http://www.librosvivos.net/smtc/homeTC.asp?TemaClave=1043
https://constructor.educarex.es/odes/secundaria/ccss/greciadef/index.HTML
jueves, 19 de febrero de 2015
miércoles, 18 de febrero de 2015
martes, 17 de febrero de 2015
Arte griego
Ejercicios para acercarse a la arquitectura y la escultura griegas
http://www.educaplay.com/es/recursoseducativos/1299735/arte_griego.htm
http://www.educaplay.com/es/recursoseducativos/866623/el_templo_griego.htm
http://www.educaplay.com/es/recursoseducativos/1744557/escultura_griega.htm
jueves, 12 de febrero de 2015
textos expositivos
LOS LOBOS
En un antiguo Libro de las bestias, escrito hace unos 800 años, el lobo es descrito como un monstruo salvaje y sediento de sangre, siempre dispuesto a atacar y devorar a cualquier ser humano que encuentre. “Matan a cualquiera que vean pasar con furiosa avidez”, dice el autor, y no cabe duda de que sus atemorizados lectores creyeron todas y cada una de sus palabras. ¿Es el lobo realmente un monstruo?
Para encontrar la respuesta, es útil fijarse en el modo en que han evolucionado nuestros hábitos alimenticios. En la antigüedad, todos los humanos eran cazadores, como los lobos. Más tarde, hará unos 10.000 años, apareció la agricultura y la ganadería, que resultó mucho más práctica que la caza puesto que en las granjas los animales estaban encerrados en rediles y podían ser sacrificados y consumidos siempre que fuera necesario. Ya casi no había necesidad de cazar animales salvajes para comer.
Eso estaba bien para los granjeros pero, desgraciadamente, también para los lobos de los alrededores. Los animales domésticos, cuidadosamente encerrados, también eran presas fáciles para ellos. Una y otra vez el ganado era atacado por lobos hambrientos, sobre todo en invierno. El lobo se convirtió en el peor enemigo de esos nuevos granjeros, y éstos contraatacaron lo más duramente que pudieron. También empezaron a inventar disparatadas historias acerca de lobos devoradores de hombres, que convirtieron a estos animales en terroríficos asesinos y contribuyeron a avivar cada vez más el odio hacia los lobos. Incluso hoy en día nos quedan remanentes de esa guerra. De niños nos asusta la historia de Caperucita roja y, más tarde, nos estremecemos ante los horrores de los hombres lobo que vemos en el cine. ¿Tienen algo que ver esas viejas leyendas con la realidad? ¿Cómo es el lobo de verdad?
Quizá lo más sorprendente de este asunto sea que resulta casi imposible encontrar un auténtico caso de persona que haya muerto víctima de un lobo. Es muy probable que los lobos comieran algunos de los cuerpos que yacían sin vida tras las batallas de antaño, pero no realizaban la matanza ellos mismos. En realidad, el carácter del lobo no es feroz, sino asustadizo. Los lobos son criaturas increíblemente cautelosas que eludirán al hombre siempre que tengan ocasión. Incluso un lobo domesticado que ha sido criado desde muy pequeño por algún cariñoso amo humano, se pondrá nervioso en presencia de extraños. Un perro doméstico es mucho más atrevido.
Siendo un animal asustadizo y reservado, ¿cómo podemos conocer su modo de vida? En los últimos años, algunos científicos han visitado los gélidos yermos del Ártico, donde sigue habiendo manadas de lobos, y han pasado muchas semanas y meses observando en silencio, filmando, fotografiando y anotando todo lo que hacían los animales. Por fin han podido ofrecernos una descripción veraz de la vida del lobo salvaje.
ACTIVIDADES.
- ¿Cómo fue descrito el lobo en el Libro de las Bestias?
- ¿Por qué era más práctica la ganadería que la caza?
- ¿Cómo se convirtieron los lobos en los peores enemigos de los granjeros?
- ¿Qué ejemplos encontramos hoy en día de esas leyendas de los lobos asesinos?
- ¿Son numerosas las personas que han muerto atacadas por los lobos?
- ¿De qué manera han estudiado los científicos la vida de estos animales?
- Une las palabras de la columna derecha con sus definiciones de la izquierda:
Gélido Verdadero
Yermo Que actúa con precaución
Veraz Cercado con vallas
Cauteloso En tiempo pasado
Eludir Evitar, esquivar el encuentro con alguien
Antaño Terreno inhabitado
Remanente Aquello que queda de algo
Redil Helado, muy frío
- ¿Por qué decimos que “Los lobos” es un texto expositivo?
- Señala en el texto con llaves las distintas partes que lo componen.
- Escribe un texto de diez líneas como mínimo en el que se dé respuesta a todas estas preguntas.
¿Qué opinión te merecen los parques zoológicos? ¿Son convenientes para que las personas nos acerquemos a los animales o deberían vivir estos en libertad? ¿Cómo es la vida de los animales en un parque zoológico? ¿Están bien cuidados? ¿Se reproducen con normalidad? ¿Es el clima de las ciudades el más apropiado para ellos? ¿Has visitado alguna vez un zoológico? ¿Qué opinas de que se adiestre a los animales para hacer vistosos números de espectáculo?
Tomado de:
miércoles, 11 de febrero de 2015
Visiones homéricas
ULISES
(cuento)
Ángel Olgoso (España, 1961)
Yo, el paciente y sagaz Ulises, famoso por su lanza, urdidor de engaños, nunca abandoné Troya. Por nada del mundo hubiese regresado a Ítaca. Mis hombres hicieron causa común y ayudamos a reconstruir las anchas calles y las dobles murallas hasta que aquella ciudad arrasada, nuevamente populosa y próspera, volvió a dominar la entrada del Helesponto. Y en las largas noches imaginábamos viajes en una cóncava nave, hazañas, peligros, naufragios, seres fabulosos, pruebas de lealtad, sangrientas venganzas que la Aurora de rosáceos dedos dispersaba después. Cuando el bardo ciego de Quíos, un tal Homero, cantó aquellas aventuras con el énfasis adecuado, en hexámetros dáctilos, persuadió al mundo de la supuesta veracidad de nuestros cuentos. Su versión, por así decirlo, es hoy sobradamente conocida. Pero las cosas no sucedieron de tal modo. Remiso a volver junto a mi familia, sin nostalgia alguna tras tantos años de asedio, me entregué a las dulzuras de las troyanas de níveos brazos, ustedes entienden, y mi descendencia actual supera a la del rey Príamo. Con seguridad tildarán mi proceder de cobarde, deshonesto e inhumano: no conocen a Penélope.
La máquina de languidecer, Madrid, Páginas de espuma, 2009, pág. 24.
[TROYA]
(cuento)
Tomás Val (España,1961)
Stacio Melo, en su libro Rex romanorum, nos cuenta que, en tiempos de Tarquino Prisco, padre de Lucio Tarquino el Soberbio, último rey romano, se organizó una expedición a Troya pare reconocer la tierra de los orígenes; Troya, la ciudad de la que salió Eneas llevando a su padre Anquises sobre los hombros.
Los mil expedicionarios que partieron camino de la Troya homérica, sigue Stacio Melo, llevaban consigo gran cantidad de carros para transportar cuantos restos pudieran del origen. Atacinio Cornelio, que mandaba las tropas, tenía el encargo especial de Tarquino de hacerse con el caballo que el falsario Ulises tallara en madera y que propició la derrota de las tropas troyanas. Deseaba el monarca colocar el engañoso instrumento en lo más alto de la muralla romana para que todos los pueblos supieran que Roma no sucumbiría a semejantes tretas.
Después de más de un año de viaje, en el que los romanos tuvieron que luchar con multitud de enemigos, sigue el historiador, los descendientes de Eneas llegaron donde antaño se levantaba la orgullosa ciudad de Ilión. La explanada donde el invencible Aquiles llorara la muerte de Patroclo era un triste prado de alta hierba en el que pastaban las ovejas. De la muralla insalvable no quedaban vestigios. La ciudad que los dioses admiraron no era más que un puñado de cabañas habitadas por pastores. Nada había del palacio de Príamo, ni del lecho en el que Paris amó a Helena; tampoco, según Stacio Melo, se apreciaban vestigios de las batallas que allí se libraron.
Los griegos que llegaron en mil naves desde la bahía de Áulide al mando de Agamenón saquearon y quemaron Troya, lo sabían los romanos, pero esperaban que los rescoldos de la gloria aguantaran mejor las embestidas del tiempo. Atacinio Cornelio, valiéndose de palomas mensajeras, hizo llegar al rey un mensaje: No queda nada. Busca bien, respondió Tarquino; la gloria de nuestros antepasados es inmortal.
Excavaron sin hallar huesos ni armas; ni la tumba de Príamo ni la sangre de Héctor. Volvieron a Roma y cuando el soberano les preguntó qué traían de la patria de Eneas, Atacinio Cornelio le presentó un niño pastor que le hablo en una lengua extraña, desconocida, con un torrente de palabras en el que los romanos únicamente entendieron la palabra Ilión.
-Esto es lo que queda del pasado –dijo Atacinio Cornelio, extendiendo sus manos vacías ante su rey-: un nombre en la memoria de un niño.
El rastro de la ficción, Santa Cruz de Tenerife, Ediciones Idea y La Página, 2006, págs. 13-14
Eduardo Galeano (Uruguay, 1940)
(cuento)
HOMERO
No había nada ni nadie. Ni fantasmas había. No más que piedras mudas, y alguna que otra oveja buscando pasto entre las ruinas.
Pero el poeta ciego supo ver, allí, la gran ciudad que ya no era. La vio rodeada de murallas, alzada en la colina sobre la bahía; y escuchó los alaridos y los truenos de la guerra que la había arrasado.
Y la cantó. Fue la refundación de Troya. Troya nació de nuevo, parida por las palabras de Homero, cuatro siglos y medio después de su exterminio. Y la guerra de Troya, condenada al olvido, pasó a ser la más famosa de todas las guerras.
Los historiadores dicen que ésa fue una guerra comercial. Los troyanos habían cerrado el paso hacia el mar Negro, y lo cobraban caro. Los griegos aniquilaron Troya para abrirse camino al Oriente por el estrecho de los Dardanelos. Pero comerciales fueron todas, o casi todas, las guerras que en el mundo han sido. ¿Por qué habría de hacerse digna de memoria una guerra tan poco original?
Las piedras de Troya iban a convertirse en arena y nada más que arena, cumpliendo su destino natural, cuando Homero las vio y las escuchó.
Lo que él cantó, ¿fue pura imaginación?
¿Fue obra de fantasía esa escuadra de mil doscientas naves lanzadas al rescate de Helena, la reina nacida de un huevo de cisne?
¿Inventó Homero eso de que Aquiles arrastró a su vencido Héctor, atado a un carro de caballos, y le dio varias vueltas alrededor de las murallas de la ciudad sitiada?
Y la historia de Afrodita envolviendo a Paris en un manto de niebla mágica cuando lo vio perdido, ¿no habrá sido delirio o borrachera?
¿Y Apolo guiando la flecha mortal hacia el talón de Aquiles? ¿Habrá sido Odiseo, alias Ulises, el creador del inmenso caballo de madera que engañó a los troyanos?
¿Qué tiene de verdad el final de Agamenón, el vencedor, que regresó de esa guerra de diez años para que su mujer lo asesinara en el baño?
Esas mujeres y esos hombres, y esas diosas y esos dioses que tanto se nos parecen, celosos, vengativos, traidores, ¿existieron?
Quién sabe si existieron. Lo único seguro es que existen.
Espejos. Una historia casi universal, Salamanca, Siglo XXI de España Editores, 2008, págs. 47-48
Suscribirse a:
Entradas (Atom)