόνει μετά δικαίου. Esfuérzate más allá de lo necesario.
·  Πράττε αμετανοήτως. Actúa sin arrepentimiento.
·  Αμαρτάνων μετανόει. Arrepiéntete cuando te equivoques.
·  Οφθαλμού κράτει. Domina tu mirada.
·   Βουλεύου χρήσιμα. Piensa en lo útil.
·   Φιλίαν φύλασσε. Conserva la amistad.
·   Ευγνώμων γίνου. Sé agradecido.
·  Ομόνοιαν δίωκε. Busca la concordia.
·  Άρρητα μη λέγε. No digas lo indecible.
·  Έχθρας διάλυει. Aniquila el odio.
·  Γήρας προσδέχου. Acepta la vejez.
·  Επί ρώμη μη καυχώ. No alardees de tu fuerza.
·  Ευφημίαν άσκει. Ejercita una buena reputación.
·  Απέχθειαν φεύγε. Evita el resentimiento.
·  Πλούτει δικαίως. Enriquécete de manera honrada.
·  Κακίαν μίσει. Aborrece el mal.
·   Μανθάνων μη κάμνε. No te canses de aprender.
· Ους τρέφεις αγάπα. Ama a quienes te alimentan.
·  Απόντι μη μάχου. No combatas contra aquel que está ausente.
·  Πρεσβύτερον σέβου. Respeta al anciano.
·  Νεώτερον δίδασκε. Enseña a los más jóvenes.
·   Πλούτω απόστει. Distánciate de la riqueza.
·   Σεαυτόν αιδού. Respétate a ti mismo.
·  Μη άρχε υβρίζων. No seas dominado por la arrogancia.
·  Προγόνους στεφάνου. Corona a tus antepasados.
·  Θνήσκε υπέρ πατρίδος. Muere por tu patria.
·   Επί νεκρώ μη γέλα. No te burles de los muertos.
·  Ατυχούντι συνάχθου. Siente compasión por los desgraciados.
·  Τύχῃ μη πίστευε. No confíes en la suerte.
·  Τελεύτα άλυπος. Muere exento de sufrimiento.
Fuente: Τα Δελφικά Παραγγέλματα, a partir de un artículo de Greek surnames.

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