lunes, 11 de mayo de 2015

Dinastía Julio-Claudia


Tiberio

Hijo de Livia, la segunda esposa de Octavio Augusto, fue adoptado por éste, que siempre prefirió a su hermanastro, Druso. De notables aptitudes militares, destacó por su papel en las campañas germánicas, pero, a causa de su carácter arisco, su amargada misantropía - Plinio le calificó como "tristissimus hominum", el más triste de los hombres- y de su desgraciado segundo matrimonio (con Julia, hija de Augusto) acabó por enemistarse con Augusto y marchó a un exilio voluntario a Rodas.

Tras la muerte de Cayo y Lucio, los herederos al trono, nietos de Augusto, fue  nombrado sucesor, a condición de que adoptase a su sobrino Germánico.

Los historiadores romanos interpretaron su etapa como gobernante de forma ambivalente: por un lado se le reconocieron su capacidad administrativa y su habilidad de gobernante, pero por otro, su personalidad difícil y desconfiada, que le llevó a desencadenar persecuciones contra todos aquellos que podían enfrentarse a él, generó a su alrededor la imagen de un tirano cruel e inmisericorde, tal vez  inmerecida.

La muerte de Germánico, en extrañas circunstancias, la persecución de la que fueron objeto otros miembros de la familia imperial y los procesos de lesa majestad abiertos contra la élite senatorial, atrajeron sobre él una gran impopularidad, agravada por su decisión de abandonar Roma y gobernar desde su lugar de retiro en Capri.

La ausencia del emperador otorgó gran poder a Sejano, el prefecto del pretorio, que utilizó su posición para reprimir duramente a sus enemigos políticos (un auténtico régimen de terror, con delaciones, procesos y venganzas) e incluso asesinar a Druso, el hijo de Tiberio, para facilitar así su propio camino al trono. Desenmascarado, Sejano cayó en desgracia y fue ejecutado. Al morir, Tiberio dejó a su sucesor una institución imperial consolidada, con las arcas llenas y las provincias en paz.

Calígula

Su figura aparece bastante deformada por el retrato que hacen de él autores senatoriales como Suetonio y Tácito. Hijo de Agripina la Mayor y Germánico (el admirado, querido y llorado general que había recuperado las enseñas de las legiones de Varo y sofocado las sublevaciones del Rin), su ascensión al poder fue muy bien acogida por el pueblo. Parece ser que los primeros meses de su reinado fueron óptimos: respetó al Senado, devolvió a la Asamblea popular el derecho a elegir a los magistrados, decretó amplias amnistías para los que habían sido condenados en tiempos de Tiberio y organizó grandes espectáculos circenses. Sin embargo, las cosas cambiaron de manera dramática tras una grave enfermedad, cuando empezó a dar muestras de un carácter autoritario y de unos modos que lo acercaban más a las formas de gobierno de las monarquías orientales que a las apariencias republicanas del Imperio.

Eliminó rápidamente y sin proceso a su primo Tiberio Gemelo y al jefe de los pretorianos Macrón e impuso un protocolo monárquico en la corte en el que se impulsaba una divinización en vida del emperador. Intentó gobernar apoyándose en el pueblo y en directa oposición al Senado, reivindicando un pasado familiar que, a través de su abuela Antonia, lo vinculaba a Marco Antonio.

Las arcas del Imperio Romano se vaciaron rápidamente ante la necesidad de pagar a las tropas y las fiestas en la corte, circunstancia que le obligó a subir los impuestos y reanudar la política de eliminación física de senadores para apoderarse de sus posesiones. Una conspiración, organizada por su propia guardia, tuvo éxito y acabó con el emperador.

Claudio

Era sobrino de Tiberio, sobrino segundo de Augusto y tío de Calígula. Marcado por varias taras (era cojo, epiléptico y tartamudo), Claudio era tenido por un bobo en la corte romana, pues se había mantenido apartado de los asuntos públicos, concentrado en escribir estudios históricos sobre los etruscos y los cartagineses.

Cuando la guardia pretoriana destronó y asesinó a Calígula, coronó a Claudio, que con más de cincuenta años era el único superviviente de la dinastía, pensando quizá en poner al frente del Imperio a alguien manejable. Claudio se reveló entonces como un hombre inteligente y un emperador capaz: amante de las tradiciones romanas, restableció el modelo administrativo de Augusto, repudiando el absolutismo en favor de una mayor colaboración con el Senado.

Trató de volver a la pureza de la religión romana, restaurando cultos abandonados y combatiendo los que entendía como «supersticiones» extranjeras (para ello expulsó de la ciudad a los astrólogos y a los judíos). Para mayor eficacia puso los cargos políticos decisivos en manos de sus libertos (como Polibio o Narciso), sentando las bases de la burocracia imperial. Extendió la ciudadanía romana entre los provinciales.

En el terreno exterior, impulsó la conquista de Britania así como la anexión definitiva al Imperio de Mauritania (norte de Marruecos y Argelia). Una de las lacras del reinado de Claudio fue la influencia que sus mujeres ejercieron en los asuntos de gobierno. Su tercera mujer, Mesalina, le ridiculizó públicamente con su escandalosa promiscuidad, hasta que se decidió a ejecutarla.

Casado luego con su sobrina Agripina (que a la vez era biznieta de Augusto), ésta le convenció para que designara sucesor a Nerón (hijo de un matrimonio anterior de Agripina), en lugar de Británico (hijo de Mesalina y -supuestamente- del propio Claudio). Conseguido su objetivo, Agripina envenenó a su marido y vio acceder a su hijo al Trono imperial.

Nerón

Agripina, para fortalecer su posición, había casado a Nerón con una hija de Claudio, Octavia, y, finalmente, asesinó al emperador, dejando el camino libre para su hijo. Éste fue proclamado emperador con sólo 17 años por la guardia pretoriana, dirigida por el prefecto Burro.

El reinado de Nerón (54-68) se inició bajo la influencia de Burro y del filósofo Séneca (preceptor de Nerón), a través de los cuales era Agripina la verdadera dueña del poder. Pero cuando Agripina sospechó que Nerón pretendía sacudirse la tutela materna, empezó a conspirar para derribarle, y el emperador respondió haciéndola asesinar.

Tras cinco primeros años de reinado bastante tranquilos (el quinquennium Neronis), recordados más tarde como uno de los mejores periodos de la historia romana (en los cuales se estableció el protectorado romano sobre Armenia), el emperador empezó a convertirse en un tirano sin escrúpulos, interesado tan sólo por gozar de los placeres de la vida y de la belleza, bajo la influencia de su caprichosa amante Popea (que le obligó a divorciarse de Octavia y a asesinarla, para casarse con ella misma). También hizo asesinar a Burro y le sustituyó por su favorito Tigelino.

Embarcado ya en un despotismo megalómano y delirante, Nerón cometió toda clase de atrocidades y extravagancias: se dedicó a hacerse adular como poeta, músico, bailarín y deportista en actuaciones públicas; hizo arder la ciudad de Roma para reconstruirla a su gusto (64) y en el palacio imperial, la Domus Aurea, pudo dar rienda suelta a sus gustos artísticos; desató persecuciones contra los cristianos acusándoles de ser los culpables del incendio; intentó ganarse al pueblo con espectáculos y regalos en los que arruinó el tesoro imperial; e incluso provocó la muerte de Popea, haciéndola abortar de una patada durante un acceso de cólera.

Una conjura organizada por Pisón para derrocarle fue descubierta y castigada (65); como represalia, Nerón ordenó suicidarse, entre otros, a sus antiguos amigos Séneca, Lucano y Petronio. Tres años después se rebelaban contra él los gobernadores de las Galias (Julio Vindex), la Hispania Citerior (Galba) y Lusitania (Otón); la rebelión halló eco en el Senado, que acordó deponer al emperador en el 68. Nerón se hizo matar por su secretario cuando iba a ser arrestado, dando paso a un año de confusión en el que pugnaron por el poder cuatro emperadores (Galba, Vitelio, Otón y Vespasiano).

 

 

sábado, 9 de mayo de 2015

Sabiduría gnómica

ΠΡΙΝ διαβάσετε το άρθρο!!

Τα Δελφικά ΠαραγγέλματαΤα Δελφικά Παραγγέλματα είναι οι εντολές που άφησαν στους Έλληνες οι σοφοί της Αρχαίας Ελλάδας.
Μια πολύτιμη κληρονομιά γνώσης και σοφίας για τις επερχόμενες γενεές.
Οι αρχαίοι Έλληνες ιερείς δεν έδιναν συμβουλές ούτε άκουγαν τις εξομολογήσεις των πιστών, αλλά ασχολούνταν μόνο με την τέλεση των θυσιών και των άλλων ιεροτελεστιών.
Η ηθική εκπαίδευση και καθοδήγηση των πολιτών ξεκινούσε μεν από τους παιδαγωγούς και παιδοτρίβες της νεαρής ηλικίας, αλλά συνεχιζόταν αργότερα στα μαντεία, τα οποία, εκτός από τις χρησμοδοτήσεις τους για τα μελλούμενα και τις θελήσεις των θεών, έδιναν και ένα πλήθος ηθικών παραγγελμάτων και προτροπών συμβουλευτικού χαρακτήρα για τα προβλήματα της καθημερινής ζωής.
Περίoπτη θέση βέβαια, κατείχε σε όλα αυτά, το διάσημο σε όλο τον κόσμο Μαντείο των Δελφών, του οποίου τα ομώνυμα ηθικά παραγγέλματα είχαν καταγραφεί στους τοίχους του Προνάου του Ναού του Απόλλωνος, στο υπέρθυρο ή ακόμα και σε διάφορες στήλες που είχαν τοποθετηθεί περιμετρικά στις πλευρές του ναού.
Τα 147 Δελφικά Παραγγέλματα ή Πυθίας Γράμματα, ήταν λιτά αποφθέγματα ελαχίστων λέξεων και ανήκαν στους 7 σοφούς της αρχαιότητας:
Τον Θαλή τον Μιλήσιο, τον Πιττακό τον Μυτιληναίο, τον Βία τον Πρηνεύ, τον Σόλωνα τον Αθηναίο, τον Κλεόβουλο τον Ρόδιο, τον Περίανδρο τον Κορίνθιο και τον Χίλωνα τον Λακεδαιμόνιο.
Στο αέτωμα του ναού δέσποζαν τα τρία σπουδαιότερα Δελφικά Παραγγέλματα, τα οποία εύκολα μπορούσε να διακρίνει ο πλησιάζων επισκέπτης:
  • Κάτω αριστερά το ΓΝΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ (να γνωρίσεις τον εαυτό σου).
  • Κάτω δεξιά το ΜΗΔΕΝ ΑΓΑΝ (να κάνεις τα πάντα με μέτρο, αποφεύγοντας την υπερβολή).
  • Ανάμεσά τους, στη κορυφή, το περίφημο «ΕΝ ΔΕΛΦΟΙΣ Ε» (ή ΕΙ), για το οποίο ο ιερέας των Δελφών Πλούταρχος έγραψε ολόκληρη πραγματεία («Περί τού έν Δελφοίς Ε»), προσπαθώντας να ερμηνεύσει την απωλεσθείσα σημασία του.
Ο θαυμασμός των αρχαίων Ελλήνων για τα ανηρτημένα αυτά αποφθέγματα στο Μαντείο των Δελφών ήταν τόσο μεγάλος, ώστε ο λυρικός ποιητής Πίνδαρος (522 π.Χ.) θεωρούσε τους επτά σοφούς, γιους του Ήλιου, που με την ακτινοβολία τους φώτιζαν και καθοδηγούσαν τον άνθρωπο στην οδό της αρετής. Αυτά τα σοφά παραγγέλματα χρησιμοποιήθηκαν στην συνέχεια και απο άλλους λαούς, που τα παρουσίασαν σαν "θρησκευτικές εντολές".
"Εν δέ τώ προνάω τά έν Δελφοίς γεγραμμένα, έστιν ώφελήματα άνθρώποις"
Παυσανίας

·  Έπου θεώ. Ακολούθα τον θεό.

·  Νόμω πείθου. Να πειθαρχείς στο Νόμο.

·  Θεούς σέβου. Να σέβεσαι τους θεούς.

·  Γονείς αίδου. Να σέβεσαι τους γονείς σου.

·  Ηττώ υπέρ δικαίου. Να καταβάλεσαι για το δίκαιο.

·  Γνώθι μαθών. Γνώρισε αφού μάθεις.

·  Ακούσας νόει. Κατανόησε αφού ακούσεις.

·  Σαυτόν ίσθι. Γνώρισε τον εαυτό σου.

·  Εστίαν τίμα. Να τιμάς την εστία σου.

·  Άρχε σεαυτού. Να κυριαρχείς τον εαυτό σου.

·  Φίλους βοήθει. Να βοηθάς τους φίλους.

·  Θυμού κράτε. Να συγκρατείς το θυμό σου.

·  Όρκω μη χρω. Να μην ορκίζεσαι.

·  Φιλίαν αγάπα. Να αγαπάς τη φιλία.

·  Παιδείας αντέχου. Να προσηλώνεσαι στην εκπαίδευσή σου.

·  Σοφίαν ζήτει. Να αναζητάς τη σοφία.

·  Ψέγε μηδένα. Να μην κατηγορείς κανένα.

·  Επαίνει αρετήν. Να επαινείς την αρετή.

·  Πράττε δίκαια. Να πράττεις δίκαια.

·  Φίλοις ευνόει. Να ευνοείς τους φίλους.

·  Εχθρούς αμύνου. Να προφυλάσσεσαι από τους εχθρούς.

·  Ευγένειαν άσκει. Να είσαι ευγενής.

·  Κακίας απέχου. Να απέχεις από την κακία.

·  Εύφημος ίσθι. Να έχεις καλή φήμη.

·  Άκουε πάντα. Να ακούς τα πάντα.

·  Μηδέν άγαν. Να μην υπερβάλλεις.

·  Χρόνου φείδου. Να μη σπαταλάς το χρόνο.

·  Ύβριν μίσει. Να μισείς την ύβρη.

·  Ικέτας αίδου. Να σέβεσαι τους ικέτες.

·  Υιούς παίδευε. Να εκπαιδεύεις τους γιους σου.

·  Έχων χαρίζου. Όταν έχεις, να χαρίζεις.

·  Δόλον φοβού. Να φοβάσαι το δόλο.

·  Ευλόγει πάντας. Να λες καλά λόγια για όλους.

·  Φιλόσοφος γίνου. Να γίνεις φιλόσοφος.

·  Όσια κρίνε. Να κρίνεις τα όσια.

·  Γνους πράττε. Να πράττεις με επίγνωση.

·  Φόνου απέχου. Να μη φονεύεις.

·  Σοφοίς χρω. Να συναναστρέφεσαι με σοφούς.

·  Ήθος δοκίμαζε. Να επιδοκιμάζεις το ήθος.

·  Υφορώ μηδένα. Να μην είσαι καχύποπτος.

·  Τέχνη χρω. Να ασκείς την Τέχνη.

·  Ευεργεσίας τίμα. Να τιμάς τις ευεργεσίες.

·  Φθόνει μηδενί. Να μη φθονείς κανένα.

·  Ελπίδα αίνει. Να δοξάζεις την ελπίδα.

·  Διαβολήν μίσει. Να μισείς τη διαβολή.

·  Δικαίως κτω. Να αποκτάς δίκαια.

·  Αγαθούς τίμα. Να τιμάς τους αγαθούς.

·  Αισχύνην σέβου. Να σέβεσαι την εντροπή.

·  Ευτυχίαν εύχου. Να εύχεσαι ευτυχία.

·  Εργάσου κτητά. Να κοπιάζεις για πράγματα άξια κτήσης.

·  Έριν μίσει. Να μισείς την έριδα.

·  Όνειδος έχθαιρε. Να εχθρεύεσαι τον χλευασμό.

·  Γλώσσαν ίσχε. Να συγκρατείς τη γλώσσα σου.

·  Ύβριν αμύνου. Να προφυλάσσεσαι από την ύβρη.

·  Κρίνε δίκαια. Να κρίνεις δίκαια.

·  Λέγε ειδώς. Να λες γνωρίζοντας.

·  Βίας μη έχου. Να μην έχεις βία.

·  Ομίλει πράως. Να ομιλείς με πραότητα.

·  Φιλοφρόνει πάσιν. Να είσαι φιλικός με όλους.

·  Γλώττης άρχε. Να κυριαρχείς τη γλώσσα σου.

·  Σεαυτόν ευ ποίει. Να ευεργετείς τον εαυτό σου.

·  Ευπροσήγορος γίνου. Να είσαι ευπροσήγορος.

·  Αποκρίνου εν καιρώ. Να αποκρίνεσαι στον κατάλληλο καιρό.

·  Πόνει μετά δικαίου. Να κοπιάζεις δίκαια.

·  Πράττε αμετανοήτως. Να πράττεις με σιγουριά.

·  Αμαρτάνων μετανόει. Όταν σφάλλεις, να μετανοείς.

·  Οφθαλμού κράτει. Να κυριαρχείς των οφθαλμών σου.

·  Βουλεύου χρήσιμα. Να σκέπτεσαι τα χρήσιμα.

·  Φιλίαν φύλασσε. Να φυλάττεις τη φιλία.

·  Ευγνώμων γίνου. Να είσαι ευγνώμων.

·  Ομόνοιαν δίωκε. Να επιδιώκεις την ομόνοια.

·  Άρρητα μη λέγε. Να μην λες τα άρρητα.

·  Έχθρας διάλυε. Να διαλύεις τις έχθρες.

·  Γήρας προσδέχου. Να αποδέχεσαι το γήρας.

·  Επί ρώμη μη καυχώ. Να μην καυχιέσαι για τη δύναμή σου.

·  Ευφημίαν άσκει. Να επιδιώκεις καλή φήμη.

·  Απέχθειαν φεύγε. Να αποφεύγεις την απέχθεια.

·  Πλούτει δικαίως. Να πλουτίζεις δίκαια.

·  Κακίαν μίσει. Να μισείς την κακία.

·  Μανθάνων μη κάμνε. Να μην κουράζεσαι να μαθαίνεις.

·  Ους τρέφεις αγάπα. Να αγαπάς αυτούς που τρέφεις.

·  Απόντι μη μάχου. Να μην μάχεσαι αυτόν που είναι απών.

·  Πρεσβύτερον αιδού. Να σέβεσαι τους μεγαλύτερους.

·  Νεώτερον δίδασκε. Να διδάσκεις τους νεότερους.

·  Πλούτω απόστει. Να αποστασιοποιείσαι από τον πλούτο.

·  Σεαυτόν αιδού. Να σέβεσαι τον εαυτό σου.

·  Μη άρχε υβρίζων. Να μην κυριαρχείς με αλαζονεία.

·  Προγόνους στεφάνου. Να στεφανώνεις τους προγόνους σου.

·  Θνήσκε υπέρ πατρίδος. Να πεθάνεις για την πατρίδα σου.

·  Επί νεκρώ μη γέλα. Να μην περιγελάς τους νεκρούς.

·  Ατυχούντι συνάχθου. Να συμπάσχεις με το δυστυχή.

·  Τύχη μη πίστευε. Να μην πιστεύεις την τύχη.

·  Τελεύτα άλυπος. Να πεθαίνεις χωρίς λύπη.



Los preceptos de Delfos constituyen el valioso legado de conocimiento que los Sabios de la antigua Grecia dejaron a las generaciones futuras.
Los antiguos sacerdotes griegos no daban consejos ni oían las confesiones de los fieles; su labor consistía principalmente en la realización de sacrificios y otros ritos.
La educación moral de los jóvenes era llevada a cabo primero por los paidagogoi y los paidotribes  y continuaba más tarde con los oráculos, que, además de manifestar el porvenir y la voluntad de los dioses, establecían un orden moral y asesoraban en los problemas de la vida cotidiana por los que se les consultaba.
De todos los oráculos, el más famoso en el mundo antiguo fue el Oráculo de Delfos. En el pronaos del templo de Apolo en Delfos estaban recogidos los principales preceptos morales por los que se debían regir los griegos, bien en los muros, el dintel e incluso en algunas columnas de alrededor del templo.
Los 147 Preceptos Délficos o Máximas Pitias eran frases sencillas atribuidas a los Siete Sabios de la antigüedad: Tales de Mileto, Pítaco de Mitilene, Solón de Atenas, Bías de Priene, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto y Quilón de Esparta.
En el frontón del templo destacaban los tres preceptos de Delfos más importantes, fácilmente visibles para los visitantes que se acercaban:
  • Debajo, a la izquierda, ΓΝΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ (Conócete a ti mismo).
  • A la derecha, ΜΗΔΕΝ ΑΓΑΝ (Nada en exceso).
  • Entre ellos, en la parte superior, el famoso ΕΝ ΔΕΛΦΟΙΣ Ε (o ΕΙ), sobre el que el sacerdote de Delfos Plutarco escribió todo un ensayo (“Sobre la E de Delfos“) tratando de interpretar su significado.
La admiración de los antiguos griegos por estas máximas del Oráculo de Delfos era tan grande que el poeta lírico Píndaro (522 a. C.) considera a los Siete Sabios los hijos del Sol, la luz que ilumina y guía al hombre en su camino hacia la virtud. Estos preceptos fueron seguidos después por otras culturas y presentadas en ocasiones como principios religiosos.
Εν δέ τώ προνάω τά έν Δελφοίς γεγραμμένα, έστιν ώφελήματα άνθρώποις. “Las palabras escritas en el pórtico de Delfos son de utilidad para los hombres”. Pausanias 
·  Έπου θεῴ. Obedece al dios.
·  Νόμοις πείθου. Obedece a las leyes.
·  Θεούς σέβου. Respeta a a los dioses.
·  Γονείς αίδου. Respeta a tus padres.
·  Ηττώ υπέρ δικαίου. Sométete a la justicia.
·  Γνῶθι μαθών. Aprende a aprender.
·  Ακούσας νόει. Reflexiona sobre lo que hayas escuchado.
· Γνῶθι σαυτόν. Conócete a ti mismo.
·  Εστίαν τίμα. Honra tu casa.
·  Άρχε σεαυτού. Manda de ti mismo.
· Φίλους βοήθει. Ayuda a tus amigos.
·  Θυμοῦ κράτει. Domina tu carácter.
·  Όρκῶ μη χρω. No te sirvas de los juramentos.
·  Φιλίαν αγάπα. Ama la amistad.
·  Παιδείας αντέχου. Persevera en tu educación.
·   Σοφίαν ζήτει. Busca la sabiduría.
·   Ψέγε μηδένα. No censures.
·  Επαίνει αρετήν. Ensalza la virtud.
·  Πράττε δίκαια. Actúa de modo justo.
·  Φίλοις ευνόει. Sé benévolo con tus amigos.
·  Εχθρούς αμύνου. Aparta a tus enemigos.
·  Ευγένειαν άσκει. Ejercita la nobleza.
·   Κακίας απέχου. Aléjate del mal.
·  Εύφημος ίσθι. Aprende a ser bienhablado.
·   Άκουε πάντα. Escúchalo todo.
·   Μηδέν άγαν. Nada en demasía.
·   Χρόνου φείδου. No pierdas el tiempo.
·  Ύβριν μίσει. Aborrece la arrogancia.
·  Ικέτας αίδου. Respeta a los suplicantes.
·   Υιούς παίδευε. Educa a tus hijos.
·   Έχων χαρίζου. Sé generoso cuando tengas.
·   Δόλον φοβού. Cuídate del engaño.
· Ευλόγει πάντας. Háblale bien a todos.
·  Φιλόσοφος γίνου. Hazte amante del saber.
·   Όσια κρίνε. Estima lo sagrado.
·  Γνους πράττε. Obra de acuerdo con tu conciencia.
·   Φόνου απέχου. No mates.
·  Σοφοίς χρω. Ten trato con los sabios.
·  Ήθος δοκίμαζε. Examina tu carácter.
·  Υφορώ μηδένα. No mires a nadie con desconfianza.
·   Τέχνῃ χρω. Haz uso del arte.
·  Ευεργεσίας τίμα. Honra la buena conducta.
·   Φθόνει μηδενί. No envidies a nadie.
·  Ελπίδα αίνει. Alaba la esperanza.
·  Διαβολήν μίσει. Aborrece la calumnia.
·  Δικαίως κτω. Obtén las cosas justamente.
·  Αγαθούς τίμα. Honra a los buenos.
·  Αισχύνην σέβου. Ten sentimientos de pudor.
·  Ευτυχίαν εύχου. Desea la felicidad.
·  Εργάσου κτητά. Trabaja por lo que es digno de ser adquirido.
·  Έριν μίσει. Odia la discordia.
·  Όνειδος έχθαιρε. Aborrece la injuria.
·  Λέγε ειδώς. Habla cuando sepas.
·  Βίας μη έχου. Renuncia a la violencia.
·  Φιλοφρόνει πάσιν. Muestra benevolencia con todo el mundo.
·   Γλώττης άρχε. Domina tu lengua.
·  Σεαυτόν ευ ποίει. Hazte el bien a ti mismo.
·  Ευπροσήγορος γίνου. Sé amable con todos.
·  Αποκρίνου εν καιρῴ. Responde en el momento oportuno.
·  Πόνει μετά δικαίου. Esfuérzate más allá de lo necesario.
·  Πράττε αμετανοήτως. Actúa sin arrepentimiento.
·  Αμαρτάνων μετανόει. Arrepiéntete cuando te equivoques.
·  Οφθαλμού κράτει. Domina tu mirada.
·   Βουλεύου χρήσιμα. Piensa en lo útil.
·   Φιλίαν φύλασσε. Conserva la amistad.
·   Ευγνώμων γίνου. Sé agradecido.
·  Ομόνοιαν δίωκε. Busca la concordia.
·  Άρρητα μη λέγε. No digas lo indecible.
·  Έχθρας διάλυει. Aniquila el odio.
·  Γήρας προσδέχου. Acepta la vejez.
·  Επί ρώμη μη καυχώ. No alardees de tu fuerza.
·  Ευφημίαν άσκει. Ejercita una buena reputación.
·  Απέχθειαν φεύγε. Evita el resentimiento.
·  Πλούτει δικαίως. Enriquécete de manera honrada.
·  Κακίαν μίσει. Aborrece el mal.
·   Μανθάνων μη κάμνε. No te canses de aprender.
· Ους τρέφεις αγάπα. Ama a quienes te alimentan.
·  Απόντι μη μάχου. No combatas contra aquel que está ausente.
·  Πρεσβύτερον σέβου. Respeta al anciano.
·  Νεώτερον δίδασκε. Enseña a los más jóvenes.
·   Πλούτω απόστει. Distánciate de la riqueza.
·   Σεαυτόν αιδού. Respétate a ti mismo.
·  Μη άρχε υβρίζων. No seas dominado por la arrogancia.
·  Προγόνους στεφάνου. Corona a tus antepasados.
·  Θνήσκε υπέρ πατρίδος. Muere por tu patria.
·   Επί νεκρώ μη γέλα. No te burles de los muertos.
·  Ατυχούντι συνάχθου. Siente compasión por los desgraciados.
·  Τύχῃ μη πίστευε. No confíes en la suerte.
·  Τελεύτα άλυπος. Muere exento de sufrimiento.
Fuente: Τα Δελφικά Παραγγέλματα, a partir de un artículo de Greek surnames.

Περισσότερα: http://www.schizas.com/site3/index.php?option=com_content&view=article&id=42238:2011-01-19-180000&catid=50:mathaino-tin-ellada&Itemid=337#ixzz3Zaf5LDI8




Περισσότερα: http://www.schizas.com/site3/index.php?option=com_content&view=article&id=42238:2011-01-19-180000&catid=50:mathaino-tin-ellada&Itemid=337#ixzz3ZaepLjBW

Delfos

Ciudades, soberanos y simples particulares acudían al templo de Apolo, esperando que el oráculo del dios les aconsejara a la hora de tomar decisiones de importancia
Por Mireia Movellán Luis. Investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, Historia NG nº 113
 
 
 

El templo de la diosa Atenea

Este templo circular o tholos dedicado a Atenea se halla en la terraza de Marmaria, en el exterior del recinto de Apolo. Su nombre, Atenea Pronaia, significa «antes del templo».
 
«Layo, suplicas una próspera descendencia. Te daré el hijo que deseas, pero está decretado que dejes la vida a sus manos». Así profetizó el oráculo de Delfos al padre de Edipo; el oráculo también advirtió a Edipo de que mataría a su padre y se casaría con su propia madre. Fueron vanos los intentos de padre e hijo por evitar que tales predicciones se cumplieran: Edipo mató a un hombre y se casó con su viuda, sin saber que se trataba de sus progenitores; al conocer lo que había hecho, se sacó los ojos. Pero no todos los oráculos de Delfos fueron tan tremendos. Aparte de los ejemplos míticos o legendarios, de las más de quinientas preguntas y respuestas délficas conservadas sólo se consideran históricas unas cincuenta y cinco, y la mayoría responden a cuestiones políticas, bélicas o religiosas por las que se interesaron las ciudades.
En Delfos, lugar que los griegos consideraban el ombligo de la tierra, existía un templo del dios Apolo ya en el siglo VIII a.C., y desde entonces se estableció una red de peregrinaje que unía toda Grecia con ese lugar. Lo habitual era que las ciudades o polis enviasen delegaciones sagradas (theoría) que debían transmitir al oráculo preguntas sobre los asuntos públicos. Junto a los comisionados oficiales viajaban consultantes privados, cuyas preguntas debían de diferir, lógicamente, de las que formulaba la ciudad: seguramente se referían a la conveniencia de un matrimonio, a los hijos, a los riesgos de negocios y viajes...
El hecho de acompañar a las embajadas permitía a estos consultantes particulares disfrutar de cierta seguridad, ya que la delegación al completo estaba bajo protección divina y era inviolable. Ello resultaba muy conveniente cuando se tenía que realizar un viaje siempre difícil y peligroso, a veces muy largo, expuesto a ataques y al pillaje. Las delegaciones se mandaban coincidiendo con los momentos propicios para la adivinación, que en su origen se limitaban al séptimo día del mes de bysios (a mediados del invierno), en el aniversario del nacimiento de Apolo; posteriormente se ampliaron al día siete de cada mes. Además, las ciudades podían mandar delegaciones regularmente, con el beneplácito del santuario; los atenienses, por ejemplo, enviaban las llamadas pytháis a Delfos si se veía un rayo en determinado lugar. El santuario también estaba abierto a preguntas durante las celebraciones de festivales como los de Carila o de Septerion, cada ocho años.
Aunque al santuario acudía multitud de peregrinos en busca de alguna orientación sobre decisiones que debían tomar, la función esencial del oráculo no era predecir el futuro, sino proveer de sanción divina a las decisiones políticas de las ciudades: ratificaba leyes e incluso constituciones, aprobaba la fundación de nuevas ciudades y de colonias, aconsejaba empresas bélicas o las censuraba. Aunque Delfos no intervenía directamente en la política de las ciudades, sus oráculos podían ser usados como arma política en caso necesario.

La llegada al santuario

Cuando los peregrinos llegaban al pie del monte Parnaso, donde estaban la ciudad de Delfos y el recinto de Apolo, los recibía el próxenos, el embajador que cada polis tenía en el santuario y que atendía por igual a embajadores y a ciudadanos particulares. Hay que suponer que los días en que el recinto estaba abierto a consultas debía de concentrarse allí mucha gente, y que las colas para entrar eran constantes. Pero no todos tenían que esperar: ciudades como Atenas o Esparta disfrutaban del privilegio de la promanteia, la prioridad de consulta, de la que se beneficiaban tanto sus emisarios como los ciudadanos privados que los acompañaban.
Lo primero que encontraban los viajeros, a un kilómetro y medio del recinto, era la zona conocida como Marmaria por los mármoles de los edificios allí construidos, entre ellos el templo circular de Atenea Pronaia. Luego los peregrinos pasaban por la fuente Castalia, que brotaba entre las dos piedras Fedríades («brillantes»), y se purificaban con sus aguas. Acto seguido entraban en procesión por la vía Sacra, ya en el interior del santuario propiamente dicho. Esta calzada ascendía por una pronunciada pendiente y estaba flanqueada por los tesoros de las más prominentes ciudades: Sición, Sifnos, Cnido, Tebas, Atenas, Corinto, Massalia. Los tesoros eran pequeños templos o capillas en los que se conservaban los exvotos y donaciones que los ciudadanos de una polis entregaban al santuario. Después la vía llegaba al templo de Apolo, más arriba del cual se encontraban la palestra, el gimnasio, el estadio y el teatro. Este edificio, con capacidad para unos 5.000 espectadores, acogía los certámenes artísticos de los juegos píticos, que se celebraban en honor de Apolo e incluían competiciones atléticas y celebraciones religiosas.

La consulta al oráculo

Frente al templo estaba el altar para los sacrificios. Las consultas al oráculo se «pagaban» en forma de sacrificio o de pastel: el propio templo vendía los animales que debían sacrificarse y las tartas sagradas (pélanos). Aunque no se conocen las tarifas, es de suponer que el precio mínimo por la ofrenda sería asequible para un ciudadano medio. Sin embargo, los más pudientes solían ofrecer, además de un sacrificio, presentes como estatuas, trípodes y otros exvotos. Lógicamente, las tasas en forma de sacrificios o tartas que había que comprar para acceder al oráculo debían de ser mucho más elevadas para las consultas cívicas que para las privadas.
Poco sabemos de la organización en el interior del templo. Allí se encontraban la sacerdotisa pitia, por cuya boca hablaba Apolo, y el cuerpo de sacerdotes que la atendía y que se repartía las diferentes tareas. Aunque no se conocen con certeza las atribuciones de cada grupo, se cree que los hieréis se encargarían de los sacrificios; los prophetai se ocuparían de ayudar a la pitia e interpretar sus palabras, y los hósioi se cuidarían del culto.
El peregrino entraba en el templo a través del chresmographeion, donde se guardaba el archivo del santuario con la lista de consultantes, sus preguntas y respuestas, así como la lista de vencedores en los juegos píticos; probablemente allí formulaba su pregunta. Según la tradición, en la parte más recóndita del templo de Apolo había un lugar subterráneo, el ádyton, al que la pitia descendía, con una corona y un bastón de laurel, cuando le llegaba el momento de entrar en éxtasis y comunicarse con la divinidad. Se cuenta que ahí masticaba laurel, bebía agua de la fuente Casotis y se sentaba en un gran trípode situado sobre una grieta natural del suelo de la que salían vapores. Al inhalarlos, la sacerdotisa entraba en un frenesí o delirio gracias al cual pronunciaba las palabras, quizás incomprensibles, que los sacerdotes del templo escuchaban y escribían, y que luego se entregaban al consultante. Pero el ritual de la consulta tal como se ha descrito aquí presenta un problema: es tardío y se trata más bien de una elaboración esotérica de la realidad.Los relatos de diferentes historiadores griegos ofrecen una imagen muy distinta de cómo se desarrollaba.

¿Cuál era la verdad?

Plutarco, que además de historiador y biógrafo fue sacerdote de Apolo en Delfos, no sólo ignora el procedimiento descrito, sino que su narración es incompatible con el mismo. Este autor, que vivió a caballo de los siglos I y II d.C., explica que el ádyton estaba abierto a los consultantes y no era una habitación secreta; y no dice nada sobre el frenesí o trance de la pitia, ni sobre lo incoherente de sus palabras. Sólo en una ocasión refiere que la sacerdotisa se retira a un lugar subterráneo, pero ello sucede en un momento en el que se siente indispuesta y no logra profetizar, cosa que la lleva a la locura. Por su parte, el historiador Heródoto, que vivió en el siglo V a.C., relata la entrada del dirigente espartano Licurgo en el recinto de la sacerdotisa y afirma que ella le habla directamente, sin esperar siquiera a su pregunta y, de hecho, le dicta la constitución espartana. También Jenofonte parece tener una relación directa con la pitia cuando, a finales del siglo V a.C., le pregunta a qué dioses debe encomendarse para tener éxito en el viaje que luego narrará en su Anábasis, el épico itinerario de un ejército de mercenarios griegos a través del Imperio persa.
Es más, algunos ejemplos de consultas históricas que conservamos presuponen no sólo que la pitia estaba presente ante los consultantes, sino que se dirigía directamente a ellos, como cuando los atenienses le solicitaron que escogiera los nombres de las diez tribus de su ciudad, o cuando los tesalios le pidieron que eligiera a un rey. Al parecer, en ambos casos se ofreció a la sacerdotisa una urna con distintos nombres para que ella eligiese. En definitiva, lo que ocurría dentro del templo y la manera en que actuaba la profetisa constituye un misterio. En cuanto al origen de su inspiración, se ha intentado explicar por el uso de sustancias psicoactivas que podían estar presentes en el agua o el laurel, o por algún vapor que actuara sobre su conducta (parece que está confirmada la existencia de etileno en el subsuelo de Delfos). Incluso hay quien afirma que pudo recurrir al hipnotismo o algún tipo de sugestión.

La decadencia

Después de la consulta, el peregrino regresaba al chresmographeion, donde los prophetai le entregaban por escrito un informe oficial y la respuesta del oráculo interpretada y formulada solemnemente, a menudo en verso. Tras esto emprendía el viaje de regreso a casa, tan peligroso como el itinerario de ida. De hecho, la gran cantidad de problemas y obstáculos a los que se enfrentaron los peregrinos entre el estallido de la guerra del Peloponeso (431 a.C.) y el advenimiento de Alejandro Magno contribuyó a la pérdida de importancia del oráculo y al desuso de las rutas de peregrinaje. Durante la guerra, por ejemplo, los atenienses se acostumbraron a visitar el oráculo de Dodona porque Delfos había caído en manos espartanas. El prestigio de Delfos comenzó su declive tras la muerte de Alejandro, en 323 a.C., aunque continuó siendo un centro de atracción durante la época helenística y el período romano. Por fin, en 391 d.C., el emperador romano Teodosio decretó el cierre de todos los oráculos y la prohibición de la adivinación de cualquier tipo. El cristianismo había silenciado la voz de los antiguos dioses.

Para saber más

Oráculos griegos. David Hernández de la Fuente. Alianza, 2008.
Obras morales y de costumbres VI. Plutarco. Madrid, Gredos, 1995.

viernes, 8 de mayo de 2015

Teatro griego

http://es.slideshare.net/Gamarra92/el-teatro-en-la-atenas-clsica







 
 
 
 
 

Muerte de Séneca

 

El célebre filósofo y orador romano, quien fue preceptor del siniestro Nerón, acató la sentencia del emperador y se cortó las venas en abril del año 65 d.C.
En el Retrato del busto del filósofo Séneca, pintado por Rubens en 1614 ó 1615, aparece el célebre orador romano claramente envejecido, con la mirada perdida y transido de dolor. De salud siempre delicada, Séneca buscó consuelo en la filosofía, concretamente en la doctrina del estoicismo romano, en la que exalta la autosuficiencia del individuo a través de la virtud y frente a los vicios o enfermedades morales. "La virtud es algo elevado, excelso y soberano, invencible e infatigable; el placer es algo bajo, servil, deleznable y caduco, cuyo asiento y domicilio son los burdeles y las tabernas", escribe Séneca en su obra Sobre la felicidad.

Incinerado sin ceremonia

La filosofía de Séneca es más práctica y moral que abstracta. Aplicó sus ideas morales a lo largo de su carrera política, impulsada sobre todo por Nerón, cuya educación le fue confiada. Sin embargo, los excesos del poder fueron desgastando al filósofo, que empezó a perder influencia sobre su pupilo Nerón, hasta tal extremo que el emperador obligó a su antiguo maestro a suicidarse. Séneca fue implicado en la conjura de Pisón, un complot dirigido contra Nerón, y fue condenado a muerte. En abril del año 65 d.C., hace 1.950 años, Séneca se cortó las venas acatando la sentencia del emperador. "Su cuerpo fue incinerado sin ceremonia. Así lo había prescrito en su testamento cuando, siendo rico y poderoso, pensaba en sus últimos momentos", relata

Este óleo de Manuel Sánchez Domínguez recrea el momento en que Séneca se abre las venas en el baño rodeado de sus parientes y amigos. 1871. Museo del Prado, Madrid.

Tácito

La Muerte de Séneca


Tras esto mandó matar Nerón a Plautio Laterano, cónsul electo; tanta prisa hubo que no dieron tiempo al reo para abrazar a sus hijos ni aun para elegir la muerte. Le llevaron al lugar en que ejecutaban a los esclavos y allí fue muerto por el Tribuno Estacio; conservó hasta el último momento la constancia en no hablar y no reprochó al tribuno su complicidad en la misma conspiración. Siguió después la muerte de Séneca, con gran júbilo por parte del príncipe, no porque estuviese seguro de su participación en la conjura, sino para terminar por medio de la fuerza lo que no pudo hacer el veneno. Solamente Natal había nombrado a Séneca, diciendo que estando éste enfermo había ido a visitarle y a quejarse de que se le negase la entrada a Pisón; mejor era que los dos se encontrasen en la intimidad y cultivasen su amistad. Séneca respondió que “esas conversaciones no convenían a ningunos de los dos, pues, por lo demás, su propia salvación dependía de la de Pisón”. Gavío Silvano, tribuno de una cohorte pretoriana, recibió la orden de transmitir esto a Séneca y de preguntarle si reconocía las palabras de Natal y su propia respuesta. Séneca, por casualidad, o tal vez de intento, había regresado aquel día de Campania y se detuvo a cuatro millas de Roma en una de esas casas de campo. Allí llegó el tribuno al caer la tarde y rodeo la casa con un pelotón de soldados. Séneca cenaba en compañía de su esposa, Pompeya Paulina, y de dos amigos, cuando el tribuno le comunicó el mensaje del emperador.
Séneca respondió que “Natal había venido a quejarse de parte de Pisón porque no le permitía visitarle; él se había excusado por su estado de salud y por el deseo que tenía de descansar; no tenía motivos para anteponer la salvación de un simple particular a la suya propia, tampoco tenía carácter inclinado a las adulaciones y esto mejor que nadie lo sabía Nerón, pues más veces había experimentado la libertad de Séneca que su servilismo”. Cuando el tribuno refirió esto a Nerón, en presencia de Popea y de Tigelino, consejeros íntimos de las crueldades del príncipe, éste preguntó si Séneca se preparaba a morir voluntariamente. Entonces el tribuno respondió que no había observado en él ningún signo de temor, ninguna señal de tristeza aparecía en sus palabras ni en su semblante. Nerón mandó volver al tribuno y comunicar a Séneca su sentencia de muerte. Cuenta Fabio Rústico que no volvió por el camino por donde había venido, sino que dio un rodeo y pasó por casa del prefecto Fenio, a quien preguntó, después de dar a conocer la obra del emperador, si debía obedecer. Fenio, con la funesta cobardía de todos, le respondió que debía cumplir la voluntad del príncipe. El tribuno Silvano era también uno de los conjurados y acrecentaba el número de los crímenes en cuya venganza había consentido. Sin embargo, tuvo el pudor de no dirigirse directamente a Séneca y de no contemplar su muerte. Mandó entrar a un centurión para que le notificase que debía morir. Sin dejarse turbar, pide séneca su testamente y, ante la negativa del centurión, se vuelve hacia sus amigos, diciendo que, “puesto que se le prohibía agradecer sus servicios, les deja al menos el único bien que le restaba, pero el más hermoso de todos: la imagen de su vida. Si guardaban su recuerdo hallarían en el renombre de la virtud la recompensa de su constante amistad”. Y como llorasen, Séneca les habló primero con sencillez; después, con tono más severo, les reprendió y aconsejó firmeza. Les preguntaba “qué había venido a ser sus lecciones de prudencia, dónde estaban los principios que habían meditado durante tantos años contra la fatalidad. Porque, en fin, ¿quién no conocía la crueldad de Nerón? Al martirio de su madre y de su hermano no le restaba más que ordenar también la muerte del hombre que le había educado e instruido”.
Después de estas exhortaciones, que parecían dirigirse a todos, instintivamente estrechó a su mujer en sus brazos, un poco enternecido, a pesar de la fortaleza de su espíritu, le rogó y suplicó que moderase su dolor y no lo hiciere perpetuo, sino que en la contemplación de una vida consagrada a la virtud encontrase el consuelo de la pérdida de su esposo. Pero Paulina aseguró que también ella estaba decidida a morir y reclamó el brazo del verdugo. Entonces Séneca no se opuso a su gloria; además su amor temíase que quedase expuesta al oprobio una mujer por quien sentía un sin igual afecto: “Yo te había mostrado, dijo, los encantos de la vida; tú prefieres el honor de morir; no me opondré a tal ejemplo; sea igual entre nosotros la constancia de un fin tan generoso, pero en él tú consigues la mayor gloria.”
Después de estas palabras se cortaron, a un tiempo, las venas de los brazos. Séneca, cuyo cuerpo débil por su ancianidad y delgado por la abstinencia dejaba muy lentamente escapar la sangre, se abrió también las venas de las piernas y rodillas. Fatigado por el dolor, temiendo que su sufrimiento abatiese el valor de su esposa y también por no alterarse al presenciar los tormentos de ella, la persuadió a retirarse a otro aposento. Entonces, echando mano de su elocuencia aún en sus últimos momentos, llamó a sus secretarios y les dictó varias cosas. Como fueron literalmente publicadas, creo superfluo el comentarlas. Pero Nerón no tenía resentimiento alguno contra Paulina y, temiendo hacer más odiosa su crueldad, ordenó que se impidiese la muerte de la esposa de Séneca. Por orden de los soldados, sus libertos y esclavos le vendaron las heridas y detuvieron la sangre. No se sabe si ella se dio cuenta de esto pues, como el vulgo se inclina siempre a pensar lo peor, no faltó quienes creyesen que mientras temió la ira de Nerón, deseó la gloría de acompañar a su marido, pero que después, con mejores esperanzas, se dejó vencer por la dulzura de la vida. Solamente vivió algunos años guardando el recuerdo de su marido y mostrando en su rostro y en sus descoloridos miembros que la vida languidecía en ella.
Viendo Séneca que se prolongaba el dolor de la agonía rogó a Eustacio Anneo, en quien veía un amigo fiel y un hábil médico, que le sacase el veneno que ya tenía preparado (era el que daban los atenienses a los condenados a muerte), y cuando se lo trajeron lo tomó sin que le produjera efecto, pues sus miembros estaban fríos y en su cuerpo no obraba el veneno. Ordenó, a continuación, que le introdujesen en la sala de baños calientes y, rociando con el agua a los presentes, dijo que ofrecía aquella libación a Júpiter libertador. Por fin, entrando en el baño, lo sofocó el vapor. Su cuerpo fue incinerado sin ceremonia alguna. Así lo habían prescrito en su testamento cuando, siendo rico y poderoso, pensaba en sus últimos momentos.