lunes, 29 de octubre de 2018



 

Más Séneca y menos ansiolíticos

Vanidad sin control, obsesión por la seguridad, aceleración tecnológica, ... ¿Qué tiene que decir el renovado interés editorial por el estoicismo sobre el mundo en el que vivimos?


Más Séneca y menos ansiolíticos

Cultiva el espíritu porque obstáculos no faltarán. El consejo de Confucio podría haberlo firmado cualquiera de los filósofos estoicos. Una versión moderna de esta máxima se la debemos a Woody Allen: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Un poeta barcelonés la remató con un verso lapidario sobre el inexorable juicio del tiempo: “Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”. Esos son, a grandes rasgos, los tres vértices del estoicismo antiguo, que parece resurgir en nuestros días. ¿Se trata de un espejismo? Las sociedades modernas se encuentran dominadas por la rentabilidad tecnocrática del selfie, la autoindulgencia (todo nos lo merecemos, sobre todo si hay desembolso) y el capricho. Se trata de fabricar un ego frágil e injustificadamente vanidoso. Una situación que supuestamente podría remediar una buena dosis de estoicismo. Dado que no podemos controlar lo que nos pasa y vivimos totalmente hacia afuera, atemorizados y estresados, dado que somos más circunstancia que nunca, quizá pueda ayudarnos esta antigua filosofía que inspiró a Marco Aurelio, un hombre que, dada su posición, conoció el estrés mejor que nadie.
Vista de la Sala de los Filósofos de los Museos Capitolinos de Roma.
Vista de la Sala de los Filósofos de los Museos Capitolinos de Roma.


Pero en ese desplazamiento, en esa búsqueda de inspiración en el pasado grecolatino, se corre el riego de confundir, y de hecho se hace, estoicismo con voluntarismo, tan vigente y puritano. La cultura del esfuerzo y la búsqueda del éxito dominan las sesiones de coaching, que es, según sus proponentes, el arte de ayudar a otras personas a cumplir sus objetivos o a “llenar el vacío entre lo que se es y lo que se desea ser”. No cabe mayor traición al legado estoico. El voluntarismo reseca el alma y uno de los fines del estoicismo es recrearla. Lo que llamamos “retos” o “metas” no son sino anteojeras que no permiten ver más que un único aspecto de la realidad y uno acaba estrellando el avión contra la montaña, como en el caso de Germanwings. Esas metas nos trabajan por dentro y parecen diseñadas para excluir la contemplación y la observación atenta y desinteresada. Frente a la tiranía de la meta, los estoicos pretendían desembarazarse de pasiones demasiado apremiantes y acaparadoras. De hecho, uno de sus signos distintivos fue considerar la poesía como medio legítimo de conocimiento. La lírica nos mantiene en una actitud abierta y nada sabe de metas y objetivos. La poesía era para los estoicos, sobre todo la de Homero, genuina paideia. Entender esto requiere ganar una libertad interior, no estar eternamente abducidos por el circo o las pantallas, una independencia moral, no la opinión general o el vocerío de Twitter, y trascender la dependencia de la persona respecto a su parte animal (en el supuesto de que el hombre es ese ser singular que, como decía Novalis, vive al mismo tiempo dentro y fuera de la naturaleza). Con ese “cuidado de sí”, que Marco Aurelio llamaba meditaciones, era posible lograr una autarquía ética que tendría una importancia decisiva en el pensamiento político griego.
No quedan muy lejos algunos ejemplos de estoicismo moderno. Wittgenstein cuenta que de joven experimentó esa sensación de que “nada podía ocurrirle”. Era un modo de decir que, ocurriera lo que le ocurriera (una bala perdida, un cáncer), sabría aprovechar la experiencia. Una actitud que le permitió asumir el puesto de vigía en medio del fuego cruzado durante la primera gran guerra. Algo parecido encontramos en Simone Weil, siempre arriesgándose, ya fuera en la fábrica de la Renault o en los hospitales de Londres, con la humildad como valor supremo, que hace que el ego no apague la llama de lo divino. Curiosamente, la actitud de estos dos grandes filósofos, en los que reviven los viejos ideales grecolatinos, contrasta con algunas obsesiones actuales. Desde el miedo al propio cuerpo, que requiere un examen continuado, hasta la obsesión por la seguridad (to feel safe, to feel at home). Como si un escáner o un refugio pudieran otorgar esa tranquilidad, como si hubiera que encerrarse para sentirse seguro. Mientras un mandatario reciente se preguntaba cuánto dinero necesitaba para sentirse seguro y, al no hallar la cifra, se consagró a amontonar capitales, Wittgenstein se exponía en la trinchera y Weil en la columna de Durruti.
Imaginen a Zuckerberg abrazando esta filosofía; pues bien, eso es lo que hizo el emperador Marco Aurelio
El estoicismo supone, como apuntó Zambrano, la recapitulación fundamental de la filosofía griega. En este sentido fue y es tanto un modo de vida como un modo de estar en el mundo. Zenón de Citio, natural de la colonia griega de Chipre, figura como fundador de la escuela. Tenían algo en común con los cínicos, sobre todo la vida frugal y el desprecio de los bienes mundanos, y reflexionaron sobre el destino y la relación entre naturaleza y espíritu. Hubo un estoicismo medio (platónico, pitagórico y escéptico), pero los que dieron fama a la escuela fueron sus representantes romanos: un emperador, un senador y un esclavo. Todos ellos surgieron, como ahora, al abrigo del Imperio. Aquel imperio era militar, el de hoy es tecnológico. Imaginen ustedes a Zuckerberg abrazando el estoicismo; pues bien, eso es lo que hizo el emperador Marco Aurelio. Séneca nació en la periferia del Imperio, en la colonia bética de Hispania, pero fue una figura fundamental de la política en Roma, senador con Calígula y tutor de Nerón. Epicteto había llegado a la ciudad siendo un esclavo. Cuando fue liberado fundó una escuela, y aunque, siguiendo el ejemplo de Sócrates, no escribió nada, sus discípulos se encargarían de transmitir su legado.
Moralistas y contemplativos, todos ellos defendieron la vida virtuosa, la imperturbabilidad y el desapasionamiento, sentimientos todos ellos muy poco rentables para una sociedad del entretenimiento. El estoicismo conquistó gran parte del mundo político-intelectual romano, pero, a diferencia del 15-M, no cristalizó en “partido”, sino que se decantó en norma de acción y su influencia alcanzaría a grandes filósofos como Plotino o Boecio. No entraremos a describir su refinada lógica, pero merece la pena recordar que la subordinaban a la ética. Al contrario de hoy, al menos en el mundo financiero, donde el algoritmo domina la moral. Destaca en ella su doctrina de los indemostrables, probablemente de origen indio. Concebían el alma como un encerado donde se graban las impresiones. De ellas surgen las certezas (si el alma acepta la impresión) y los interrogantes (si es incapaz de ubicarla). Para los estoicos, el mundo era, como para nosotros, sustancialmente corporal, pero su física no niega lo inmaterial. Concibe la naturaleza como un continuo dinámico, cohesionado por el pneuma, un aliento frío y cálido, compuesto de aire y fuego. Heredaron de Heráclito el fuego como principio activo y primordial, del que han surgido el resto de los elementos y al que regresarán. Como el humor o el llanto, el pneuma no se desplaza, sino que se “propaga”, contagiando alegría o enfermedad.
Nuestra obsesión por la seguridad contrasta con la actitud de estoicos modernos como Weil o Wittgenstein
Hoy no estaría de más poner en práctica algunos de sus principios. El imperativo ético de vivir conforme a la naturaleza, que nuestro planeta agradecería. El ejercicio constante de la virtud, o eudemonía, que permite el desprendimiento. Y, finalmente, lo que Nietzsche llamó el amor fati, la aceptación y querencia del propio destino, remedio eficaz para todo aquello que produce desasosiego. No puede decirse que estos principios proliferen en nuestros días. Si un viejo estoico pudiera asomarse a nuestro tiempo, vería, en las grandes desigualdades propiciadas por la economía financiera, un descuido de sí, un olvido de esa autonomía moral que evita que se desaten emociones como el miedo y la vanidad, que crean la codicia. Emociones contrarias a la razón del mundo que, en nuestro caso, es la razón del planeta.








 



 

sábado, 28 de abril de 2018

Discursos de Bruto y Marco Antonio

 
 
 
El asesinato de César, en la película de Mankiewicz que hemos comentado en clase y la versión de la serie "Roma", de HBO. A continuación el discurso de Bruto y, en el enlace siguiente, los monólogos contrastados de Bruto (James Mason) y Marco Antonio (Marlon Brando): momento cumbre de la historia, de la cinematografía, la dramaturgia y la interpretación.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Oratoria. Discursos de Bruto e Marco Antonio en "Julio César", 1953. from Alba Pérez on Vimeo.

sábado, 24 de marzo de 2018




Por PACO NADAL

Así hubieras visto el Partenón (y otros seis monumentos famosos) de haber hecho turismo hace 2.500 años

Conocer monumentos de la Antigüedad es una gran excusa viajera. Pero, ¿imaginas si pudieras verlos tal cual eran? Una recreación digital nos permite comparar ahora lo que vemos con lo que fue


Partenón
Vista de el Partenón, en Atenas, Grecia.

Las pirámides mayas, el Partenón, un foro romano... Conocer las grandes obras de la humanidad motiva a viajar cada año a millones de personas. El portal Expedia pidió a una empresa de animación que tratara de recrear cómo fueron esos monumentos cuando aún estaban en uso. Y el resultado es sorprendente. ¿Te los imaginabas así?
El Partenón de Atenas (Grecia)

Construido en época de Pericles para conmemorar la victoria sobre los persas, el Partenón dominaba la ciudad de Atenas desde la colina de la Acrópolis. Dentro se veneraba una colosal estatua de Atenea Partenos de 12 metros de altura. En 1687 los turcos los utilizaron como polvorín durante un asedio con tan mala fortuna que un cañonazo veneciano lo hizo saltar por los aires. Así lo verías si hubieras sido un turista de la época de Pericles (c. 495 a. C.-429 a. C.)
La pirámide de Nohuch Mul, Cobá (México)
 

 

Cobá fue una ciudad maya que floreció entre el 500 y 900 de nuestra era. Cuando llegaron los españoles Cobá estaba abandonada. No se supo de ella hasta que en el siglo XIX unos arqueólogos europeos dieron con sus ruinas comidas por la vegetación. Entre sus atractivos está la pirámide más alta del Yucatán: Nohuch Mul, 42 metros de altura a la que está permitido subir. Así era en tiempos de los mayas.
El templo de Júpiter (Italia)

Construido en honor a Júpiter, el dios del cielo y el trueno, este templo fue el principal centro religioso de Pompeya, una pequeña ciudad romana en la bahía de Nápoles. El sitio fue redescubierto en el siglo XVI, y muchos años de excavaciones han brindado a los millones de visitantes anuales una visión fascinante de la vida cotidiana de esta ciudad romana del siglo I.
Milecastle 39 sobre el Muro de Adriano (Reino Unido)

Los romanos llegaron muy lejos. Tanto como a las puertas de Escocia. Para defender las tierras del sur de lo que luego sería Reino Unido de los pictos y otros bárbaros del norte, el emperador Adriano mandó construir en el año 122 un muro de costa a costa que tenía cinco metros de alto, 80 fortines y 14 fuertes principales. Así sería uno de ellos a la vista de un legionario del siglo II.
El templo de Luxor (Egipto)

Uno de los lugares preferidos por los turistas en Egipto es este templo construido a partir del año 1500 antes de nuestra era. El gran templo de Luxor, que toma su nombre del término árabe, al-Uksur ("fortificación"), estaba dedicado al dios Amón y fue muy mejorado por las dinastías siguientes. Así era la gran puerta de entrada de pilón que daba acceso al complejo hace 35 siglos.
La pirámide del Sol de Teotihuacán (México)

Pese a su cercanía a la capital mexicana, Teotihuacán, una de las mayores ciudades prehispánicas, nada tiene que ver con los mexica porque es muy anterior. Cuando los aztecas florecieron y empezaron a moverse hacia el valle Central, Teotihuacán ya estaba en ruinas. Las mismas que –a unos 78 kilómetros al noroeste de CDMX– siguen siendo hoy destino clásico para los turistas, que llegan hasta allí para ver las grandes pirámides del Sol y la Luna y la ceremonial Calzada de los Muertos.
Area Sacra de Largo di Torre Argentina (Roma)

Largo di Torre Argentina es una plaza romana donde aparecieron restos de cuatro templos romanos de época republicana más el teatro de Pompeyo. Uno más de tantos lugares fascinantes de la capital italiana que nos transporta a tiempos pasados. Si te cuesta imaginar cómo fueron aquellos templos, aquí va la recreación del templo B, el más reciente de los cuatro.
 



sábado, 28 de octubre de 2017

Heródoto

 
Homero, el autor de la Ilíada y la Odisea, comienza sus poemas invocando a la "Musa divina" como inspiradora de su obra; Heródoto, en cambio, pone su nombre propio en la primera línea de su relato, escrito no en verso, sino en prosa. Esa firma personal sirve como garantía de la veracidad de su testimonio y de su narración, como harán otros dos cronistas, Tucídides y Jenofonte.
En ese inicio encontramos también la palabra que denominará para siempre a este nuevo género de escritura: historia. El relato que presenta Heródoto es el resultado de su investigación personal (apodexis historíes). Enseguida nos advierte de que no pretende contar mitos de los dioses y héroes antiguos, sino "los hechos de los hombres". Pero hay algo en su gran proyecto narrativo en lo que coincide con los poetas épicos: escribe para salvar del olvido el recuerdo de gestas admirables. Conviene fijarse bien en las líneas iniciales de ese relato histórico pionero, tan extenso y de largo aliento, que esboza su programa de clara novedad: "Ésta es la exposición de la investigación de Heródoto de Halicarnaso, a fin de evitar que, con el tiempo, caigan en el olvido los hechos de los hombres y que las gestas importantes y admirables realizadas tanto por griegos como por bárbaros, y de manera particular el motivo por el que lucharon unos contra otros, queden sin gloria".
Heródoto quería explicar las causas de la gran confrontación que conocemos con el nombre de guerras médicas
En este prólogo, escrito sin duda al concluir su extensa obra, subraya un doble objetivo: referir las grandes gestas tanto de griegos como de no griegos –bárbaros– y, en segundo lugar, explicar las causas de la tremenda guerra entre unos y otros, la gran confrontación que conocemos con el nombre de guerras médicas (492-478 a.C.). En el texto de Heródoto, la palabra bárbaros no tiene ningún matiz despectivo, como sí tendrá posteriormente en Tucídides y otros autores clásicos. Heródoto admira el mundo abigarrado de "los bárbaros", sus hazañas y los grandiosos monumentos que erigieron.

Un hombre cosmopolita



Heródoto vivió aproximadamente entre los años 485 y 425 a.C. Es, por tanto, coetáneo del sofista Protágoras y del poeta trágico Sófocles. Consiguió gran renombre durante su visita a Atenas  hacia 441 a.C. Allí fue invitado a leer con gran éxito algunos capítulos de su obra y recibió un premio importante por ello, un pago a sus elogios de la heroica lucha de los griegos, sobre todo de los atenienses, en defensa de la libertad.
Nacido en la ciudad jonia de Halicarnaso, de donde fue desterrado, pasó largo tiempo en la isla de Samos y luego se dedicó a viajar. Fue en Jonia donde surgieron los primeros filósofos, en ciudades como Mileto o Éfeso, urbes comerciales y abiertas al mar, siempre bajo la amenaza del vecino Imperio persa. Allí forjó Heródoto su carácter y su ánimo intrépido de amante de los viajes, curioso y tolerante, y tomó nota de las noticias frescas de lo que veía y lo que le contaban, como un buen reportero avant la lettre; no en vano, Ryszard Kapuscinski, uno de los mejores periodistas del siglo XX, lo vio como un guía ejemplar para viajeros a tierras lejanas en su libro Viajes con Heródoto.

La actual división de su larga obra Historia en nueve libros procede, seguramente, de los filólogos alejandrinos. Heródoto habla de lógoi, algo así como "tratados", cada uno con temática propia, reunidos en ese conjunto final. En el libro primero de su Historia, Heródoto trata del reino de Lidia, del fastuoso rey Creso y sus enormes riquezas, y de la conquista de este territorio por el rey persa Ciro. En el segundo libro nos habla de Egipto y sus maravillas. El tercero comienza con la conquista del país del Nilo por el persa Cambises y vuelve a las historias de Persia. El cuarto libro abarca dos lógoi: uno sobre Escitia (región situada en Asia Central) y otro sobre Libia.
Los libros siguientes relatan el conflicto bélico entre griegos y persas, episodio tras episodio. En el quinto enfoca las intrigas de los persas en Macedonia y los conflictos de las ciudades griegas, con noticias sobre las políticas de Esparta y Atenas. Los siguientes libros cuentan las dos guerras médicas: en el sexto, la expedición de Darío, que concluye con la victoria griega en Maratón; el séptimo evoca con intenso dramatismo las batallas decisivas, las de Termópilas y Maratón; en el libro octavo, la de Salamina, y en el noveno narra la de Platea. Todas ellas sellan la merecida victoria final de los griegos.

El primer reportero

Heródoto reúne noticias muy variadas de sus viajes y experiencias. No se basa para ello en textos escritos, no usa viejos archivos, sino que cuenta lo que ha visto y oído en sus largos viajes y, ya en la segunda parte, nos describe y comenta, como nadie antes, la guerra que decidió la libertad de Grecia, con especial referencia a la democrática Atenas. No sólo es el "padre de la historia", como lo definió Cicerón, sino también de la geografía e incluso de la antropología cultural. Nos ofrece una visión personal de su mundo, que exploró con enorme agudeza escuchando a informadores de distintos países a lo largo de sus itinerarios. Sus instrumentos fueron la mirada curiosa (ópsis), el escuchar a fondo (akoé) y la reflexión crítica sobre los datos recogidos (gnóme).
No sólo es el "padre de la historia", como lo definió Cicerón, sino también de la geografía e incluso de la antropología cultural
Los primeros libros de su Historia atestiguan esa faceta de viajero excepcional. Visitó Egipto, recorriendo el valle de Nilo hasta la primera catarata en Elefantina (Asuán), donde acababa el Egipto antiguo, a unos mil kilómetros del mar. También visitó Mesopotamia y nos ha dejado una descripción de la famosa Babilonia y las comarcas cercanas; tal vez llegara hasta Susa. Hacia el norte, visitó las colonias griegas a orillas del mar Negro, y más allá se internó en las praderas pobladas por los errabundos escitas, en la estepa ucraniana, hasta llegar cerca de la actual Kíev. Recorrió también el norte de África, pasando por la Cirenaica y la costa de la actual Libia. Recaló un tiempo en las ciudades griegas del sur de Italia y colaboró en la fundación de la colonia de Turios. Podemos suponer que deambuló por toda Grecia y visitó muchas islas del Egeo.
Nos habría gustado saber más de las andanzas del intrépido viajero. ¿Cómo viajaba? ¿En solitario y con mínima impedimenta? ¿A caballo? ¿Cómo pagaba sus gastos y dónde se albergaba? ¿Registraba sus encuentros e impresiones en apuntes en rollos de papiro? Algunas regiones que Heródoto recorrió estaban colonizadas por griegos –como la costa del mar Negro o el sur de Italia–. También en la costa norte de Egipto había comerciantes griegos, y en Persia, tal vez algunos mercenarios. Pero ¿y en la estepa escita, cuando remontó el río Dniéper viajando entre tribus bárbaras, o en el Alto Egipto? Por otra parte, parece que sólo conocía el griego (como era natural en los viajeros griegos de la época), así que en Egipto tuvo que recurrir a sacerdotes locales bilingües para que le interpretaran las inscripciones más o menos sagradas de los templos.
Heródoto era, indudablemente, un tipo excepcional en su curiosidad por lo exótico y en su admiración de lo extraordinario. Al recordar al sabio Solón cuenta que, tras su etapa como legislador en Atenas, partió de viaje "por afán de ver mundo" (theoríes héneken). Ese mismo "afán téorico" movía sin tregua a Heródoto, pero en él va unido a las ganas de narrar las cosas asombrosas que ha visto o que le contaron, y lo hace en un estilo muy claro, con descripciones y anécdotas de vivo colorido en escenarios muy variados.

Pionero de la antropología

Heródoto es también aquí el gran precursor de la pasión por las maravillas del milenario y enigmático Egipto, conocida luego como "egiptomanía"
Comparado con historiadores como Tucídides o Jenofonte, Heródoto se revela –sobre todo en los primeros libros– como un narrador divertido y fabuloso; después, cuando describe la guerra y sus contextos políticos, resulta más austero. Pero si nos detenemos en la lectura de la mitad inicial de su gran obra podemos admirar toda la variedad de sus observaciones. Es, con razón, muy conocido el libro segundo, dedicado a Egipto –que, desde tiempos de Homero, fue un país que siempre fascinó a los griegos y adonde viajaron famosos sabios como Tales, Pitágoras y más tarde Platón–. Fue Heródoto quien lo llamó "un don del Nilo".
Y, en efecto, comienza hablando del caudaloso río y de las teorías sobre sus lejanas fuentes en el centro de África, para describir luego las extrañas costumbres de sus gentes, así como algunos animales del variopinto bestiario egipcio, como el cocodrilo, el ibis y los gatos (por entonces, unos animales poco conocidos por los griegos). Asimismo trata de las colosales pirámides y de los dioses, sus templos, sus arcanos ritos y las historias asociadas a ellos; incluso narra cuentos curiosos, como el del ladrón de tesoros de pirámides, Rampsinito. Heródoto es también aquí el gran precursor de la pasión por las maravillas del milenario y enigmático Egipto, conocida luego como "egiptomanía".
Heródoto es así, en cierto modo, el primer antropólogo que explora mundos ajenos a su cultura. Abre ojos y oídos a las tradiciones de otros pueblos y elabora una pintoresca narración, una "historia" de horizontes lejanos, monumental y novelesca a ratos; se nos aparece como un viajero ilustrado fascinado por Oriente y Egipto, un pensador de extraordinaria amplitud de miras, tolerante y ameno.
Como otros historiadores griegos, Heródoto vivió desde joven en el exilio y compuso su magna obra desde él. Al igual que Tucídides, Jenofonte y Polibio, la experiencia del destierro le incitó a tender una mirada aguzada e imparcial sobre otras culturas, sin censuras morales ni partidismos patrióticos. Lo hizo con el hondo orgullo de ser un hombre libre y haber conocido la democracia, y de manejar la flexible lengua griega y afianzar, escribiendo en la joven prosa jonia, la tradición helénica del gusto por el diálogo en libertad y el examen crítico ante los hechos y las personas. Por eso, en los últimos libros de su Historia, exaltó la lucha heroica de los griegos por su independencia contra el gran ejército de los persas, llevados de continuo al desastre por reyes despóticos.

Desafiar al olvido

"Todo es azaroso en la vida humana", apunta en una sentencia; "La divinidad es envidiosa y perturbadora", dice en otra
Coetáneo y amigo de Sófocles, Heródoto mantiene una visión humanista y trágica de la historia universal, con esa mentalidad arcaica que veía a los humanos como seres "efímeros" de azaroso destino. Incluso el poderío y la ambición de los más grandes puede derrumbarse. "Todo es azaroso en la vida humana", apunta en una sentencia; "La divinidad es envidiosa y perturbadora", dice en otra. "No llames a nadie feliz hasta contemplar su último día", alecciona el ateniense Solón al riquísimo rey Creso, que recordará la frase al caer derrotado por el persa Ciro.
La divinidad abate a los orgullosos y premia a los justos, y castiga el exceso de soberbia, como hizo con Jerjes, al que ya Esquilo en su tragedia Los persas presentó como ejemplo de hybris (el arrebato pasional que lleva a los hombres a desafiar los límites impuestos por los dioses). Para Heródoto, el mundo se mueve bajo la mirada de los dioses, pero la providencia divina nos es extraña e imprevisible. El destino resulta trágico, y por ello vale la pena celebrar las gestas heroicas y las maravillas, e inventar, para siempre, la historia, es decir, un testimonio acreditado a favor de las glorias humanas desafiando las sombras del olvido.


National Geographic
Carlos García Gual
25 de septiembre de 2017
 

lunes, 13 de febrero de 2017

Ejercicios Tercera Declinación

Dejo unas pocas frases para ir practicando

Veritas  temporis  filia  est
Voluptates  nostro  corpori  nocent
Avaritia  crudelitatis  mater est
Fortitudo  dolorum  laborumque  contemptio  est
Rex  civitatis  princeps  ac  legionum  dux  erat
Limites  magnarum  rixarum  saepe  causa   sunt
Mercurius, deorum  nuntius,  magna  celeritate  terras  peragrabat.
Diana, venationis  dea,  Apollinis  soror  erat


viernes, 2 de diciembre de 2016

Examen del lunes 5

Tal como habíamos quedado, aquí os dejo una guía con las actividades del examen; hay cinco.
Solo tienes que pulsar en etiquetas Educaplay, en cualquiera de los dos primeros enlaces.
Los títulos: Termas, Fundación de Roma, Diosas I, Diosas II, Monarquía romana
O en este enlace:
http://www.educaplay.com/es/mieducaplay/163006/raul.htm
Los ejercicios para el examen del jueves 23 (Latinismos I, II, III,IV,V, Expansión de Roma, Educación, Papiros y pergaminos) se encuentran nada más abrir ese mismo enlace.
El vocabulario susceptible de ser preguntado es el siguiente:



agricola,-ae: agricultor
amicitia,-ae: amistad
ancilla,-ae: criada
anima,-ae: vida, alma
aqua,-ae: agua
ara,-ae: altar
columba,-ae: paloma
copia,-ae: abundancia
cura,-ae: cuidado
dea,-ae: diosa
diligentia,-ae: esmero
domina,-ae: señora
epistula,-ae: carta
femina,-ae: mujer
fera,-ae: fiera
filia,-ae: hija
flamma,-ae: llama
fuga,-ae: huida
gratia,-ae: favor, gracia
hasta,-ae: lanza
ianua,-ae: puerta
incola,-ae: habitante
iniuria,-ae: ofensa
insania,-ae: locura
insula,-ae: isla
iustitia,-ae: justicia
laetitia,-ae: alegría
lingua,-ae: lengua
littera,-ae: letra
magistra,-ae: maestra
mensa,-ae: mesa
natura,-ae: naturaleza
nauta,-ae: marinero
opera,-ae: trabajo
ora,-ae: orilla, costa
patientia,-ae: paciencia
pecunia,-ae: dinero
persona,-ae: persona, máscara
penna,-ae: pluma
praeda,-ae: presa, botín
procella,-ae: tormenta
puella,-ae: niña, chica
pugna,-ae: lucha
regina,-ae: reina
ripa,-ae: orilla
sagitta,-ae: flecha
sapientia,-ae: sabiduría
scientia,-ae: conocimiento, ciencia
serva,-ae: sierva
silva,-ae: selva, bosque
stella,-ae: estrella
stultitia,-ae: estupidez
superbia,-ae: soberbia
tabula,-ae: tabla (para escribir)
terra,-ae: tierra
toga,-ae: toga
tuba,-ae: trompeta
turba,-ae: multitud
umbra,-ae: sombra
via,-ae: camino, calle
villa,-ae: casa de campo
vita,-ae: vida